Dancing Beethoven (3)

  26 Junio 2017

Armonía

dancing-beethoven-1Que se sepa nunca ha sido fácil, o sencillo, intentar armonizar y plasmar, con coherencia y rigor, imágenes con música. Para ello no hay como irnos a una de las películas más imprescindibles, divertidas y cáusticas, de la historia del cine. Nos referimos a Cantando bajo la lluvia. Aunque también podríamos citar, como complemento, la producción de Disney Fantasía.

No estamos haciendo comparaciones, faltaría más. Consignamos un hecho que nos sirve para comprobar cómo música e imagen, una vez más, repetimos, son difíciles de armonizar para que ninguna sea más que la otra. Aunque aquí sí vislumbramos bastante bien, y lo valoramos, el trabajo de Arantxa Aguirre para que la buena armonía funcione.

Y casi siempre lo consigue, desde la experiencia que le ha proporcionado Maurice Béjart hasta las enseñanzas implícitas que le proporcionaron Camus, Berlanga, Saura o Patino; y no olvidando que es autora del libro Buñuel, lector de Galdós o del más reciente 34 actores hablan de su oficio. Lo que nos asegura que tiene un estupendo bagaje.

Y que ha dirigido documentales, uno con título harto significativo: Un ballet para el siglo XXI. Por tanto no es extraño que esta incursión, siguiendo al ballet de Béjart y al de Tokio, nos muestre su sentido armónico para combinar imágenes y música, y que casi nunca desentona.

Dancing Beethoven tiene la virtud de entrar en su última sinfonía con singular precisión, por momentos con gran ritmo, y hacernos disfrutar de la música beethoveniana como si en vivo y en directo lo estuviésemos viviendo, allí, en el mismo Tokio. La armonía de la música enlaza con las imágenes con singular naturalidad, y los movimientos de cámara no interfieren en nuestra percepción.

Es un mérito muy notable. Y si no llega a ser total es por la propia dificultad del empeño: construir sueños que se hagan realidad no es, lógico, tarea fácil ni asequible, aunque las intenciones lo sobrepasen.

Resumiendo, un documental más que notable y que todos los aficionados, amantes del cine y de la música, o de la música y el cine, valga la redundancia, no deben dejar de ver, sentir y disfrutar.

Escribe Carlos Losada