Batman: La Lego película (3)

  07 Abril 2017

Desmontando al superhéroe

batman-lego-1Es curiosa la idiosincrasia de esta película: se supone que es la segunda entrega de una saga basada en los juegos de construcción Lego, pero —protagonismo de algunos personajes comunes aparte— apenas tiene relación de continuidad con la primera, dado que se rompe el hilo argumental de mundos duales que había constituido la idea fuerza de aquélla.

Sin embargo y de un modo paradójico, la película puede considerarse como una original aportación a la epopeya del Caballero Oscuro, esa discontinua pero muy rica y variada serie de relatos que se han visto protagonizados por diversos actores de carne y hueso a lo largo de los años.

Batman: la Lego película también es original en esto: no deja de señalar, como en un guiño al cine dentro del cine, cuál ha sido el recorrido en pantalla del hombre murciélago desde hace más de siete décadas, pero se ciñe en lo fundamental tanto a las características físicas como cinematográficas —el traje completamente negro, la personalidad atormentada e incluso el doblaje con voz distorsionada— de los Batman de Nolan y Snyder.

Redundando en estas características, los guionistas han realizado un trabajo maravilloso a la hora de adaptar, de un modo sarcástico, todas y cada una de las particularidades del personaje de DC Cómics: una cerrada soledad que desemboca en un individualismo casi patológico, un carácter justiciero que a veces sustituye o entorpece la verdadera justicia, o una fragilidad emocional que deviene en despectiva egolatría.

Así pues, sarcasmo y retrato psicológico son los ejes en torno a los que gira una película que no respeta —afortunadamente— fronteras de ningún tipo: ni las de la edad de la audiencia —hay chistes sobre el apodo de Robin que sólo adultos con cierto nivel de inglés pueden entender— ni las del ámbito de acción de los villanos —aparece gente como Saurón, Lord Voldemort, Godzilla  o la criatura del pantano, por nombrar sólo a cuatro entre decenas de enemigos ajenos a DC Cómics—.

Y por último y como derivada de ésta, desaparecen también los compartimentos estancos en los que se habían convertido los mundos de superhéroes, mediatizados por las rivalidades editoriales, y que se derrumban por algunos guiños totalmente irreverentes a Marvel a costa de Iron Man.

Y esta sana falta de respeto es la que sostiene la película, porque es cierto que aparte de la sucesión de referencias cruzadas y escenas de acción atropellada, el guión no da para mucho. Aunque en él se cuenta la relación de Batman con Robin desde la perspectiva de la adopción, la que tiene con Superman desde la competencia amistosa-envidiosa, la de Alfred desde lo paterno-filial, la de Bárbara Gordon desde la rivalidad-amor y, sobre todo, la de Joker desde la enemistad y la necesidad, no parece que haya mucho más que una intención de caracterizar o caricaturizar la vida del superhéroe para hacer de esto un fin en sí mismo, regando todas estas relaciones antitéticas con un humor que manosea los tópicos para reírse de ellos.

Si queremos decirlo de otra manera, no se acaba de hilar una historia que sorprenda por su originalidad, más allá de la intención de deconstruir —o en el ámbito que nos ocupa, desmontar— la esencia del superhéroe mediante la hipérbole o la caricatura.

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¿Es esto suficiente para armar una película? La verdad, vistos los resultados finales parece que sí, sobre todo si se compara con esa otra saga de películas presuntamente paródicas de Dimension films (Scary movie o Superhero movie) que no tienen más gracia que la de repetir escenas de las películas originales con trazos de humor grueso. Por contra Batman: La Lego película, aprovecha las características del héroe para construir un relato original en torno a ellas, aunque sea sacándolas de sus casillas.

Así pues, independientemente de las limitaciones de la apuesta, no puede decirse que el producto sea fallido, más aún cuando ya no nos encontramos con los excesos explicativos de la primera entrega, y tampoco con sus contradicciones: a pesar del feliz hallazgo inicial de aquélla —una historia dual que transcurría en el universo Lego y en el mundo "real", con mutuas dependencias causales— resultaba difícil casar la independencia vital de los muñecos con el avance de la trama "de carne y hueso" sin malograr la historia. A ésta última, además, le sobraba azúcar.

En Batman: La Lego película, la acción no transcurre de ningún modo fuera del universo fantástico, y éste no tiene problemas a la hora de regirse por sus propias reglas: Todo, hasta lo absurdo —estoy pensando en esa división final de dos orillas— tiene cabida en un mundo imaginado, incluido un menú basado exclusivamente en langosta Thermidor.

Así pues, sin artificios dramáticos, sin excesos narrativos, se constituye en un entretenimiento puro que puede hacer las delicias de los adult-fans más freakies y los niños ávidos de aventuras sencillas, introduciéndolos poco a poco en el mundo de los héroes duales y contradictorios sin las hipertrofiadas complejidades, oscuridades y dilemas de las películas de Nolan.

Los que tenemos hijos que ya aman pero aún no comprenden al Caballero Oscuro, lo agradecemos profundamente.

Escribe Ángel Vallejo

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