El fundador (3)

  05 Abril 2017

Biopic del capitalismo salvaje

el-fundador-1Hace unos meses el director de cine Quentin Tarantino desató un revuelo al declarar que no tiene ningún respeto por las películas biográficas o biopics por considerarlas aburridas y solo una buena excusa para que los actores ganen el Oscar, como si todos los elementos cinematográficos estuvieran destinados a hacer lucir a una gran figura.

El fundador, la película que cuenta la historia de Raymond Albert Kroc, el inversionista responsable de la expansión mundial de la casa de comidas rápidas McDonald’s, inaugura un subgénero dentro de ese mundo que a Tarantino le resulta tan aburrido: lo que luce ya no es el actor, sino que los cañones están apuntados hacia el tema, en este caso, el capitalismo.

La película de John Lee Hancock y Robert D. Siegel, es una biopic del capital, un perverso manual de instrucciones de cómo triunfar en el sistema que dirige a los hombres hace ya más de cien años. El personaje de Ray Kroc, interpretado por un Michael Keaton que refleja con altibajos su ambición, se convierte en excusa del Gran Sueño Americano: esa falsa idea de prosperidad infinita basada en el trabajo duro.

Kroc resulta ser un inversionista maquiavélico, que basándose en la idea de negocio, el famoso business are business, no tiene piedad con los hermanos McDonald, Mac y Dic, interpretados por John Carroll Lynch y Nick Offerman, para irse quedando, poco a poco, con la empresa.

Los romanos le levantaron un templo a la ambición, esa diosa de grandes alas en las espaldas que representan el tamaño de sus designios y la rapidez con que requiere ejecutarlos. Los norteamericanos tomaron esa bandera y la llevaron al extremo.

Ray Kroc es un ejemplo de ambición sin límites, un personaje que no se rinde a pesar de las humillaciones porque tiene un objetivo claro: llenarse los bolsillos. No importa que en el medio estén los nobles hermanos McDonald, unos granjeros que privilegian valores sociales como la honestidad y la palabra.

Un guión sin altibajos, que no aburre, con una historia que no solo le hace publicidad a la hamburguesería más famosa del mundo, sino que muestra la necesidad capitalista de hundir al más débil. El problema es Michael Keaton: hace 20 años que no puede sacarse la careta de Batman. Las gestualidad de Keaton es vacía y dista mucho de lograr empatía con el espectador. Un actor al que se le ve cansado, como si estuviera interpretando el papel por compromiso.

Sin dudas las mejores actuaciones de la película se las llevan Lynch y Offerman, los hermanos McDonald, que con muy buena química actoral, levantan la atención y divierten. El soporte actoral secundario es bueno. La dos veces nominada al Oscar Laura Dern interpreta de manera sutil e inteligente a Ethel Fleming, la primera esposa de Kroc, creando un personaje silencioso y sufrido. También aporta, aunque en menor medida, Patrick Wilson, haciendo de inversionista y compañero traicionado en el papel de Rollie Smith.

Buen montaje de escenas de parte de Robert Frazen, que llevan un ritmo acertado de diálogos y la fotografía de John Schwaztman, que recrea a la perfección los años 50. Una película que aburriría a Tarantino por su linealidad, pero que tiene su punto fuerte en la trama y un guión bien realizado.

Maquiavelo, el político renacentista que creía que solo el resultado justifica la acción, estaría feliz de ver El fundador.

Escribe Mariano Cervini

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