TODOS ESTAMOS INVITADOS (2)

  15 Abril 2008
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Título original: Todos estamos invitados
País, año: España, 2008
Dirección: Manuel Gutiérrez Aragón
Producción: Enrique Cerezo y José Manuel Lorenzo
Guión: Ángeles González Sinde y Manuel Gutiérrez Aragón
Fotografía: Gonzalo F. Berridi
Música: Ángel Illarramendi
Montaje: José Salcedo
Intérpretes:

Óscar Jaenada,  José Coronado,  Vanessa Incontrada,  Iñaki Miramón,  Adolfo Fernández,  Iñaki Font

Duración: 90 minutos
Distribuidora: Alta Classics
Estreno: 11 abril 2008

Un País Vasco que no es ficción
Escribe Juan de Pablos

En el siglo XXI, matar o morir por una bandera, un país o en nombre de una creencia resulta patético –en el sentido literal del término–, además de ser un acto horroroso. A partir de esta premisa, convertir en un espectáculo –cinematográfico en este caso– algunas de las cuestiones éticas que cabe formular sobre la violencia terrorista y que propone la última película de Manuel Gutiérrez Aragón, resulta siempre un ejercicio complejo.

todosestamosinvitados2.jpgTodos estamos invitados habla del miedo generado por las situaciones irracionales. Esa irracionalidad es la que provoca el terror, el espanto que siempre es un sentimiento individual. La persona amenazada por el terrorismo siente la imposibilidad de que la sociedad pueda protegerle. Aunque el mundo terrorista justifica sus salvajadas con motivos ideológicos y políticos, el terror es la no-ideología porque elimina al adversario. La militarización de un conflicto siempre es una alternativa traumática. La violencia es un recurso infame, desolador.

Manuel Gutiérrez Aragón, un director de trayectoria excelente en cuanto a resultados, con películas fundamentales para el cine español en su haber, como Sonámbulos (1978), Demonios en el jardín (1982) o La mitad del cielo (1986), retrata de una forma veraz y creíble el horror que viven las personas amenazadas, en este caso un profesor universitario que trabaja en el País Vasco.

todosestamosinvitados3.jpgTodos estamos invitados es una película valiente, que en realidad no habla de ETA o de su entorno, sino de sus víctimas cotidianas y del estado de terror que practica el mundo abertzale. Sin embargo, lo hace de una manera aséptica, casi en clave documental. Aquí posiblemente se encuentre uno de los errores en la concepción de la película, lastrada en su narración por un guión demasiado esquemático y que no aporta matices a sus personajes o a las situaciones planteadas. En todo caso, es una película necesaria en tanto que su máximo objetivo es despertar la conciencia del espectador.

La historia parte de un hecho real, contado al director por el político vasco Juan María Bandrés, sobre un activista de ETA que sufrió un traumatismo craneal mientras intentaba incendiar unos camiones y al huir de un control policial sufrió un accidente, quedando amnésico. Lo más inquietante de Todos estamos invitados es que no es una ficción. Es una película, pero cuenta una realidad que está ocurriendo cerca de nosotros. La verdad de los amenazados de ETA, que tienen que luchar contra el miedo y la incomprensión social.

todosestamosinvitados1.jpgEl director lanza una mirada poco piadosa sobre los diferentes estamentos sociales que entran en juego. La policía, que recomienda a las víctimas que lo mejor es que se callen; la iglesia. que da cobijo a todos mientras exige en confesión el cumplimiento del quinto mandamiento; la universidad, que mira para otro lado cuando uno de sus miembros es amenazado por expresar sus ideas políticas; la sociedad vasca, que en sus ricas manifestaciones sociales sólo alienta a las víctimas cuando están en privado; y por extensión, al gobierno vasco y al del Estado español que no parecen encontrar soluciones a este gran problema.

El cine español ha tratado la violencia etarra con anterioridad, pero en gran medida lo ha hecho de manera poco convincente o por debajo de los objetivos esperados. Quizás podemos salvar Sombras de una batalla de Mario Camus, rodada en 1993; la película de ficción que posiblemente ha tratado con más hondura hasta la fecha el tema de ETA en la pantalla. Antes, en el año 1977 se filmó Comando Txikia de José Luis Madrid, la primera película española que abordó esta cuestión. Sin embargo, nunca se había reflejado con tanta crudeza la vida de los amenazados, como lo ha hecho Manuel Gutiérrez Aragón, resaltando además que esta situación se produce en el seno de una sociedad materialmente satisfecha, el País Vasco, que disfruta de sus tradiciones y manifestaciones populares como las sociedades gastronómicas o los alardes.

La gran mayoría de las películas realizadas sobre esta temática, más de treinta, resultan fallidas o superficiales en buena medida. Es el caso de filmes como Operación Ogro (sobre el asesinato de Carrero Blanco) de Gillo Pontecorvo; Yoyes de Helena Taberna;  A ciegas de Daniel Calparsoro; Días Contados de Imanol Uribe; o El lobo de Miquel Courtois.

todosestamosinvitados4.jpgEn el caso del género documental, cabe la referencia a La pelota vasca de Julio Medem, un filme claramente malogrado, al contrario que Asesinato en febrero, un impresionante documento producido por Elías Querejeta, que se centra en el asesinato por ETA del dirigente socialista Fernando Buesa y del ertzaina Jorge Díaz Elorza, que tuvo lugar en Vitoria en febrero del año 2000. A partir de testimonios de familiares y amigos de ambas víctimas, el director Eterio Ortega y el guionista –el propio Querejeta– nos acercan con gran intensidad dramática a una realidad que resulta inexplicable para los espectadores.

Viendo el último filme de Gutiérrez Aragón, uno tiene la sensación de que los personajes –sobresale la novia de la víctima encarnada por la italiana de origen español Vanessa Incontrada–  no logran funcionar en una estructura narrativa de thriller sobre la que se pretende apoyar la narración. El director aporta oficio y compromiso en esta honesta película que, no obstante, no logra conectar plenamente con el espectador.

En todo caso, cabe señalar que el significado y la interpretación de una película no dependen sólo de su producción, sino del nivel de percepción y de compromiso de la sociedad que recibe la propuesta. Y en muchas ocasiones es difícil o quizás cómodo zafarse de determinados argumentos o realidades. Como dejó escrito el gran prosista catalán Josep Pla: “Es más fácil creer que aprender y saber”.

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