El balcón de las mujeres (3)

  03 Abril 2017

La religión como búsqueda de la libertad personal

el-balcon-de-las-mujeres-1Una puerta azul y una escalera al lado. Unos segundos pasarán hasta que aparezcan unas mujeres que, en tono alegre y llevando consigo comida, empezarán a bajar esa misma escalera y a andar por unos callejones de la encantadora Jerusalén, para dirigirse a una sinagoga. Es un día como otro en esa comunidad judía ortodoxa, donde todo sucede siguiendo un plan concreto diario; sin embargo, un accidente cambiará completamente la situación y el curso de los eventos: el balcón de donde rezan las mujeres de la sinagoga se derrumba de repente y esto llevará a muchos cambios dentro de la comunidad judía.  

El balcón de las mujeres es un filme muy fresco, que muestra unas tradiciones específicas de una cultura de la que, realmente, conocemos muy poco en cuanto a costumbres.

A través de una historia íntima e irónica en muchos puntos, el director Emil Ben-Shimon nos ayuda a entrar dentro de un mundo diferente, cuyos fallos, sin embargo, son los mismos de cualquier sociedad.

A nivel de trama, seguramente es una película rica de consideraciones que hacer. El tema principal es, sin duda alguna, la religión en todos sus aspectos: amparo, esperanza, pero sobre todo momento de reunión; además, las mujeres son las protagonistas principales, ya que, como se ve claramente, llevan a cabo las tareas principales de la sociedad, aunque no trabajen. Es cierto que después del accidente, este aspecto es, sin duda alguna, mucho más marcado: todos los personajes femeninos empiezan a tener más relevancia dentro de la historia y a cambiar completamente el desarrollo de la trama: reflexionan, consideran más posibilidades, buscan nuevas ocasiones.

Por otro lado, los hombres se ven frágiles y mucho más dependientes de unas reglas prestablecidas que no están dispuestos a cambiar: de hecho, la llegada de un nuevo rabino mostrará sus inquietudes y sus miedos a sacar sus puntos de vista.

El director desarrolla, entonces, estas dos temáticas paralelas dentro del filme: la religión y las mujeres. La primera no es vista en ningún momento de la película como un obstáculo, sino al revés: es un canal para mantener vivo el aspecto social del día a día de las personas que se dedican a ella, ya que es un momento para compartir y donde participar. Sobre todo en el principio vemos muchísimas ocasiones en las que la gente se encuentra para compartir comida, historias y rezos: todos participan de la misma forma. La religión, en fin, es vista como parte de la cultura y de la vida diaria de las personas que no limita en ninguna manera el desarrollo de sus vidas.

La otra temática es el rol de las mujeres, siempre presentes y en cierta parte personajes determinantes de la vida de los hombres. Casi todas, aunque sigan tradiciones respetables y no se dedican a ningún oficio preciso a parte el de la casa, no se dejan decir lo que tienen que hacer: en una forma bastante irónica, crean entre sí un grupo compacto de colegas que, aparte algún caso de malentendido, representa la real fuerza de la comunidad. Ellas mismas serán las que se ocuparán de arreglar lo que deben dentro de la sinagoga, incluso llegando a ir contra los preceptos del nuevo rabino.

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El espectador, aunque esté dentro de una comunidad ortodoxa, no pierde de vista el aspecto más simbólico de la cuestión: el balcón. Este mismo por un lado representa el lugar de donde las mujeres pueden rezar, por el otro es la abertura hacia el mundo judío que tienen las mujeres para que se escuche su voz y para que sean protagonistas. De hecho, los encuadres casi siempre tienen en el fondo unos balcones o unas ventanas, justamente para recordar este intento de apertura pero también que el balcón es el objetivo de sus discusiones y también la causa de sus reflexiones sobre la vida y la religión.

La ironía de esta película se encuentra en esta incapacidad de ver lo cerrado que puede ser esta comunidad ortodoxa ya que, también en su interior, unas mujeres serían capaces de hacer una huelga para defender lo que siempre han estado haciendo, contra un método aún más ortodoxo. Ortodoxia contra ortodoxia máxima.

Sin embargo ¿qué es lo que hace de una religión algo impenetrable? Por supuesto los límites de unas reglas que no encajan con la vida y la cotidianidad, o con la alegría de compartir: si se lucha contra este camino de imposición, la religión solo es positiva. De hecho es el mensaje que este filme nos regala, es decir la posibilidad de considerarla solo y simplemente un aspecto social y cultural que permite, en cierto modo, un crecimiento personal.

Es difícil creer que un filme que habla de una comunidad ortodoxa pueda en cierto modo promover un aspecto positivo e incluso libre de la religión, pero es lo que el director israelí consigue hacer sin esforzarse mucho, sino dejando que sea la humanidad la protagonista verdadera de la historia: las mujeres son seres humanos, y aunque los hombres inicialmente intentan parecerse más a unos dioses, comprenden que la armonía de una comunidad es más importante que satisfacer con deseos de prepotencia.

Esto es todo. Si fuera tan fácil en la realidad…

Escribe Serena Russo

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