Fences (4)

  18 Marzo 2017

Una cerca que rodea a la vida

fences-1Si tuviéramos la posibilidad de construir una cerca que tenga la cualidad de proteger a nuestros seres amados hasta el fin de nuestras vidas, ¿cómo la haríamos? Esa es la tarea que emprende, metafóricamente hablando, Denzel Washington en Fences. Un fuerte anhelo de protección que cae irremediablemente en el terreno de la utopía y el fracaso.  

El ganador del Oscar a mejor actor por Día de Entrenamiento (Training day, 2001), interpreta a Troy Maxton, un ex beisbolista negro que vive encerrado entre la nostalgia de sus años de oro y la soberbia de creer saberlo todo. La acción transcurre en los años 50 en un barrio marginal de Pittsburgh y está centrada en la figura de un personaje que a Washington le queda perfecto.  

Construido desde el dolor, con una infancia durísima y sin muchas expectativas por la vida, Maxton tiene terror a perder lo que tanto le ha costado: su familia. Efusivo, con una alegría auto impuesta y siempre a punto de convertirse en violento, el personaje es una máscara que esconde una doble moral. Con la familia como principio y estandarte de su discurso ético, Maxton queda ciego frente a una realidad que lo desborda. A ese desborde intenta construirle una cerca, para tapar la realidad avasallante y sus propios defectos.

Cabe aclarar que Fences en principio fue una obra de teatro. Con una puesta en escena que muestra ciertos hilos teatrales, como largos monólogos, o pocos escenarios en los que transcurre la acción (básicamente dentro y fuera de la casa), el punto fuerte está puesto en los impresionantes diálogos escritos por el autor, el dramaturgo estadounidense August Wilson, que muestran las dificultades de una clase social marginada como la afroamericana en un contexto de posguerra.

La aparente unidad familiar sostenida por el autoritarismo de Maxton se desmorona al tiempo que él intenta construir una cerca para su casa, una propiedad de su hermano que ha quedado loco debido a la guerra y ahora está a su cuidado.

La culpa, la locura, el daño, son algunos de los temas profundos que se deslizan por un ambiente viciado que siempre parece a punto de explotar.

Si Maxton es una cerca fallida, su mujer, Rose es la verdadera cerca.

De más está decir que lo mejor de esta película es la actuación de Viola Davis. Un papel avasallador que de principio a fin tiene la misma fuerza. Sus diálogos se apoyan en los de Washington y los enaltecen con una generosidad cinematográfica pocas veces vista. No por nada Davis ha ganado el Oscar a mejor actriz de reparto por esta interpretación y también un Emmy y un Tony, lo que la convierte en la primera actriz negra en recibir los tres premios. Rose mantiene al seno familiar unido: un padre que no reconoce los éxitos de su hijo menor, interpretado por Jovan Adepo, y que tampoco cree en las historias de su hijo mayor, Russell Hornsby. Mientras el clan se resquebraja, Rose, hasta la última escena, es el pegamento.

Fences es una película teatral. Muchos silencios, diálogos cargados en los que salen a relucir fantásticos duelos actorales como los de Davis con Washington, y planos generales que ponen en valor a los actores por sobre los personajes.

El resultado es un drama poderoso, con momentos de alta tensión emocional, que deja al espectador que disfruta de las obras de Tennesse Williams o Arthur Miller con la impresión de haber visto algo más que una película, sino el reflejo de una vida dura que lleva sin lugar a dudas a reflexionar sobre las relaciones humanas.

Escribe Mariano Cervini

fences-2