Manchester frente al mar (4)

  03 Marzo 2017

El peso de la culpa

manchester by the sea-1Kenneth Lonergan ya nos había obsequiado con dos obras anteriores en las que ejercía de escritor y director. En Puedes contar conmigo encontrábamos una preciosa radiografía de la relación entre dos hermanos de caracteres muy equidistantes explicada a partir del retorno de uno de ellos a su pueblo natal. En Margaret, estudio expansivo de la vida cosmopolita, encontrábamos una sentida fotografía de la ira, la rabia y la culpa a partir de un accidente que trastocaba las vidas de varios personajes.

Manchester frente al mar es la continuación absolutamente lógica del cine y las temáticas tratadas por Lonergan. En esta, encontramos una vez más el tema del retorno, la muerte, el accidente que cambiará para siempre la vida de los implicados, y quizás en esta ocasión es el análisis minucioso y detallista de la culpa el que ocupa mayor protagonismo.

Toda la acción, por decirlo de algún modo, se centra en Lee Chandler, un solitario encargado de mantenimiento de edificios de Boston que se ve obligado a regresar a su pequeño pueblo natal tras enterarse de que su hermano Joe ha fallecido. Allí se encuentra con su sobrino de 16 años, del que tendrá que hacerse cargo por voluntad expresa del difunto. De pronto, Lee se verá obligado a enfrentarse a un pasado trágico que le llevó a separarse de su esposa Randi y de su comunidad.

Manchester frente al mar es un intensísimo retrato de la aflicción, profundamente doloroso y elegantemente conmovedor, que ahonda a partir de una doble narrativa prototípica de pasado y presente, en un suceso familiar que ha provocado que el personaje central haya perdido las ganas de vivir. Puesto que ha probado sin éxito el suicidio, elige una muerte en vida, y ese sentimiento es el que inunda la pantalla y sus recovecos.

Lo mínimo y lo enorme

Lonergan construye un guión de más de dos horas que se basa en unas anécdotas mínimas. Se trata de una historia asombrosamente simple, pero lo que oculta es una mecánica de exposición y exploración narrativa dolorosamente complejas que dilucida con reposo y detenimiento cada emoción y cada sentimiento y se detiene a realizar un excepcional estudio de dramatis personae para construir un imponente conjunto humano.

Además, lo que alcanza Lonergan casi sin aparentar esfuerzo es que todo fluya como en la vida y es que la artesanía que ha demostrado en sus tres obras como guionista y director. Podríamos decir que se basa en un bellísimo humanismo que hace que una historia aparentemente sencilla se transforme en algo mucho más grande a cada paso que da junto al espectador.

También Manchester frente al mar es una bella oda a ese pueblo en el que todos hemos crecido y del que atesoramos bellos recuerdos de infancia o adolescencia y en donde hemos forjado nuestras personalidades. Es ese volver a enfrentarse a los amigos del pasado y a esos sucesos que se dejaron en el camino bien sea por dolor o sea por desidia.

Por supuesto, parte de la grandeza de esta pequeña película reside en la inmensa composición de Casey Affleck, actor y director con múltiples inquietudes intelectuales que sin embargo hasta ahora no había conseguido un reconocimiento como el que ha logrado con esta interpretación.

Logra que su personaje transmita todos los matices de ese duelo interno que remolca con admirable estoicismo a la vez que logra que nos importen los acontecimientos que le suceden en su hundida existencia. Pero sería injusto sólo destacar su labor, aunque sea titánica. Lucas Hedges es la gran revelación de la cinta mientras que todo el elenco de secundarios también se encuentra en verdadero estado de gracia. Así, Lonergan demuestra por tercera vez su enorme habilidad como excelente director de actores.

Y es que el director maneja todo con mano firme pero de manera lenta, árida, pausada, y con una puesta en escena completamente desnuda en la que la fotografía de Jody Lee Lipes ocupa un protagonismo destacado. Esa austeridad es la que arrastra al espectador con toda la tristeza y toda la decadencia del personaje central y sus satélites. Es lo que hace que estemos delante de una de las cintas más sensatas y sutiles sobre la ausencia de redención que se recuerdan en la memoria reciente.

Escribe Ferran Ramírez


 

Más información sobre Kenneth Lonergan:
Margaret

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