Moonlight (2)

  05 Marzo 2017

De promociones, nominaciones y crítica

moonlight-1Ante la promoción de Moonlight (Barry Jenkins, 2016) quedamos algo aturdidos. En su cartel pueden leerse las siguientes sentencias de la crítica: “belleza poco común”, “una obra maestra”, “la mejor película del año”, “profundamente emotiva”, “exquisita”, “única y brillante” y “unas interpretaciones excelentes”.

Debo reconocer que no comparto ninguna de estas afirmaciones, aunque tampoco todo lo contrario, pues Moonlight es un melodrama correcto, con ciertos hallazgos de puesta en escena, quizás en su trama inicial y final. Sin embargo, no podría valorarla como obra maestra, tampoco encuentro una belleza demasiado original en sus imágenes y, lo siento profundamente, no me ha emocionado demasiado.

Debido a la absoluta contradicción entre mi opinión y la promoción de la película, debido a la enorme distancia que media entre mi “no está mal” y “la mejor película del año”, me surgen dos preguntas interesantes: ¿hasta qué punto una crítica o un crítico de cine es un espectador entendido en cine? ¿Podríamos realizar una crítica a través de la promoción de una película?

En el primer punto, no creo que los críticos sean entendidos en cine, en el sentido de que no existe una profesionalización de la crítica como tal. Es verdad que en la actualidad, al menos en España, existen cursos para aprender a escribir críticas de cine, pero sus programas no difieren demasiado de asignaturas que cursan alumnos y alumnas de Periodismo y Comunicación Audiovisual, como Teoría del cine o Historia del cine.

Así que, la profesión de crítico todavía se manifiesta como un cierto conocimiento autodidacta del cine, como una extraña combinación entre la filiación por un objeto que apasiona a ciertos espectadores, y el conocimiento que dicha pasión despierta, el cual los anima a leer y escribir sobre cine. Quizás por esta razón la crítica es una actividad que todo espectador y espectadora puede realizar, si le da la gana, por supuesto.

Sólo hay que ver películas, leer algún manual de historia del cine, elegir ciertas películas como canónicas (léase preferidas) y comenzar a valorar las demás en base a dos prejuicios inequívocos: la melancolía por las películas que nos impresionaron en nuestra adolescencia y juventud, y nuestros conocimientos intelectuales.

Desde este punto de vista, mis prejuicios como crítico me animan a escribir que Moonlight es un melodrama algo pesado, con un argumento potente en su base dramática, pero incapaz de proponer una puesta en escena emotiva que llegué a implicar al espectador en la dureza de la vida en las calles de un barrio marginal de Estados Unidos.

No obstante, la película contiene algunos planteamientos visuales interesantes. Uno de ellos es la presentación del protagonista (Chiron), quizás la secuencia visualmente más potente de la película, donde el director crea una cierta tensión y nos define su carácter sólo con una serie de planos.

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También es digna de destacar la interpretación de Trevante Rhodes como Chiron adulto. Su registro es contundente y apabullante, capaz de mostrarnos todo su interior sólo con su mirada o un movimiento de su cuerpo. Su capacidad para alternar dureza, ternura, amor y tragedia es portentosa. Todo ello en el tramo final de la película, quizás la mejor parte de todo el film

Moonlight no propone una estética contundente y su planificación se basa en cierto estilo independiente, tan genérico como insustancial, pues ha perdido ya la fuerza de sus inicios: cámara que oscila, interminables panorámicas circulares, planos medios desde la espalda del protagonista o una fotografía de tonos suaves, que nos recuerdan a las propuestas formales de Gus Van Sant o Richard Linklater, por poner dos ejemplos paradigmáticos.

Entonces, si Moonlight no me parece “una obra maestra”, ¿qué me pierdo? ¿Qué le ocurre a mi visión de crítico? ¿Debería seguir escribiendo crítica si soy incapaz de entender la trascendencia de Moonlight? Esta es la parte más interesante para mí. Parece que estoy algo sólo en mi impresión sobre la película. Por ejemplo, en la IMDB (International Movie Data Base) se puede ver que el público le da una valoración de 8,2 de media (http://www.imdb.com/title/tt4975722/?ref_=ttco_co_tt). Además, como ya he comentado al principio de este texto, el cartel nos ofrece toda una serie de elogios de parte de los periódicos más reputados de EE.UU.

Así que, ¿cuál es la respuesta? Creo que Moonlight posee la calidad extraordinaria de todo producto industrial bien fabricado y vendido. Es decir, debo admitir que su promoción es exquisita (en el pase de prensa la sala estaba llena como no la había visto en otras películas), y gracias a ella han sabido crear las suficientes expectativas como para que el público acuda a ver qué se está perdiendo. Es decir, utiliza la regla sagrada del marketing de un envase lo suficientemente atractivo como para esconder la normalidad del contenido.

Insisto, la película es correcta, quizás interesante en su planteamiento de una historia donde se funden la marginalidad y el despertar sexual, aunque sus imágenes no ayuden a crear la supuesta emoción que deberíamos sentir ante la vida de su protagonista). Su promoción no se corresponde con lo que vemos en la pantalla, al menos para mí.

Escribe Víctor Rivas

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