Toni Erdmann (4)

  24 Enero 2017

De risas, llantos y emociones alemanas

toni-erdmann-0Dura casi tres horas, es una comedia y es alemana. Todos ellos atributos que, unidos en una misma frase, asustan al más avezado cuando hablamos de cine. Sin embargo, son las características fundamentales de la cinta que más premios internacionales ha cosechado esta temporada, además de una cita obligada para cualquier persona cinéfila que se precie.

Toni Erdmann, que así se llama este fenómeno intra y extra cinematográfico, es el nombre propio que debería ser de obligada referencia en el futuro inmediato del panorama fílmico. Ha sido escrita y dirigida por Maren Ade, realizadora de la que sólo conocíamos una obra suya, su segundo largometraje, llamada Entre nosotros, que pese a pasease por diversos festivales, terminó por dividir a crítica y público.

Se trataba de una escueta radiografía de apenas noventa minutos, que escrutaba las idas y venidas de una pareja de la que no sabíamos nada y por la que la directora intentaba verter una especie de retrato de la incomunicación amorosa muy a lo Antonioni. Los resultados, aunque interesantes en su planteamiento, concluían por revelarse meramente discretos. Sin embargo, y casi siete años después del estreno de aquélla, ahora no podemos por menos que rendirnos a la inteligencia de su última propuesta.

En ésta, conocemos la rutina diaria de Inés y el mundo en el que se desenvuelve. Ella es una mujer independiente completamente volcada en su trabajo y las relaciones que éste comporta pero la visita de su padre lo cambiará todo. Él tirará de mano de toda clase de tretas y artilugios para que ella se percate de que la vida es mucho más que la dedicación laboral y la consecución del éxito e introducirá el absurdo y la espontaneidad en la milimétrica ordenada vida de Inés.

Terapia cinematográfica de choque

Mediante este punto de partida —sacar a la protagonista de su particular jaula de cristal—, Maren Ade destila una de las cintas más arrolladoramente divertidas y profundamente conmovedoras que se recuerdan en la memoria reciente. Lo hace mediante una concatenación de situaciones y personajes que, en un modo ascendente y progresivo, aumentan el compromiso con el espectador hasta envolverlo con un estilo de cine muy diferente al que estamos acostumbrados a ver.

Para empezar, se trata de una película que puede leerse a distintos niveles y despliega múltiples temáticas candentes que despiertan el interés y la trascendencia: la posición de la mujer en un mundo financiero eminentemente masculino, la difícil relación entre un padre y una hija que pertenecen a universos opuestos, las reformas económicas del neoliberalismo en Rumanía, el choque generacional entre unos padres progresistas y unos hijos avezados al capitalismo o sobre las complejas relaciones humanas que mantenemos en el panorama actual.

Si para continuar afirmamos que todos estos temas se van deshojando mediante la tristeza, la melancolía, la comicidad, el absurdo y lo hilarante, muchas veces combinando todos estos estados en un solo plano, entenderán que estemos ante algo insólito que rezuma genialidad a raudales.

No en vano tambin genuina. Saber aunar todo esto que decimos y que l pa desaparcida Whitney Houston os en un solo plano, entenderl.

én resulta desternillante en muchos de sus momentos más gloriosos: contiene la que puede ser la secuencia de desnudo más divertida de la historia, otro momento que implica a la desaparecida Whitney Houston y un final con un traje-disfraz que se adivina en el póster y que suscita el jolgorio a la vez que la conmoción genuina. Saber aunar todo esto que decimos en una cinta de duración generosa y lograr que su emoción genuina no decaiga en casi ningún pasaje del filme es ofrecer todo un recital de dirección y buen hacer.

En este sentido, Maren Ade logra que riamos y lloremos, muchas veces en el mismo plano, y que nos importe lo que les sucede a sus protagonistas. Por supuesto, parte del mérito de este trabajo recae en su dueto central de intérpretes, Peter Simonischek y Sandra Hüller, ambos excelsos y comprometidos con lo que están contando y con lo que Ade pretende cristalizar en su odisea.

Pero digamos que el viaje que nos propone es enrarecido, una nueva forma de comedia futura que reinventa las leyes inherentes del género en sí mismo. Todo servido con un profundo toque de humanidad que hace que uno se replantee su propia vida al salir de la sala de cine. O dicho de otro modo, estamos delante de una maravilla cinematográfica que se puede usar de terapia de choque emocional, y eso es algo que rara vez sucede en una pantalla.

Escribe Ferran Ramírez

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