Somnia: Dentro de tus sueños (2)

  21 Enero 2017

Del cine de terror al cine familiar

somnia-1Las fronteras entre los géneros cinematográficos siempre fueron borrosas, incluso en su nacimiento. Como todo el mundo puede intuir en algún momento de su vida como espectador o espectadora, no existen géneros, sólo existen películas.

Esta idiotez de sentencia sugiere que, al fin y al cabo, todo género cinematográfico es un discurso elaborado durante la recepción de la película. Así, cada espectador o espectadora construye el género mientras ve la película, clasificando el film en categorías más o menos generales como comedia, drama, guerra, aventuras, acción, ciencia ficción, oeste, suspense, musical y un larguísimo etcétera.

En Somnia: Dentro de tus sueños (Before I Wake, Mike Flanagan) la hibridación o, mejor dicho, la confusión entre cine de terror y cine familiar, incluso me aventuraría a decir que drama navideño, no está del todo clara.

Por un lado, el argumento recurre a la dramatización de un relato que puede equipararse al de cualquier telefilm o película familiar, mostrando una familia infeliz que debe abordar el duelo por la muerte de algún ser querido (en el caso concreto de Somnia, toda la trama tiene está impregnada de familias que han padecido esta tragedia). Por otro lado, la estética coquetea con las fuentes formales de las películas con casa encantada y niños siniestros.

Pero algo no acaba de funcionar en el conjunto. El principio es ambiguo, repetitivo y para nada original. Su desarrollo es tedioso y no posee la capacidad suficiente para crear una atmósfera terrorífica. Su final es, quizás, lo mejor de la película, pues sugiere reflexiones en torno a las traumáticas consecuencias de la enfermedad y la muerte, aunque son precisamente estas múltiples lecturas interpretativas las que lastran su objetivo de proponer una fábula sobre la existencia de un más allá curativo para el alma.

En cualquier caso, la película no convence como obra terrorífica porque quizás ya las historias de fantasmas no deban ser analizadas como terroríficas, sino como dramas familiares. Desde hace ya unas décadas, los fantasmas, espectros o ectoplasmas ya no son una amenaza para los seres corpóreos. La aparición de cualquier fantasma entre nosotros, desde que fueron humanizados por M. Night Shyamalan en El sexto sentido (The Sixth Sense, 1999), es más una cuestión psicológica asociada con el duelo que padece algún personaje, y no esos bichos odiosos y amenazadores de, pongamos por ejemplo, Poltergeist (Tobe Hooper, 1982).

Así, en Somnia, toda la estética asociada con el terror no pasa de ser una revisita, más o menos actualizada, de todas las películas donde las bañeras, camas, escaleras, pasillos, hospitales o insectos han sido asociadas con la presencia de los paranormal.

En el caso de la película de Flanagan, la planificación obedece a esa fórmula de acercamiento lento de la cámara en plano medio corto a un objeto o persona inquietante, para dar un susto con un grito ensordecedor de un espectro siniestro en primer plano borroso que, dicho sea de paso, son todos deudores de una hibridación extraña entre la momia de La momia (The Mummy, Stephen Sommers, 1999) y los monstruos de las películas de Guillermo del Toro, en especial El laberinto del fauno (2006).

No obstante, Somnia posee alguna virtud. Llama la atención la inquietante presencia del insomnio como enfermedad psicológica capaz de amenazar nuestra cotidianeidad, en una variante siniestra de un estado de ánimo que parece definir a nuestra cultura actual. De hecho, en el tramo inicial de la película, el insomnio es definido como un trastorno común.

Nadie duerme bien en esta película, de ahí que sus vidas se desarrollen en su mayoría entre un estado de depresión durante el día y tenebrosidad nocturna, asociada con el mundo de las pesadillas. Por otra parte, las escenas donde se plantea la dificultad de dormir y las tácticas del niño para combatir el insomnio son de lo mejor de la película.

A uno le asalta la duda de si esta película no hubiera ganado más como animación. Quizás esa pretensión de fábula sobre el sueño, las pesadillas y la familia hubiera funcionado con una estética más propia de un universo infantil. Al final, Somnia no pasa de ser otra película más de fantasmas, que no llegan a atemorizar por mucho que griten.

Escribe Víctor Rivas

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