La ciudad de las estrellas: La La Land (4)

  18 Enero 2017

El retorno del musical entre melancolía y ligereza

la-la-land-1La La Land, un título explosivo para la última obra cinematográfica de Damien Chazelle que vuelve a la gran pantalla con una de las películas más interesantes del año.

Elegida como filme de apertura de la 73º edición del Festival de Venecia 2016, dejó ya en ese momento al público y a la crítica con una sensación positiva y asombrosa de haber visto algo diferente. De igual forma, La La Land inaugura el año cinematográfico del 2017 que ha empezado tan exitoso con su estreno el viernes 13 de enero en los cines españoles.

Esta es una película que ha de definirse como completa: una historia nostálgica decorada con tonos y ritmos de un musical, que en ningún momento se muestra exclusivamente como tal, ya que solo tiene la cáscara hecha de algunas de las características que se atribuyen a este género.

Así que se queda en el margen entre un romance, un homenaje a los musicales del pasado y una larga y sufrida búsqueda de realización de un sueño, dando vida, finalmente, a lo que es su significado más íntimo: una historia de cruces de destinos.

La La Land es, como ya hemos dicho, una potente conmemoración a los viejos musicales del cine norteamericano y del nostálgico vacío que ha dejado su ausencia en la historia del séptimo arte de las últimas décadas. El proyecto principal de Chazelle ha sido el de cumplir con este reto de devolverles la vida, combinándolo con una historia cautivadora, de encuentros y esperanza, de realización de ese sueño del que hablábamos antes: el tan conocido sueño americano.

Los Ángeles en el fondo es una ciudad que sugiere, pero nada promete. Mia y Sebastian, interpretados por Emma Stone y Ryan Gosling, son dos jóvenes, cada uno con su aspiración: la primera quiere convertirse en una actriz; y el segundo, pianista nostálgico, quiere abrir su propio jazz-bar, para que se mantenga viva el alma del jazz en la ciudad.

La forma pura con la que se acercan a estos sueños choca con los duros compromisos de la realidad, hasta que el encuentro entre los dos cambia los planes. Seguimos la historia de los dos protagonistas a lo largo de las cuatro estaciones, desde el invierno hasta el invierno siguiente, en una ciudad donde una primavera y un otoño no tienen mucha diferencia temporal. Sin embargo, ellos crecen, cambian, se enamoran, se responsabilizan y comprenden que la realidad está hecha también de compromisos.

De hecho la ambición tiene un precio y es aquí cuando se asiste a un ejercicio estilístico y de contenido innovador en el mundo del musical que hasta ahora no se había visto. La lucha hacia la consecución de un sueño dentro de la historia supone un riesgo: la pérdida, el vacío, la falta de satisfacción.

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Chazelle materializa estas sensaciones en la trama también a través de los colores, de las luces y de la simetría. Al principio, la esperanza se colorea del sueño y de la ilusión. Poco a poco, las circunstancias diferentes, las ocasiones, las renuncias, dan a la película ese tono melancólico aunque sean necesarias también para el cumplimiento del proyecto personal de los protagonistas.

Por tanto, lo que Chazelle muestra es la realidad crepuscular de un mundo ficticio y enmascarado de belleza. De hecho, la escenografía se llena de los colores brillantes de las aspiraciones de dos jóvenes, para demostrar la ligereza de una alegría y positividad que poco tiene que ver con la ilusión oscura que este mundo esconde.

Chazelle pinta una historia que permite volver a descubrir un género ignoto para las nuevas generaciones, inspirándose a las coreografías de Cantando bajo la lluvia y recordando con un tono melancólico su amor por el jazz a través de una forma artística muy nueva para él, pero de la que demuestra conocer cada habilidad comunicativa.

El cine, las estrellas, una historia de amor, un sueño. City of stars… Are you shining just for me? Las letras de la canción, banda sonora de la película, resuenan como una advertencia: ¿lo que los protagonistas ven e imaginan sobre su futuro es posible o es simplemente un brillo de una estrella fugaz y, por eso, dura un instante? ¿Es posible cumplir con la realización de un sueño en Hollywood? ¿Aún existen los sueños?

Estas son las preguntas cuyas respuestas solo el espectador podrá descubrir, emprendiendo un divertido pero nostálgico viaje en esta obra perfecta, y es nostálgico precisamente porque de perfección no habla. Ni de lejos.

Escribe Serena Russo

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