La autopsia de Jane Doe (2)

  12 Enero 2017

Contenido insustancial decorado muy elegantemente

autopsia-jane-doe-0André Øvredal —director noruego de reputación internacional gracias al éxito de su anterior película Trollhunter— vuelve al ruedo con otro filme de terror, esta vez producido en el Reino Unido.

En La autopsia de Jane Doe la historia gira en torno a un padre y un hijo —ambos forenses e interpretados por Brian Cox y Emile Hirsch, respectivamente— que deben enfrentarse juntos al terror de lo desconocido (encarnado en este caso por una bruja que nace como fruto de unos perversos rituales).

La obra comienza con un plano algo peculiar, desenfocado y del revés. Lentamente la imagen se voltea y se enfoca hasta encuadrar una casa, el lugar donde va a suceder toda la trama. La extraña sensación que transmite este original plano supone por tanto un aperitivo de todo lo que vamos a ver a continuación. Es un mensaje directo al espectador.

Después de una correcta presentación del escenario y de los personajes sucede el detonante: la policía aparece a última hora del día con un curioso cadáver sin identificar. Tras la entrega, el sheriff abandona el recinto cerrando unas puertas que no volverán a abrirse nunca (o al menos hasta que todo haya acabado).

Padre e hijo comienzan entonces su trabajo, descubriendo que el cuerpo que les ha sido entregado no es una difunta cualquiera. Mientras más es vaciado el cadáver más se llena el espacio con su presencia fantasmal. Sucede así que su propio oficio se vuelve en su contra, tanto el lugar donde lo realizan como la base esencial del mismo: los muertos.

La película presenta un uso de elementos narrativos del terror muy trabajados. Encontramos por ejemplo un sin fin de objetos que apoyan el desarrollo de la historia notablemente, objetos como pueden ser la campanilla del tobillo que tienen atada algunos cuerpos, el gato, los espejos, las puertas o incluso el humo.

A su vez se juega con un gran numero de efectos de sonido que refuerzan los sustos y ayudan a crear un ambiente terrorífico y fantasmagórico. Cabe destacar en este contexto que no sólo se utilizan sonidos de carácter electrónico o sintético —como hacen la gran mayoría de filmes de terror hoy en día, que incluso llegan a abusar de los mismos en demasía—, lo cual se aprecia y se agradece bastante. De nuevo hay que citar aquí la campanilla del tobillo y al gato, entre otros elementos, como por ejemplo el ascensor, la radio y las canciones que emite esta.

La autopsia de Jane Doe es también un filme muy explotado estéticamente, algo que se debe fundamentalmente a los departamentos de fotografía y de arte. La manipulación que se hace tanto de la iluminación como de la ausencia de la misma —es decir, de la oscuridad— logra establecer una atmosfera lúgubre y sobrecogedora que encaja adecuadamente con el incidente que aquí se nos cuenta. Respecto a la sección artística, ésta realiza una elección muy apropiada del escenario donde transcurre el suceso: esa casa antigua y alejada de la mano de Dios. Sobretodo predominan los pasillos, que contribuyen notoriamente dotando a los planos de una mayor profundidad de campo.

Todos los elementos previos son combinados acertadamente gracias a una dirección muy elegante por parte del realizador André Øvredal. Cierto es que no presenta nada novedoso, pero se defiende acertadamente (al igual que hacen ambos actores protagonistas con sus respectivas interpretaciones).

A pesar de lo expuesto anteriormente relativo a las formas, La autopsia de Jane Doe es una obra que flojea en muchos aspectos de guión. Como ya he comentado, mezcla todo lo demás de una manera bastante aceptable, pero no aporta nada nuevo al cine de terror, además de caer en algunos tópicos y lagunas narrativas. De hecho la película comienza a flaquear a mitad metraje, alargándose dolorosamente hasta llegar a un final sin fuerza. La sensación de anticlímax que se genera en el mismo es enorme.

André Øvredal dirige por tanto un ejercicio muy respetable e interesante de ver pero que lamentablemente no quedará en el recuerdo. Y es que en el fondo La autopsia de Jane Doe está —al igual que los cadáveres de los que se ocupan sus protagonistas— vacía.

Escribe Pepe Sapena  

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