Madre sólo hay una (3)

  11 Diciembre 2016

La búsqueda de la identidad

madre-solo-hay-una-1Anna Muylaert, directora de la exitosa y multipremiada película Una segunda madre (2015), vuelve a la gran pantalla para presentarnos su nuevo filme Madre sólo hay una, obra que comparte con su predecesora temas como la maternidad, la familia o la adolescencia, entre otros tantos. En esta ocasión la historia gira entorno a Pierre, un joven brasileño que descubre no solo que no es hijo de su supuesta progenitora, sino que encima fue robado por la misma.

La principal cuestión que retrata la película es la de la identidad, concretamente la de nuestro protagonista Pierre (o Felipe de acuerdo al nombre que le pusieron sus padres biológicos). Pierre, el eterno adolescente, tiene problemas para entenderse y encontrarse a sí mismo, tal y como se muestra a través de su comportamiento sexual y de los secretos que guarda detrás de la puerta de baño. Dichas dudas se acrecientan cuando descubre que la que hasta entonces parecía ser su madre no es sino una ladrona que le arrancó de las manos de otra gente. Pierre se verá entonces sumido en un mar de incertidumbre y confusión.

El filme comparte una gran cantidad de aspectos con la conocida De tal padre, tal hijo (2013) del célebre realizador japonés Hirokazu Kore-eda. En ambas obras se reflexiona sobre la institución de la familia, concretamente sobre la supuesta consanguinidad que debe haber entre sus distintos individuos, una idea tan arraigada como obsoleta y absurda en los tiempos que corren y de la que nos debemos deshacer.

A su vez existe un pronunciamiento con respecto a los vínculos paterno-filiales, Muylaert explica sobre el mismo: “Bien, es una película que habla mucho sobre la maternidad y la paternidad que son relaciones de tipo vertical, y luego el film camina hacia la fraternidad que es un enlace horizontal. Creo que la obra va dejando la idea de la autoridad para entrar en la idea de los afectos”. Este es pues el mensaje que manifiestan las dos películas: un canto a la vida, al amor y a la tolerancia.

Además de los ya citados, otro tema importante que comparte el filme con el anterior de la misma directora es el de la clasificación social, y es que en sendas obras podemos observar una clara comparación entre las clases humildes y aquellas más acomodadas. Pierre proviene de un barrio pobre, y el contacto con sus padres biológicos hace patente la irracionalidad de los mismos. La liberalidad se enfrenta al conservadurismo, algo que vemos reflejado en un acto tan pequeño y sencillo como puede ser el de ir a comprar ropa. Pero no nos equivoquemos: Muylaert no critica a la gente con dinero, sino a la actitud que adoptan algunos de ellos.

La adolescencia es también una poderosa cuestión que se desarrolla a lo largo de toda la película, y no sólo se hace a través de la figura del protagonista. Así, podemos por ejemplo ver a través de su pequeño hermano de sangre una representación del amor juvenil. Magnífica la secuencia en la que observamos ese juego de pasiones y rechazos, todo contado gracias a la simple pero expresiva imagen de un banco situado en el patio escolar.

El filme transcurre en un entorno urbanita, perfecto para relatar los temas de la adolescencia y la identidad sexual. Las localizaciones ayudan también a establecer esa confrontación entre los barrios bajos y aquellos más acaudalados. De hecho, cuando ambos mundos se unen por vez primera lo hacen a través de un punto intermedio entre los mismos: un restaurante de aspecto neutral.

En cuanto a lo que la técnica cinematográfica se refiere, destaca sobretodo el efusivo uso de la cámara en mano. Se trata, obviamente, de un elemento lingüístico justificado: como espectadores estamos situados dentro de la película, compartiendo emociones con Pierre, empatizando con él. La cámara en mano ayuda a transmitir esa sensación de agobio y de asfixia que sufre el protagonista ante todo lo que esta viviendo y concretamente ante la falta de tacto por parte de sus familiares consanguíneos.

Madre sólo hay una es por tanto una obra sumamente interesante de un contenido muy extenso y elaborado; un filme muy reflexivo que incita a una gran variedad de pensamientos con respecto a todo aquello que plantea; una película con un mensaje esperanzador encarnado por las ideas de afecto y de fraternidad.

Escribe Pepe Sapena  


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