BAB’AZIZ, EL PRÍNCIPE SUFÍ (3)

  08 Abril 2008
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Título original: Bab'Aziz
País, año:

Túnez, Francia, Alemania, Irán y Hungría, 2005

Dirección: Nacer Khemir
Producción:

Cyriac Auriol y Ali-Reza Shojanoori

Guión: Nacer Khemir y Tonino Guerra
Fotografía: Mahmoud Kalari
Música: Armand Amar
Montaje: Isabelle Rathery
Intérpretes:

Parviz Shahinkhou, Maryam Hamid, Nessim Kahloul, Mohamed Grayaa

Duración: 98 minutos
Distribuidora: Karma films
Estreno: 7 marzo 2008

El misticismo sufí o la búsqueda de Dios
Escribe José Luis Barrera

Aziz es un maestro sufí, anciano y ciego, que acude a la reunión general de derviches que se celebra cada treinta años, en un lugar indeterminado del desierto, acompañado de su nieta Ishtar. Sólo la fe podrá llevarle al lugar de dicho encuentro. A través del largo camino –el desierto que todo él es un sendero– que recorrerá se encontrará con Osman, que sueña con encontrar el palacio y las doncellas que descubriera un día al caer en un pozo con Zaid, cuyo canto sedujo a una bella mujer que se desvaneció al amanecer; y con Hussein, en busca de su realización espiritual. A la vez, Aziz le contará, a lo largo de su andadura, atravesando el océano de las dunas, la historia del príncipe que abandonó su reino y que –persiguiendo a una gacela– contempló su alma en un manantial, hasta convertirse en un derviche.

babazizelsabiosufi1.jpgNos hallamos ante una de esas maravillosa joyas que, aunque pequeña, brilla por el esplendor de su belleza; la película es como una miniatura de un libro antiguo y oriental: todo lo que es el mundo, todo lo que siente el hombre, todo lo que sueña, su sed de Dios y su ansia de eternidad se encierran ella.

Su director, el tunecino, poeta, pintor, cuentacuentos, Nacer Khemir, de quien conocemos su otros filmes, Los balizadores del desierto y El collar de paloma (otras joyas cinematográficas prodigios de sensibilidad y belleza), nos muestra el rostro de paz y tolerancia, de espiritualidad y misticismo que tiene el Islam, en contraste con esa otra cara de intolerancia, fanatismo y violencia que diariamente los noticieros de los medios de comunicación nos muestran.

babazizelsabiosufi2.jpgA la vez, el filme nos describe de un modo verdaderamente poético la vida de los derviches o sabios maestros sufís, su honda espiritualidad, tan cercana a la sensibilidad de la mística cristiana.

El filme, que arranca con una secuencia donde un derviche expresa su meditación en la soledad con una danza que gira sobre sí mismo, sigue después con la sorprendente escena del despertar del  anciano y su nieta después de haber soportado una tormenta de arena en el desierto: como si de él nacieran, emprenden el camino que con la luz de su corazón, hambriento de trascendencia, irán descubriendo.

En algunos momentos, la película recuerda sorprendentemente a la versión que de Las mil y una noches hizo el gran poeta y cineasta Pier Paolo Pasolini –la historia de Osman y sus escarceos amorosos (tal vez aquí se vea la influencia del guionista italiano Tonino Guerra, que es coguionista)– y también a imágenes propias de la poesía de San Juan de la Cruz (la gacela que huye, el manantial y el pozo, el amado y la amada) y acaba con una secuencia, al final ya del camino, al final de la vida del anciano sufí, llena de autentica emoción religiosa.

En medio de tanto cine baladí, de imágenes de grosera violencia y discurso vacío, uno se encuentra maravillado ante la belleza estética, el espiritual discurso y la reflexiva profundidad de este filme.

Lastima que sólo se proyecte en salas algo restringidas y que su proyección en pantalla sea algo defectuosa.

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