Sunset Song (2)

  28 Julio 2016

Preciosismo vacuo

sunset song-1Terence Davies adapta la novela homónima del escritor Lewis Grassic Gibbon, considerada como una de las novelas escocesas más importantes del siglo XX. En los albores de la Primera Guerra Mundial, una pobre familia de campesinos escoceses que viven en Aberdeen, subsisten a base de cultivar la tierra.

Son cuatro hijos y una madre que viven reprimidos bajo la tiranía de un padre de esos a los que todos temeríamos que los tiene atemorizados bajo su estricto. La historia de esta familia es narrada a través de los ojos de su joven hija, Chris, quien crecerá bajo el influjo de su comunidad, su tierra y su pueblo.

Podríamos decir que Sunset Song es una crónica perfectamente inspiradora sobre el paso del tiempo, el devenir de los años y el destino inevitable que a todos nos espera. Chris, la protagonista de esta historia, es un personaje prototipo en el cine de Davies: ella es una mujer oprimida por un entorno familiar que se vuelve insostenible por culpa del patriarca, quien utiliza a los suyos a su antojo y para lo que quiere en cada momento de su vida, pues interpreta que son de su propiedad.

Se trata de una cinta de más de dos horas que basa su formalismo en la concatenación de interminables planos fijos fotografiados como si de bellos cuadros pictóricos se trata. Incluso podemos pensar que el tratamiento de la luz y de sus elementos retratados remite directamente al impresionismo o al paisajismo inglés, corrientes en las que sin duda se ha basado para hacer una fotografía familiar a través de los tiempos.

Este preciosismo estético se halla en cada imagen, en cada recoveco de la cinta, haciendo que cada instante que atendemos sea observado como una preciosa y perfecta postal encuadrada, lo que no necesariamente tiene por qué ser bueno. Esta obsesión por la perfección del fotograma implica que todo está medido con el calibre de la pintura, que no es el mismo rasero que que se aplica a la cinematografía, por supuesto.

De hecho, todo está tan bien puesto que Davies aparca la emotividad y el calibre más dramático de la historia y todo resulta demasiado frío, demasiado distante, aunque estemos observando una serie de imágenes perfectas en su formalidad pero que arrastran un dramatismo inevitablemente vacío en su contenido.

Todo resuena a una canción irlandesa antigua, a una oda bucólica de la tierra y sus gentes, a la historia de una pobre muchacha enfrentada a su naturalista sino, pero al final cuesta empatizar con la historia de esta heroína con tan mala pata en la vida.

La historia de Chris es de aquellas tan trágicas y desdichadas que uno quiere vivirla, sentirla en sus carnes y llorarla desconsoladamente en silencio, pero al final todo se queda en una observación casi empírica de las vivencias de esta chica.

Por un lado, todo es muy loable por su admirable precisión estética y su rigor expositivo y narrativo, pero a la vez, su resultado se revela como demasiado sobrio y observador como para remover ese poso de emoción que todos buscamos en una película de tamañas proporciones dramáticas.

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Diríamos que toda la historia busca una grandilocuencia y una ambición en sus planteamientos formales que buscan lo excelso, y en muchos sentidos lo consigue. Estamos delante de la cinta más ambiciosa de Terence Davies y a la vez estamos también delante de la cinta más conservadora que jamás haya realizado.

Su propuesta se puede inscribir más en la de la tradición del cine clásico norteamericano de modelo johnfordiano. Esa que apuesta por la tranquilidad de la historia y por el desarrollo natural de la misma, dejando que el sentimiento aflore por sí mismo, aunque en este sentido todo se resienta como demasiado forzado.

Las disquisiciones interiores y los monólogos en off que oímos de Chris se hacen cansinos y hasta un tanto reiterativos, y tampoco llegamos a entender cómo el novio que se antoja perfecto se convierte en el marido demoníaco y despreciable que toda mujer rechazaría sin motivaciones aparentes que justifiquen la transformación.

En definitiva, es una cinta que fuerza lo bello en detrimento de una historia mucho más pulida y emotiva. Mucha fuerza visual y mucho esteticismo para una historia que no logra calar hondo, lo cual resulta ser toda una lástima aunque a su vez sea todo un logro.

Escribe Ferran Ramírez


Más información sobre Terence Davies:
The Deep Blue Sea

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