KEANE (4)

  04 Abril 2008
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Título original: Keane
País, año: Estados Unidos, 2004
Dirección: Lodge Kerrigan
Producción: Andrew Fierberg
Guión: Lodge Kerrigan
Fotografía: John Foster
Pr. ejecutivo: Steven Soderbergh
Montaje: Andrew Hafitz
Intérpretes:

Damian Lewis, Abigail Breslin, Amy Ryan, Tina Holmes, Christopher, Liza Colon-Zayas, John Tormey, Brenda Denmark, Ed Wheeler, Yvette Mercedes, Chris Bauer, Lev Gorn, Frank Wood

Duración: 90 minutos
Vestuario: Catherine George
Estreno: 11 mayo 2007

La ausencia del plano general
Escribe Víctor Rivas

Las películas del denominado cine independiente americano parecen concretarse en un estilismo basado en dos apuestas formales fundamentales. Por un lado, parece del todo necesario el uso de una cámara vibrante y dislocada, incapaz de enfocar con precisión lo que filma. Por otro, la temática argumental siempre gira en una crisis generalizada de la sociedad norteamericana.

keane1.jpgEn el primer caso, el aspecto pretendidamente “amateur” de la puesta en escena supone una aproximación a las maneras revolucionarias del denominado “cinema véritè” de los años sesenta, con esa pretensión documentalista. En el segundo caso nos encontramos con una crítica, más o menos mordaz y atinada, de una sociedad en descomposición moral e ideológica.

Sin embargo, el cine independiente ha sido absorbido por la industria cinematográfica, tanto en el terreno de la producción como en su transformación en género cinematográfico. En definitiva, el cine independiente pretende, una vez más, cuestionar el modelo clásico de narrar.

En el caso de Keane, no se consigue tal pretensión, si por modelo clásico de narración entendemos aquél que sigue un relato cuyas imágenes tienen una relación causa-efecto entre ellas. La historia narrada en este filme responde a este modelo clásico. Lo trascendental de Keane, o lo más interesante de su propuesta, es la colocación del plano en una zona intermedia entre el plano medio y el primer plano, con una ausencia generalizada del plano general. Por esta razón, quizás, podríamos hablar de Keane como una película que desvirtúa las posibilidades estilísticas del modelo clásico, donde la fragmentación en distintas escalas de planos permitía el montaje transparente, invisible, de las imágenes, lo que ayudaba a la identificación relato-espectador.

keane3.jpgAquí, la cámara es inquisitiva, tan cercana que asola al personaje, lo asfixia hasta no dejar aire entre su rostro y el resto de la imagen representada. En el inicio del filme, la casi plena utilización del primer plano nos impide identificarnos con el protagonista, pues apenas vemos su rostro, sólo adivinamos su perfil. Esto crea una situación embarazosa e incómoda en el espectador, habituado a la representación en planos generales para permitir una ubicación con respecto a lo que acontece en la pantalla.

La utilización del primer plano y de la cámara al hombro no es sólo una opción formal para crear una sensación de documental. También es un recurso que reafirma la soledad del personaje, a la vez que permite reducir la película a un solo punto de vista.

El trabajo interpretativo es fundamental en Keane, ya que la cercanía del encuadre no puede esconder nada de lo que se filma. Cada gesto está aumentado al operar siempre desde una distancia muy limitada. La fisicidad del filme es plena.

Lo curioso de esta propuesta formal es el desafío que plantea hacia ese elogio del realismo cinematográfico que se basaba en la utilización del plano secuencia. En Keane, dicho plano secuencia puede identificarse con esa cámara al hombro que pasea al mismo ritmo que el personaje. Así, el plano general, el montaje interno, han sido sustituidos por el reportaje incisivo y cercano.

keane2.jpgEl realismo en Keane no proviene de la transparencia del montaje, sino la cercanía o lejanía del personaje con respecto a la cámara. El primer plano, tan alejado de los presupuestos del llamado “realismo cinematográfico” por ser considerado un artificio, se ha convertido en Keane en todo lo contrario, al asumir muchas de las propuestas estilísticas del reportaje televisivo, cuya veracidad y realismo nunca son puestos en duda. La cámara de Keane quiere decirnos todo el tiempo que ella actúa en tiempo presente, que sus imágenes son filmadas en “riguroso directo”.

Esta originalidad es la que convierte este filme en una obra de imprescindible visionado.