A CIEGAS (3)

  27 Marzo 2008
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Título original: Blindsight
País, año: Reino Unido, 2007
Dirección: Lucy Walker
Producción: Lucy Walker
Guión: Lucy Walker
Fotografía:

Michael Brown, Petr Cikhart, Keith Partridge, Mahyad Tousi y Lucy Walker

Música:

David Christophere y Nitin Sawhney

Montaje: Sebastian Duthy
Intérpretes:

Erik Weihenmayer, Sabriye Tenberken, Sonam Bhumtso, Gyenshen,  Dachung

Duración: 104 minutos
Distribuidora: Karma Films
Estreno: 19 marzo 2008

Los ojos del alma
Escribe Purilia

Sinopsis
Seis adolescentes tibetanos acompañados de su educadora Sabriye Tenberken y del montañero Erik Weihenmayer y un competente equipo humano de apoyo acometen la escalada de una de las montañas del Himalaya, el Lhakpa Ri, una cumbre de 7.045 metros de altura, situada en la cara norte del Everest. Una fascinante, peligrosa y casi heroica aventura si se considera que los ocho protagonistas son ciegos.

Participantes en la expedición

aciegas1.jpgERIK WEIHENMAYER. Alpinista ciego americano. Nacido en Colorado, en 1968. Perdió la vista a los trece años. Su madre fue para él un soporte fundamental en esa etapa. Murió cuando estaba acabando de superar su situación. Su padre y sus dos hermanos le ayudaron a ser lo que hoy es. Empezó a escalar a los quince años. En mayo de 2001 conquistó la cumbre del Everest. En un período de siete años consiguió escalar las Siete Cumbres, las siete montañas más altas del mundo. Pertenece al selecto grupo de los ciento cincuenta escaladores que lo han conseguido, aunque él es el único invidente. Autor del libro autobiográfico Toch the top of the world donde cuenta sus experiencias.

SABRIYE TENBERKEN. Educadora y aventurera invidente alemana, nacida en 1970. Co-fundadora de la primera escuela para ciegos del Tibet, Braille sin fronteras, junto a Paul Kronenberg. Ciega desde los doce años, se concienció pronto de que para ella había los mismos límites que para cualquiera. Aprendió a esquiar, escalar, montar a caballo... Y pronto su espíritu emprendedor, entusiasta y altruista la llevó a instalarse en el Tibet y fundar la primera escuela para ciegos en Lhasa. Iba por las aldeas recogiendo a los niños ciegos para llevarlos a su escuela. Allí se han formado (les han enseñado braille en tres idiomas: tibetano, chino e inglés), han recobrado la autoestima, han aprendido a ser felices, a compartir, a confiar en si mismos, a tener ilusiones…

GRUPO DE ADOLESCENTES. Todos son niños de familias muy humildes, acostumbrados a trabajar desde pequeños y la mayoría despreciados por sus propios padres.

aciegas3.jpgDACHUNG (“Pequeña luna”). 14 años. Ciego desde los cinco años.  Se vale bien por sí mismo.

TENZIN (“Guardián de las enseñanzas de Buda”). 17 años. Vive solo con su padre y hermanos. Su madre se marchó de casa.

KYILA (“Feliz”). 18 años. Es huérfana. Ciega de nacimiento como sus padres y sus hermanos. Hace todas las tareas de la casa. Después de la expedición ha conseguido una beca para estudiar en Inglaterra y formarse para ser profesora de la escuela.

SONAM BHUMTSO (“100.000 lagos bellos”). 15 años. Se quedó ciega de niña. Es guapa y alegre. Sonríe continuamente.

GYENSHEN (“Estandarte de la victoria”). 17 años. Ciego desde la infancia. Su madre cree que es ciego porque una serpiente le maldijo. Se avergüenza de su hijo porque son despreciados en la comunidad por su ceguera. “Un hombre sin ojos no es un hombre completo” dice. Es voluntarioso, fuerte y sensible. Cuando sea mayor quiere ser editor.

TASHI (“Afortunado”). 19 años. Es un superviviente, un marginado, un niño que viene de las calles. Nunca bromea, ni sonríe. Tiene la historia más cruda de todos. Es oriundo de una aldea de China. Cuando tenía diez años, sus padres lo vendieron a un matrimonio chino que le puso a mendigar en las calles de Lasha y que le maltrataba cuando no conseguía suficiente dinero. Un día se escapó y desde entonces tuvo que sobrevivir sólo. De las calles lo recogió Sabriye y se lo llevó a su escuela. Allí aprendió a dar masajes y su ilusión es perfeccionarse en esta labor y abrir su propio negocio. La expedición le dio confianza en sí mismo y aprendió a sonreir.

Origen del proyecto

aciegas2.jpgEn el Tibet creen que la ceguera es un castigo por haber hecho algo malo en una vida anterior. Por eso los invidentes, aunque sean niños, son tratados como si estuvieran poseídos por demonios, no se les respeta, sus familias los esconden porque se avergüenzan de ellos y la sociedad en general los margina.

En su deseo de fomentar su autoestima en un entorno tan hostil, a Sabriye Tenberken se le ocurrió, al conocer la hazaña de Erik Weihenmayer, requerir su presencia en la escuela para contar su experiencia a los niños y estimularles a emprender un proyecto similar. Ella siempre ha creído que la ceguera, más que una minusvalía, es un rasgo de la personalidad y no cree que ésta sea impedimento para lograr cualquier meta si pones en ella el suficiente entusiasmo y dispones de la preparación y ayuda necesarias. Escribió a Erik, contándole el estado de carencia afectiva, sanitaria y de recursos que los niños ciegos sufrían en el Tibet y le invitó a visitar su escuela. Eric, impresionado por su labor, aceptó la propuesta y juntos pusieron en marcha el proyecto.

Primero seleccionaron entre todos los alumnos de la escuela los seis que Sabriye consideró más idóneos y, luego, Erik y su equipo se pusieron a trabajar con ellos. A cada chico se le asignó un guía occidental que estaría pendiente de él en todo momento. Ninguno de los jóvenes había escalado nunca y hubo que entrenar duro antes de emprender la aventura. “La escalada es muy táctil” –dice Eric–. “Para un ciego todo está hecho de sensaciones”. El objetivo se fijó en el Lhakpa Ri, un monte de 7.045 metros de altura, desafío suficiente para estos jóvenes inexpertos.

La película

La película recoge el proceso completo de gestación y desarrollo de la expedición. En una especie de preámbulo con la pantalla en negro y un subtítulo que dice “mayo 2001”, la voz en off de Erik Weihenmayer narra cómo consiguió llegar a la cumbre del Everest. Después aparecen las imágenes que lo confirman y, de nuevo sobre negro, el título de la película –Blindsight–, en braille.

La hazaña de este joven escalador ciego da pie al inicio del documental, que a partir de aquí fluye de forma natural, reconstruyendo el origen de la idea de Sabriye, su e-mail a Erik contándole sus intenciones y como éste aceptó el reto. La voz de Sabriye nos sitúa en el entorno geográfico, social y cultural del Tibet y nos cuenta los prejuicios y rechazo de esta cultura hacia las personas ciegas.

Una estructura narrativa lineal intercalada permite asistir de forma alternativa al desarrollo cronológico de la aventura y al conocimiento de la singladura personal de los ocho protagonistas, gracias a un montaje fluido y unos diálogos didácticos (sobre escalada) y humanos (sobre convivencia, paciencia y humildad), siempre interesantes.

La directora va dosificando la información de los personajes principales, ofreciéndonos los datos más significativos sobre cada uno de ellos: el origen de su ceguera, cómo la asumieron y cómo la viven y afrontan en la actualidad, a través del testimonio de sus allegados y de ellos mismos, de videos domésticos de su vida pasada, documentos grabados en sus aldeas, fotografías, material de archivo, etc. Asistimos paralelamente a las vicisitudes que tienen que soportar para alcanzar su objetivo, a las discrepancias entre los miembros del equipo…

Sabriye y Erik cuentan además en primera persona sus pensamientos, reflexiones y forma de afrontar y superar este reto. Se aportan también esquemas y mapas geográficos en 3D de la ascensión, para que el espectador no pierda la referencia espacial.

El tono de la película es sobrio, humano, próximo y sensible, pero sin concesiones melodramáticas. Su mensaje, didáctico y solidario. La cámara pone los ojos a la mirada interior de Sabriye y Erik (“Perder la vista no significa perder la visión”) y a la ilusión y el esfuerzo de los chicos por conseguir el objetivo propuesto, sin apelar a la empatía con el espectador a través de la pena o la compasión.

Sin abusar del gran plano general (tan tentador en documentales de este tipo que minimizan al hombre frente a la naturaleza), filmando a los personajes de cerca para que veamos su esfuerzo, sus dificultades y la superación de las mismas, sacrificando el preciosismo visual del entorno en aras de una mayor expresividad.

El título original (“blind” ciego y “sight” vista) es además de una descripción literal, un neologismo sobre el estado de invisibilidad social que sufren los ciegos tibetanos y un término médico que define una zona de la corteza cerebral que produce en los invidentes una sensación de percepción visual. La traducción castellana no resulta especialmente acertada, ya que “A ciegas”, es una locución adverbial que significa ciegamente o lo que es lo mismo hacer algo sin conocimiento, sin reflexión. Nada más lejos de la realidad en este caso. Una expedición pensada, medida y realizada sopesando todos los riesgos. Aunque hay quien puede pensar que emprender una aventura de este tipo conlleva cierta dosis de irresponsabilidad e irreflexión.

La película es un canto a la alegría de vivir (“No puedo ver pero soy feliz” dice uno de los protagonistas en un momento determinado), a pesar de las limitaciones (“Rodéate de un buen equipo, no te pongas límites y ve a por ello” dice Sabriye), a la superación personal, a la integración social (“No tuve miedo de quedarme ciego y ver la oscuridad”, dice Erik. “Tenía miedo de quedarme al margen y de que me olvidaran, de ser marginado”), al esfuerzo de los seres humanos, sea cual sea su limitación, por alcanzar sus deseos, a la imaginación (“La ceguera es imaginación constante”, dice Sabriye), y a la solidaridad como vínculo de unidad (“Este viaje ha sido más sobre amistad y compañerismo que sobre montañas” acepta Eric al final del viaje). La canción que cantan los niños durante los créditos finales (Happy together de The Turtles) es un homenaje, también, a esa intención.

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La directora

Lucy Walter es una joven directora de cine inglesa, una de las “25 nuevas caras del cine” según la revista Filmmaker. Estudió Literatura en Oxford y se licenció en Bellas Artes en la Universidad de Nueva York. Ha dirigido cortometrajes, videoclips y programas para la televisión. Cuenta con un brillante historial de premios y reconocimientos.

Su primer documental, titulado Devil’s playground, cosechó varios de ellos y con este segundo ya ha conseguido el Premio del Público de los Festivales de Berlín 2007, del American Film Institute de Los Angeles 2006 y del Palm Springs Internacional Film Festival 2006; además se ser nominado en otros tantos. Actualmente está dirigiendo su primera película de ficción para BBC Films.

Aunque siempre le han interesado los temas de integración social, este proyecto la interesó expresamente porque ella misma se siente muy próxima a estos jóvenes, ya que es ciega, de nacimiento, de un ojo.

Walker, que firma también el guión y colabora en la dirección de fotografía, afrontó un rodaje con no pocos inconvenientes, tanto de tipo técnico (utilizando minicámaras con las que rodaba en el modo “film” para conseguir una apariencia cinematográfica) como de carácter humano (“Al  principio pensaba que rodar con ellos sería más fácil, en el sentido de que no serían conscientes de estar siendo grabados. Luego me di cuenta de que eran tan conscientes como el resto, e incluso me planteé si no eran capaces de vernos. Ellos tienen ojos con los que nosotros no vemos” dice).

Asegura que ha hecho una película para los que ven, pero especialmente para los que no pueden hacerlo, utilizando lo último en tecnología de descripción de audio para espectadores ciegos con la esperanza de que “esta película anime a las salas de cine a que instalen dicho sistema”.

Cine solidario

Este documental forma parte de una iniciativa de Karma Films en la cual, entre el 7 de marzo y el 3 de abril de 2008, se están proyectando en cines de Madrid, Barcelona, Valencia y otras capitales españolas cuatro películas relacionadas con cuatro causas de temática social y ecológica.

Sus títulos son: Paisajes transformados (sostenibilidad y medio ambiente), Nuestro pan de cada día (alimentación y maltrato animal), A ciegas (marginación e integración) y Oro negro (explotación y comercio justo). De nacionalidades diferentes, todas las películas se proyectan en versión original con subtítulos en castellano de diferentes colores para que las personas con deficiencias auditivas puedan identificar a los hablantes. Parte de la recaudación de estas proyecciones se destinará a la ONG “Cooperación Internacional”.

Buen cine documental, comprometido con la sociedad, necesario y revulsivo. Enhorabuena a sus autores, y a todos los que financian, difunden y apoyan estas iniciativas solidarias: GRACIAS.