MONSTRUOSO (2)

  21 Marzo 2008
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Título original: Cloverfield
País, año: Estados Unidos, 2008
Dirección: Matt Reeves
Producción: J. J. Abrams - Paramount Pictures
Guión: Drew Goddard
Fotografía: Michael Bonvillain
Música: No contiene
Montaje: Kevin Stitt
Intérpretes: Lizzy Caplan,  Jessica Lucas,  T.J. Miller,  Michael Stahl-David,  Mike Vogel
Duración: 90 minutos
Distribuidora: UIP - Paramount
Estreno: 1 febrero 2008

La subjetividad del terror
Escribe Víctor Rivas

En la canónica Cahiers du cinema España del mes de marzo, Monstruoso (Cloverfield, Matt Reeves, 2008) ha sido sometida a una doble crítica. Por un lado se enfatiza el elemento visual y estético, destacando su capacidad para fundir la temática de las películas con monstruo con una cierta estilística vanguardista. Por otro lado, se realiza una crítica sobre la invalidez de su argumento, al utilizar una parafernalia estética que provoca un mareo constante con unos excesivos movimientos de cámara que siguen contando lo de siempre. Lo que demuestra esta doble valoración del filme de Matt Reeves es la división entre una crítica que sigue empeñada en relatar la película, fijándose sólo en el argumento (el caso de Losilla) y una crítica que pretende, aunque sigue sin clarificar sus métodos, analizar la imagen en sí.

monstruoso2.jpgNo parece, sin embargo, que ambas críticas sean distintas en intenciones, sino complementarias. Si para Losilla Monstruoso cuenta lo de siempre, pero mal contado, para Quintana es una nueva muestra de contar lo de siempre bajo el prisma visual del subjetivismo. Losilla no puede aceptar el devenir del cine hacia formas cercanas a las del videojuego porque para él todo ha sido ya contado mucho mejor en la etapa clásica: “Es la tradición del Hitchcock de Los pájaros, del Polanski de La semilla del diablo o del propio Romero de La noche de los muertos vivientes...”. Es decir, lo que cuenta Monstruoso no es válido porque su estética estropea su argumento. Lo fundamental es lo que sienten los personajes.

Monstruoso demuestra el cambio operado en el relato cinematográfico con las nuevas estilísticas que impregnan el cine de ficción actual, y que son deudoras del auge del documental. Lo que propone este filme es una elevación estética del género de terror adolescente, en la variante de monstruo que asola un lugar y lo destruye, para que sea incorporado en el panteón del cine de autor. En definitiva, se trata de cambiar simplemente el montaje lineal y transparente por una cámara al hombro que pretende convertirse en una sustituta de la cámara periodística.

Todos los elementos que han definido al cine de terror están aquí, sin que falte la trama amorosa y sexual de los adolescentes, los ruidos que anticipan al monstruo en la oscuridad o el héroe que decide salvar a su amada y arriesgar su propia vida. Lo que hace que este discurso omnipresente en el género de terror sea algo que parezca original es el uso de la cámara subjetiva.

monstruoso1.jpgEn este sentido, la película tiene una relación, más que estrecha con REC (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2006), al plantear la posibilidad de vivir el filme como un documento. El uso de la cámara subjetiva introduce al espectador aun más en el filme, disminuyendo la distancia entre la puesta en escena (el artificio) y la recepción del público, con lo que el modelo canónico de estética del cine se ve, de esta forma, sublimado. Esto hace que Monstruoso no pueda ser entendida como vanguardista, sino como un juego de perspectivas, pero sin demarcarse por realizar una nueva estética del género, sino recogiendo una nueva “moda” que impregna el actual cine independiente. La cámara al hombro ha sido, y sigue siendo, una opción técnica reconocida como autoral y original por cierta crítica.

Pero esto no significa que Monstruoso no abunde en momentos de cine que impactan por la fuerza de su visualidad. Destacan, sobre todo, esas imágenes donde la cámara no recoge absolutamente nada que tenga que ver con lo que narra, como cuando filma desde el suelo después de una explosión. Aquí adquiere toda su fuerza el elemento cámara en directo. Al igual que un vídeo de aficionado, estos instantes parecen responder a la arbitrariedad de lo filmado, sin que parezca que exista una puesta en escena que construya el artificio, aunque, lógicamente, sí que la hay.

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Especialmente significativa es la escena del final del filme, donde, tras la caída del helicóptero, la cámara graba el suelo y lo que parece un cuerpo de alguien tendido delante de ella. Una vez que el cámara-narrador-protagonista vuelve a recoger la cámara después de sobrevivir al accidente, un giro nos muestra al gigantesco monstruo dispuesto a devorarlo. El terror se materializa desde la banalidad de lo mostrado, desde lo cotidiano a lo maravilloso y terrorífico.

El actual cine subjetivo de terror intenta construir un nuevo modelo estético asomándose a las prácticas digitales de los videojuegos, y es ahí donde podemos adivinar una cierta originalidad en Monstruoso.

Por último, un interrogante que, quizás pueda parecer una perogrullada: ¿existe director cuándo todo el tiempo se nos hace creer que el filme está grabado por un personaje que, en definitiva, sólo es un aficionado que filma sin idea de la puesta en escena? ¿El cine sigue siendo esa cosa que un autor construye con la puesta en escena o una sucesión de imágenes digitales montadas con un ordenador?