LOS PERROS DORMIDOS MIENTEN (3)

  16 Marzo 2008
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Título original: Stay / Sleeping dogs lie
País, año: Estados Unidos, 2007
Dirección: Bob Goldthwait
Intérpretes: Melinda Page Hamilton,  Bryce Johnson,  Geoffrey Pierson,  Colby French,  Jack Plotnick
Guión: Bob Goldthwait
Producción: Marty jr.
Fotografía: Ian S. Takahashi
Música: Gerald Brunskill
Montaje: Jason Stewart
Duración: 89 minutos
Distribuidora: Lauren Films
Estreno: 7 marzo 2008

Si quieres ser feliz, miente
Escribe Mister Arkadin

Es esta la primera película que llega a España de unos de esos cómicos que parecen querer poner todo patas arriba. Su nombre es Bob Goldthwait. Actúo en películas seriadas de torpe humor como Loca Academia de policía en sus variantes II (1985) y III (1986). También ha estado “presente” en uno de los primeros capítulos de  Los Simpson, así como en algún capítulo de la afamada serie norteamericana Aquellos maravillosos años, referente sin duda de la española Cuéntame.

losperrosdormidosmienten4.jpgGoldthwait desde muy joven se interesó por el humor. Formó pareja cómica con su amigo Tom Kenny. El dúo fue conocido como Bobcat and Tomcat. Ha intervenido también en varios shows televisivos como en el de Ben Stiller. Ha dirigido episodios para varias series televisivas. Su primera película como realizador fue Shakes the clown (1991). La segunda obra de este “incorrecto” neoyorkino se llamó Windy city heat (2003), estructurada como un falso documental. Realizada en principio para la televisión llegó a estrenarse comercialmente, incluso obtuvo un premio en el festival de cine de Montreal.

Su tercer filme es Los perros dormidos mienten (2007) que estuvo presente en los festivales de Sundance y San Sebastián. Es, por el momento, la carta de presentación entre nosotros de un realizador atípico y contestatario. Una película casi inclasificable dentro del humor del cine actual. Quizá algunos puedan tratar de encontrarle una cierta afinidad con el humor descerebrado de los hermanos Farrelly o del cine realizado o producido por Apatow. Con ellos mantiene exclusivamente un cierto tono, llamémoslo chabacano, en la presentación de algunas situaciones.

losperrosdormidosmienten1.jpgTambién se puede –y de ahí su presencia en el festival de Sundance– orientar esta película hacia la vertiente del cine indie, es decir el cine independiente norteamericano. Cercano está, entre nosotros, el estreno de Pequeña Miss Sunshine (2006) o Juno (2007), filmes, en apariencia, representativos de un tipo de cine que más aparenta que dinamita la narrativa clásica. Como ellas, Los perros dormidos mienten se centra en una historia que orbita alrededor del núcleo familiar. Pero, mientras en Pequeña Miss Sunshine y Juno la critica a la familia tradicional o al orden establecido (tanto da una cosa como otra) termina conduciendo la historia a una exaltación de ciertas tradiciones inalterables, la película de Goldthwait apuesta, toda ella, por sacar a la luz el débil mantenimiento de unas instituciones.

Desde una estructura propia de una película rosa, la historia va subvirtiendo los diferentes enfoques propios de ese tipo de cine. Nada de lo aparente se sustenta en una realidad. Hay que ir más allá. Para lograrlo, el filme lanza en su comienzo ya una andanada a la (falsa o hipócrita) decencia. No descubro nada si cuento el sorprendente punto de partida, sobre el que va a pivotar toda la película: la protagonista, una joven universitaria que se aburre en la habitación de su residencia, piensa que será divertido tener una experiencia novedosa., Observando las “posturas” de su perrito, no se le ocurre nada mejor que hacerle una mamada... Sí, como suena, a su perro. Un comienzo para poner, ya de entrada, los pelos de punta a las personas más “puritanas”.

losperrosdormidosmienten2.jpgEn su totalidad la acción va a transcurrir, después de este breve prólogo, años después de ese hecho. Nuestra protagonista enamorada accede a jugar a aquello que su novio le propone: ¿qué es aquello que hizo una vez y no se ha atrevido a confesar a nadie? Estamos en el mundo de las dudas y de las confesiones. De las verdades y de las mentiras. ¿Hasta dónde puede uno ser honrado consigo mismo, vivir diciendo la verdad? ¿Será preferible mentir sobre la mentira para seguir viviendo feliz?

Unos pocos personajes secundarios forman coro a la historia de esta protagonista perseguida por su culpa o por la duda. Una especie de “fauna” variada lindante con el absurdo: un hermano al que todos consideran la oveja negra y que se droga con lo que le echen, un padre y una madre intransigentes, un amigo de trabajo (la protagonista ejerce de profesora en un colegio), un amigo del hermano... Se trata, por supuesto, de caricaturas emergidas de una realidad.

La película dura lo que debe durar. Le bastan menos de noventa minutos para llevarse por delante todo lo que encuentra. El final parece que va a decantarse por el consabido cántico al ternurismo familiar, pero en una pirueta graciosa va incluso más allá de lo planteado hasta ese momento. Nos lleva ahora hacia una mentira generalizada, aquella en la que viven unos personajes, y que necesitan mantener o crear para poder tener un cierto grado de felicidad (?). Mentira que se traslada a aquellos otros personajes que mantenían una existencia rígida en sus moralistas planteamientos. Todos cuantos deambulan por el filme deberán guardar su secreto o, como máximo, conceder a los otros como verdad aquello que creen saber de lo que en realidad se oculta. Devolver a la pregunta otra mentira, que se apoya en su propia imaginación. 

Imprevisible, divertida y eficaz, se trata de una comedia si se quiere pobre en logros fílmicos. Más bien en algún momento parece que nos encontramos ante el típico filme televisivo, tal es su escasez de medios, tanto en escenarios como en actores o soluciones técnicas. Pero, incluso, aunque así sea, la película se convertiría en la otra cara de un (falsamente) complaciente telefilme que exige el final feliz.

Basa la mayor parte de sus logros en un guión bien construido, donde lo fundamental es ir dinamitando paso a paso la típica comedia familiar. La canción “infantilizada” de Charles Trenent abre y cierra la película. Todos pueden seguir tranquilos. Aquí no pasa nada

losperrosdormidosmienten3.jpgDesde el puro gamberrismo el propio director se reserva un papel, que señala el que quizá es el mayor de los ocultamientos o de las mentiras del filme. Toma la figura de uno de los pioneros del rock and roll, autor de baladas con las que cantaba “amores perdidos”. Goldthwait se reconvierte en Roy Orbison, el músico de las grandes gafas oscuras que sirvió de “modelo” a los creadores del comic de Spiderman para su doctor Octopuss. Orbison ha estado presente con sus canciones en varias películas, una de las últimas fue en American gangster (2007), pero, en cine, su mayor éxito procede de una de sus canciones más famosas, “Pretty Woman” que dio origen al título de la exitosa película de 1990. Un éxito del que Orbison no pudo ser testigo ya que murió dos años antes.

La presencia aquí de Orbison sirve para cerrar esta historia de unos secretos personales celosamente guardados, precisos para poder seguir viviendo en la hipocresía ganada de una falsa felicidad.