La mecánica del corazón (3)

  07 Mayo 2015

El amor y un reloj de cuco

jack-y-mecanica-corazon-1Y si ambos se unen, y se entienden, ¿llegan a compenetrarse de tal manera que superarán los obstáculos que encuentren en la vida?

Estamos hablando casi de antagonismos, porque el amor es sentimiento, o debiera serlo; y un reloj de cuco no deja de ser un aparato mecánico, al menos se comporta como tal. Al unir ambos ¿habrá auténtica simbiosis? Eso es lo que va a experimentar Jack, el joven protagonista de esta tierna, divertida, instructiva y cálida historia: conseguir que el sentimiento supere a la ficción y sus dificultades.

Basada en la exitosa novela del mismo título, original de Mathias Malzieu, que interviene en la dirección de la película —lo que se agradece—, analiza con unos adecuados dibujos animados, sugerentes y a veces hasta atractivos, esa cosa tan sencilla, y a veces tan poco analizada con precisión, que son las relaciones humanas y sus derivados. Además, han tenido la acertada idea de hacerlo con buenas dosis de sentido del humor.

Si cuando naces el frío es tan intenso, sobre todo en las aldeas de montaña, y no te arropan de inmediato, los latidos de tu corazón se debilitan y al poco se ha congelado. El remedio, sustituir dicho corazón dañado. ¿Cómo? En este caso reemplazándolo por un reloj de cuco, naturalmente que estando por medio la magia. Jack ya tiene corazón y no debe, ni puede, manipularlo bajo ningún concepto.

Le dan tres reglas que debe cumplir siempre, si quiere que su corazón funcione perfectamente. Son sencillas, y hasta agradables y beneficiosas. La primera, no tocar las manecillas. La segunda, que es estupenda, controlar los enfados, la ira en una palabra, para así vivir mejor. Sin embargo, la tercera diríase que es como irrealizable y casi imposible, y es la que se impone a las otras: nunca debe enamorarse.

Y hasta ahí podíamos llegar. ¿Qué es la vida, sus pasos, sus medidas, sin amor? Pues nos atrevemos a decir, sin dudarlo, que no es más que un simulacro, entre experiencias que se van acumulando, desde la facundia del trabajo profesional, y sus derivados, hasta las relaciones que se establecen con unos y otros. Pasando por los conocimientos que adquirimos, la mayoría siempre necesarios, hasta cierta empatía por las visiones de la naturaleza.

No es posible vivir sin enamorarse, y en cualquier momento puede ocurrir, de día, de noche, al lado del mar, en los bosques, en las plazas públicas, en los teatros… Jack se enamora al ver, y oírla cantar, a una joven andaluza, Acacia, de grandes ojos, aspecto sencillo y natural. Y tras de ella se irá, como un nuevo Quijote, aventurándose y desafiando a su corazón de cuco, dispuesto a superar esa tercera regla que le impusieron.

Por tanto, La mecánica del corazón es película a ver solos o acompañados, de grandes o pequeños, y disfrutar de esas sencillas aventuras con cierto doble sentido que nos llevan de Edimburgo a París, las calles granadinas y la magia de entender que el amor es tan necesario como la vida, donde se alberga y manifiesta. Aunque no sea una película redonda, no importa.

Sus leves imperfecciones no tienen mayor importancia, y hasta nos sirven para calibrar mejor las intenciones, y los logros, del equipo belga y francés, responsable de esta mecánica del corazón, capaz de superar dicha mecánica para iniciarse en la mecánica de los sentimientos de Jack y su corazón de cuco.

Escribe Carlos Losada

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