Los Boxtrolls (2)

  15 Diciembre 2014

La ciudad de los prodigios

los-boxtrolls-1Laika es una productora de animación especializada en stop motion, cuyos filmes han irrumpido con fuerza en el mercado audiovisual debido a su enorme calidad técnica y a su osada temática, por lo general bastante oscura y podría decirse que hasta siniestra, aunque siempre contrapunteada por un sutil humor negro. 

En efecto, suyas son las exitosas Los mundos de Coraline (2009) y El alucinante mundo de Norman (2012), dos pequeñas joyas de animación artesanal que supieron abrirse paso a 24 codazos por segundo en un mundo dominado por los diseños computerizados y presupuestos mastodónticos de Pixar o Dreamworks.

Sin restar mérito artístico a las dos grandes, debe decirse que la de Laika es una plantilla de artesanos, que literalmente se mancha las manos con tinta o plastelina en la elaboración de sus películas, y que además de diseñar sus escenas sobre la mesa de dibujo, echa horas en el set de rodaje junto a una cámara “real” que captura fotogramas recurriendo a planos clásicos, elementos como la iluminación o la construcción de decorados, e imprimiendo movimiento a unos personajes que si bien no son verdaderos actores, deben dirigirse como si lo fueran, esculpiendo en su rostro cada una de las emociones necesarias sin recurrir a plantillas infográficas preestablecidas.

Uno se siente sobrecogido ante la magnitud del trabajo de estos jornaleros del diafragma, y tiene un motivo más para ello cuando contempla su quehacer gracias al guiño final de Boxtrolls, una escena memorable en la que, bromas aparte, la sobreimpresión de los animadores sobre el escenario da muestras de la minuciosidad del mismo.

Pero Pixar o Dreamworks cuentan con algo más que computadoras, y por eso siguen siendo las mejores. Dejando aparte el hecho de que un dibujante lo será siempre, sea sobre el papel o sobre la pantalla de un ordenador, lo que imprime el sello de calidad a una producción animada es el alma creativa de los guionistas.

Así pues, lo que debe constituirse en objeto de crítica es la capacidad para aunar esas dos facetas artísticas en un todo coherente. Queda claro que Dreamworks y Pixar lo han conseguido de un modo más que notable; la pregunta es: ¿lo ha conseguido Laika? 

Laika inició su andadura en el mundo de los largometrajes con la colaboración del sobresaliente escritor Neil Gaiman y el trotamundos Henry Selick, el director de Pesadilla de antes de navidad, que antes había trabajado con Spielberg y la Disney.  Suya es la historia de Coraline, que aunque lejanamente inspirada en la Alicia de Carroll, estaba basada en un libro de Gaiman. Aquella película combinó por primera vez la técnica del stop motion con las tres dimensiones, y desde entonces esa mixtura ha sido marca de la casa en todos sus largometrajes.

En Los Boxtrolls esa técnica ha alcanzado su culmen, y es difícil imaginar cómo puede hacerse una stop motion más precisa, delicada y expresiva, sin recurrir a fuerzas sobrehumanas.

los-boxtrolls-3

La película está basada en la saga literaria de Alan Snow, Here be monsters, de sonado éxito en las islas británicas y que consta de tres novelas ilustradas, así que la inspiración en clásicos contemporáneos de la novela gráfica para jóvenes parece ser también un leit-motiv de Laika.

Eso parece pesar, sin embargo, a la hora de producir una adecuada simbiosis entre forma y contenido: el hecho de no contar con guiones originales —y guionistas especializados— para el formato cinematográfico, hace que la historia deba pasar por fases de adaptación que pueden menguar la calidad de la obra.

Boxtrolls es un ejemplo claro de ello, puesto que su factura técnica está muy por encima de un libreto casi tópico, sin apenas matices, que discurre por las conocidas sendas de la persecución al diferente o el abandono y desinterés por parte de los padres respecto a los críos. Excepto en la referencia a la deliciosa duda moral que asalta a dos supuestos malvados, los personajes no tienen aristas y puede decirse que responden a clichés, lo que contribuye a infantilizar de un modo notable la película, al no plantear conflictos excesivamente trabados y desenlaces mínimamente inesperados.

En ese aspecto, la aparición de Los Boxtrolls en el panorama cinematográfico no puede siquiera soñar con alcanzar la notoriedad del ejército de hacendosas criaturitas que son los Minions de la saga Gru. Es ahí donde se hace notar la construcción de un verdadero artefacto cinematográfico: Los Boxtrolls pueden funcionar muy bien en un libro, pero la ocurrencia y el chascarrillo visual deben dejarse en manos de los especialistas del medio, de manera que las resonancias poéticas no devengan cacofonías visuales.   

Laika y sus especialistas quizá debieran plantearse, ahora que han alcanzado la supremacía técnica, la posibilidad de contar con sus propios talentos narrativos. Seguramente ganarán un puesto en el podio del entretenimiento infantil, y un lugar en los corazones de los que aún aman la artesanía por encima de la infografía.

Escribe Ángel Vallejo


 

Más información sobre la productora Laika

El alucinante mundo de Norman (3)

Los mundos de Coraline (3)

los-boxtrolls-4