EN EL PUNTO DE MIRA (1)

  13 Marzo 2008
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Título original: Vantage point
País, año: Estados Unidos, 2008
Dirección: Pete Travis
Intérpretes: Dennis Quaid, Matthew Fox, Forest Whitaker, Zoe Saldana, Sigourney Weaver, Eduardo Noriega, Ayelet Zurer
Guión: Barry L. Levy
Producción: Original Film, Columbia Pictures, Relativity Media
Fotografía: Amir Mokri
Música: Atli Örvarsson
Montaje: Valdis Óskarsdóttir
Duración: 90 minutos
Distribuidora: Columbia Pictures
Estreno: 29/02/2008

Enigmáticas ambigüedades 
Escribe Adolfo Bellido

1.- Preguntas... sin respuesta

enelpuntodemira1.jpgEn principio, la visión de En el punto de mira  produce una extraña sensación: no sabes hacia donde va, ni qué “mensaje” desea lanzar. En apariencia es una especie de (malévolo) entretenimiento en la línea de otros filmes de acción, pero quizá, en este caso, se juegue con cartas trucadas.

De entrada, voy a comenzar esta critica lanzando una serie de preguntas cuya respuesta, a varias de ellas, no será fácil... y eso en el caso de que tengan contestación.

Estos son algunos de los interrogantes que me he hecho después de ver el filme:

¿Por qué ese empeño en dejar claro que la película se desarrolla en España y más concretamente en Salamanca, un lugar determinado que se remarca a lo largo del metraje?

enelpuntodemira2.jpg¿Cómo hacer creíble que una cumbre internacional (sobre el tema que sea) sea presentada en un acto público y en cuya “cabecera” del acto se encuentran presentes personalidades de numerosos países (los más visibles son, curiosamente, los árabes)?

¿Cómo el presidente de los Estados Unidos habla en un acto público abierto a los ciudadanos en un clima de cierta hostilidad?

¿Por qué Salamanca aparece como una ciudad cuyas calles, al menos las cercanas a su Plaza Mayor (?), están repletas de comercios regentados por árabes, mientras que las casas de increíbles patios vecinales, se encuentran habitadas por emigrantes de distintas nacionalidades y muy especialmente por gente de aspecto árabe?

¿Por qué los habitantes de la ciudad que llenan la plaza sólo agitan banderitas y banderas españolas cuando se trata de una reunión internacional bajo la presidencia de los Estados Unidos?

¿Por qué el personaje del agente español (en caso de ser en realidad policía, algo que queda también navegando en extraña nebulosa) utiliza placas distintivas del estilo de las de los agentes norteamericanos?

enelpuntodemira3.jpg¿Por qué el agente español va descamisado mientras que los agentes americanos van todos enchaquetados?

¿Cómo es posible que si se ha parado el tráfico en los alrededores de la plaza con vista al acto que allí se va a celebrar, se produzca un impresionante caos circulatorio en el momento del atentado?

¿Cómo la Guardia Civil puede estar tan tranquila (como si dirigiera el tráfico cotidiano) después del atentado y sea capaz de “aceptar” que alguien deje a su lado a una niña perdida hasta que su mamá la encuentre?

¿Por qué la gente del lugar, o sea de Salamanca, aparece desarrapada, parecen todos inmigrantes procedentes de no se sabe dónde y hablan con un acento que nada tiene que ver con el propio de cualquier lugar de España?

¿Por qué la obsesión en “aclarar” que hace mucho calor?

¿Por qué se da tanta importancia a la niña, personaje que introduce en el filme un barato sentimentalismo, convirtiéndose además en un elemento clave para la resolución de la película?

enelpuntodemira4.jpg¿A qué se debe a que se una en el atentado a los islamistas radicales con una (así se la denomina) banda local? ¿Local con respecto a qué? ¿A Salamanca? ¿A España? ¿Es casual esa pintada sobre una pared, que en algún plano puede leerse de refilón, y en la que se encuentra escrito el nombre de ETA?

¿Cómo puede admitirse tal incompetencia tanto de los policías foráneos como de los norteamericanos?

¿Cómo parte de los servicios secretos norteamericanos no saben lo que hacen los otros, estando todos trabajando en la misma misión?

¿A qué se debe la paridad por la cuál hay un agente español malo y un agente estadounidense también pasado (por arte y gracia del guionista) al enemigo?

¿Cómo admitir la existencia de un único agente español (en suelo de España), que actúa  por libre y como si la cosa no fuera con él, para aparecer, encima, como protector del alcalde? ¿O es que el alcalde también estaba metido en el complot?

¿Cómo el hotel donde se encuentra el presidente de los Estados Unidos está tan mal protegido?

enelpuntodemira5.jpg¿Cuál es la verdadera distancia entre el hotel y la plaza? ¿Cómo es posible que desde el hotel, situado más allá de la plaza, se pueda ver ésta?

¿En qué lugar, respecto a la plaza, se encuentran situados los manifestantes? ¿Cómo se permite a los manifestantes colocarse en un lugar por donde va a pasar el presidente de los Estados Unidos?

¿De qué conferencia sobre el terrorismo se está hablando?

¿Cuántos puntos de vista hay en el filme?

¿A qué se debe el “maravilloso” paternalismo que destila toda la parte final de la película con alusiones familiares tan enternecedoras como la llamada del presidente a su mujercita, o la del americano que pasaba por allí en sus merecidas, y solitarias, vacaciones hablando con su familia...?

enelpuntodemira6.jpg¿Qué hace el americano de vacaciones visitando Europa mientras que su mujer sigue en Estados Unidos para poder dedicarse (como tiene que ser, claro) al cuidado de sus hijos?

¿Por qué los agentes de la película fueron entrenados para desempeñar su papel por verdaderos agentes norteamericanos?

¿Por qué el filme ha sido lanzado con tan enorme propaganda, una de las mayores en mucho tiempo?

¿Cómo es posible que una película como ésta se haya convertido en Estados Unidos, en la semana de su estreno, la más taquillera (22,9 millones de dólares de recaudación)?

¿Por qué “cantan” tanto los efectos especiales infográficos en las banderas y banderitas, en los fondos de los primeros planos, y en la mayoría de los planos generales de la plaza, en especial los picados que se toman de ella?

2.- Entreacto

enelpuntodemira7.jpgCuando se supo el pasado año que Salamanca, más bien su Plaza Mayor, iba a ser “la protagonista” absoluta de un filme norteamericano, pero sin que ningún plano se tomase en ella (ni en la ciudad ni en la plaza), saltaron todas las alarmas ciudadanas. Además, el tema en sí se las traía: se cometía un acto terrorista en plena Plaza Mayor durante la celebración de un gran acto de corte internacional. Nada menos que el acto de inauguración de una cumbre (anti)terrorista a nivel mundial. Tal comienzo sería, en el filme “ofrecido” al público de Salamanca. Pero ¿desde cuándo en tales reuniones internacionales se celebran actos públicos? Se trata, claro, de una de esas locuras hollywoodienses. El grado de ingenuidad extrema (por no llamarlo de otra manera) se alcanza al ser presentado tal acto, en vivo y directo, nada menos que por el presidente de los Estados Unidos.

El hecho de tomar tanto la ciudad salmantina como “recogedora” de tal evento internacional, como la explosión en la plaza, me llevó a recordar dos películas españolas muy distintas en calidad y en idea. La primera, Octavia (2002) de Basilio Martín Patino, uno de los proyectos que acompañó los actos de la capitalidad europea de la cultura de la Salamanca 2002. Pues bien, la película de Patino se abre con una conferencia sobre terrorismo, pero sin la participación de grandes dirigentes. Además, sus sesiones inaugurales y de trabajo se “encierran” en la universidad.

La segunda película en la que pensé se había realizado un año antes de la de Patino (2001). Sus directores fueron Pedro L. Barbero y Vicente J. Martín. Fue la primera, y hasta el momento única, película que han realizado. Se titulaba Tuno negro. Contaba aquel filme una demencial historia entre terrorífica y policíaca, que terminaba con la voladura de la catedral.

enelpuntodemira8.jpgNo creo que los norteamericanos conocieran estas películas, aunque parezca que hubieran decidido tomar alguna de sus ideas: conferencias sobre el terrorismo o antiterrorismo, por un lado, y atentado (o voladura) en uno de los enclaves o monumentos más emblemáticos de la ciudad, por el otro. Si los dos directores españoles la habían tomado con la catedral, Pete Travis, el realizador inglés, en tránsito por América, en complicidad con su guionista Barry Lewis, neófito en estas lides, deciden que el atentado tenga lugar en la Plaza Mayor salmantina, con lo que además de los muertos parte del gran recinto sufrirá graves daños. ¡Qué manía les ha dado a unos cuantos por destruir monumentos salmantinos aunque sea de mentira! Y qué pena que, así, se proceda de rebote a vender la monumentalidad de las ciudades.

Lo de destruir monumentos en el cine viene de lejos. El cine norteamericano siempre ha creído que a golpe de talonario cualquier cosa es posible. Ha habido algunos grandes realizadores, y productores profesionales, que han tenido claro que las cosas no son así. Sería el caso de David Lean y El puente sobre el río Kwai (1957). Se construyó un puente y luego se destruyó. No se fue a buscar algo ya existente para hacerlo desaparecer. Se puede decir que era lógica la propuesta de Lean, ya que su película hablaba de algo que, antes de ser destruido, se construía. Al menos era consecuente.

En el lado opuesto al de Lean (y referido a nuestro país como ahora con En el punto de mira) estaría Stanley Kramer y sus “brillantes” ideas para el rodaje de Orgullo y pasión (1951). Su película hablaba de la guerra de España e Inglaterra contra Napoleón. Una de las escenas clave tenía lugar en Ávila, una ciudad fortificada. Kramer quería “volar” parte de la muralla y pagaba lo que fuese por ello. Creo que nunca llegó a entender la razón por la que no se le permitió tamaña barbaridad.

enelpuntodemira9.jpgPete Travis y su guionista tuvieron la “genial” ideal de hacer que la acción de su película se desarrollase en una ciudad española, concretamente en Salamanca, proclamada en 1988 Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Además, su maravillosa Plaza Mayor sería la “protagonista” absoluta de En el punto de mira. Lógicamente, para que la realidad se mantuviese, pensó en continuar el rodaje en las calles cercanas a la plaza. Por eso no es raro que en el guión se nombre a calles cercanas que realmente existen: en la persecución final se habla de la calle San Pablo, que realmente está muy cercana a la plaza. Escrito y descrito el lugar, se empezaron a realizar los contactos necesarios para rodar en la ciudad salmantina. En principio, no habría problema, ya que se invertirían muchos dólares en la ciudad durante el rodaje. Pero había un “pequeño matiz”: la Plaza Mayor –y naturalmente los alrededores– serían “tomados” durante doce semanas por quienes trabajaban en el filme. O sea que la Plaza Mayor salmantina quedaría exclusivamente para uso y disfrute de los cineastas durante tres interminables meses.

¡Qué tiempos aquellos en que Hollywood creaba en los estudios ciudades enteras a imagen y semejanza de las verdaderas! Esta “toma” pretendida de Salamanca (¿y sus habitantes dónde irían a parar una vez que se “cortara” su acceso al corazón de la ciudad?) puede ser que para una ciudad que tenga millones de habitantes sea algo nimio (que no creo), pero para una ciudad que no llega a los doscientos mil habitantes, y donde la Plaza Mayor es centro y guía, tal hecho es inadmisible. Si este “escándalo” se hubiera producido, el controvertido alcalde de la ciudad, no hubiera durado ni un minuto en el cargo. La revuelta habría sido generalizada. Derechas e izquierdas por una vez se hubieran puesto rápidamente de acuerdo. Así que se les negó el permiso de rodaje en el escenario “real” previsto.

Travis y los suyos tuvieron que buscar otras soluciones, aunque siguieron obcecados en que la ciudad de Salamanca (¡qué manía!) fuese el centro de la narración. Con todo, las alarmas saltaron en la ciudad universitaria. Así, en un blog salmantino, perteneciente a “sentado”, cuando comenzó a rodarse la película se decía:

“A Peter Travis. Estimado Señor: 
Le escribo acongojado desde Salamanca (España). Me entero por la prensa de que usted está dirigiendo una película en México con Eduardo Noriega, Siguitny guive (o así), que trata sobre el magnicidio de un presidente de EEUU.
Pero le diré que me dejó con la boca abierta cuando leo que ustedes los americanos han construido una réplica de nuestra plaza mayor a escala 1:1. O sea “tal cual”, para rodar en ella escenas de semejante barbaridad. Tuve que buscar la fecha en el artículo para ver que no era del día 28 de Diciembre, que aquí somos muy graciosos.
Perdone que le diga, señor Pete, pero era lo que nos faltaba. Meter a Salamanca en el lío de un asesinato del presidente de EEUU. ¡Joder¡.
Le pido reflexione. Mire: aquí tenemos un alcalde que bien le vale para hacer de malo y el teniente alcalde del que no es ni malo ni bueno; el otro. Si tienen que ir allí a rodar, se los mandamos porque aquí ya interpretan, así que nos da igual que lo hagan aquí que allí.
Nos prestamos a lo que quieran; si quieren venir aquí, les tocamos unas charradas, nos subimos a la veleta de la catedral a tocar el tambor y la flauta y para terminar pueden hacer como que se llevan unos papeles ultra-chachis de un archivo para salvar al mundo. Todo con mucha intriga si quiere.
Señor Pete, no nos haga esto, plis. Es que llevamos una racha que ni se imagina. Siguitny ya estuvo aquí cuando rodaron la de Colón con Depardieu y le puede contar que somos gente de paz, que el único enfadón es Don Julián, el alcalde, pero vamos…
¿Sabe lo que le digo? Que vencerá, pero no convencerá, y como se ponga farruco le ponemos una pancarta en “to” la plaza.
Esperando sea satisfecha mi petición, le saluda atentamente SENTADO (pero no tonto).
PD. La plaza les ha quedado de puta madre, pero ¿a que ustedes no le sacan brillo al medallón del Caudillo?”.

enelpuntodemira10.jpgFinalmente la película se rodó en Puebla, México. Se hizo, como se indica en el anterior blog, una replica de la Plaza Mayor. El resto corresponde a la citada ciudad mexicana, aunque tratando de que las calles y monumentos mejicanos fueron lo más parecido a los que existen en la ciudad salmantina. La realidad es que en la película el ambiente que rodea a la plaza, el pavimento de las calles, las localizaciones de edificios e incluso el Hotel Presidencial, no se parecen ni a Salamanca ni a ninguna ciudad española. Y la réplica de la plaza tiene innumerables fallos.

De todas formas, para la validez o no de una película, que es ficción, esos “desajustes” no quieren decir mucho. Pero sí son errores cuando el director se empeña en señalar una y otra vez que aquello que vemos es Salamanca, España. Aconsejo leer un amplio e interesante estudio realizado sobre la relación de la película con la reconstrucción. Se titula Plaza Mayor de Salamanca: la mirada de Hollywood. El autor es Roberto Therón Sánchez. Se puede acceder al escrito a través de la página web http://wikipedia.org/wiki/En_el_punto_de_mira. Allí, buscar, al final del texto, el apartado de enlaces externos, donde se encuentra indicado tal estudio sobre la replica de la Plaza Mayor de Salamanca.

Ahora, después de los conflictos que ha llevado la pre-producción, el rodaje y la postproducción, se ha estrenado un filme que resulta limitado, insuficiente y contradictorio. Javier Ocaña, en el diario El País del viernes 29 de febrero, terminaba su crítica de esta forma: “De la verosimilitud de un acto como el de su Plaza Mayor se podría escribir todo un ensayo con la Alianza de Civilizaciones como telón de fondo. Así que lo dejamos para otro día”. Era una alusión a la referencia que se hace a la unidad contra el terrorismo proclamada por el presidente norteamericano, aunque tal como camina la narración queda la duda si tal propuesta es defendida o criticada. Una propuesta que, curiosamente,  fue en primer lugar (en la “realidad”) lanzada por el presidente Zapatero.

enelpuntodemira11.jpgVamos a referirnos a otra crítica sobre el filme. He tomado una revista de cine digital, http://www.cosasdecine.com/. El comentario pertenece a Diego Salgado. Se inicia así: “Este thriller se ubica en una Salamanca que haría las delicias políticas de Rajoy, la mayoría de sus habitantes tienen pinta de emigrantes, las calles se hallan convertidas en un zoco subsahariano, y donde los únicos nativos reconocibles como tales, un cámara de TV (Luis) y un policía (Noriega), son de un incompetencia typical Spanish. Y, sin embargo –las cejas de ZP temblarían de júbilo– la ciudad castellana es el escenario elegido para que los Estados Unidos y el mundo árabe lleguen a un acuerdo histórico: una alianza de civilizaciones”.

¿Por qué caminos intenta orientarse (o desorientarse) el filme? Quién lo sabe. Ese es, sin duda, uno de los problemas, y graves, que tiene este absurdo y, en más de un momento, incorrecto e incompresible filme.

3.- Pete Travis, el director

Es curiosa la trayectoria de este realizador nacido en la ciudad de Manchester. Un inglés que, como Peter Greengrass, parece unido a un cierto tipo de películas. Ambos prácticamente se iniciaron en series televisivas. Travis alcanzó cierta popularidad con “cultas” miniseries como la que dirigió sobre la figura de Enrique VIII.

Greengrass, por su parte, pareció “huir” hacia el medio televisivo después de haber fracasado con su primer largometraje, Resurrected (1989), la historia de un soldado inglés durante la guerra de Las Malvinas entre ingleses y argentinos. Tuvieron que pasar unos años hasta que volviera a dirigir un largometraje y algo más hasta que alcanzase reconocimiento. Fue en 2002, al realizar Domingo sangriento, con Irlanda y el terrorismo como eje de un filme inspirado en hechos reales. Poco después, en Estados Unidos dará muestras de su calidad como narrador en películas aparentemente tan diferentes como United 93 (2006) y El ultimátum de Bourne (2007). Si la primera habla directamente sobre el terrorismo, la tercera parte de una serie de espionaje y aventuras protagonizada por un agente en busca de su identidad, no lo deja a un lado. En ambos títulos existe sobre todo un excelente trabajo de montaje. En la última hay que reconocer la calidad con la que han sido rodadas las persecuciones o... la persecución. Y es que un buen amigo, guionista, me decía no hace mucho que en El ultimátum de Bourne no hay varias persecuciones: toda ella es una persecución. Probablemente tiene razón.

enelpuntodemira12.jpgGreengrass, antes de instalarse en Estados Unidos, escribe un nuevo guión sobre el terrorismo irlandés, Omagh (2004). Su destino será la televisión, aunque, por esas raras circunstancias de la distribución, en algunos países, incluido España, la película llega a estrenarse en los cines. Quien va a dirigir Omagh es Pete Travis. Desde ahí, desde ese filme, Travis pasa directamente a Norteamérica donde rodará esta especie de semi-superproducción que es En el punto de mira. Una película donde vuelve a conectar con algunos de los temas y formas propios del realizador de United 93; es decir hablar sobre el terrorismo, al tiempo que se intenta dotar a los filmes de un ritmo endiablado, con lo que pliega gran parte de su éxito a la brillantez del montaje.

Como intento de identificación, incluso con la serie Bourne o similares, existe en el filme de Travis una larga (y más bien enrevesada) persecución por las calles de una ciudad “de cine”. Una persecución imposible e increíble, ya que, la gran circulación que al parece existe en tal lugar (sea la ciudad que sea), no se puede admitir (sobre todo en lugares cercanos a aquellos en los que tiene lugar el acontecimiento central: el acto de inauguración de la Alianza contra el Terrorismo): por seguridad debía estar toda la zona cortada o, como mínimo, “protegida” con soldados en cada esquina (y no sólo en la plaza protagonista).

Parece ser que a Travis desde siempre le ha entusiasmado el cine, sobre todo ha deseado convertirse en realizador. Poco, y no demasiado a su favor, podemos decir sobre su obra. Sus dos largometrajes son, de momento, su única tarjeta de presentación y de valía. Se sabe que fue trabajador social y que estudió en la Escuela de Cine. Se pagó los estudios trabajando como mensajero. Con el dinero que ganó en sus trabajos también pudo financiar su primera obra, un corto titulado Faith.

El salto de Omagh a En el punto de mira es grande. En aquel título trabajaba desde el medio televisivo, con sus limitaciones, aquí lo hace con un puñado de actores conocidos y con un presupuesto que le ha permitido hasta reconstruir la famosa Plaza Mayor, y rodar sobre una ciudad a muchos kilómetros de distancia de ella.

¿Qué es lo que dice Pete Travis que ha pretendido? He recogido algunas declaraciones que ha dicho sobre el filme. Son las siguientes:  

“La película tenía que rodarse en un lugar alejado de los Estados Unidos y que tuviera cierta solera, siempre que la localización fuera en España. Cuando pasé por Salamanca me enamoré de la ciudad. Llegue a la conclusión de que no podía rodarse en otro sitio. Cómo no podía rodar allí, la rodé en México D. F. que se parecía bastante a esa ciudad. Allí reproducimos al 90% las mismas ventanas, las mismas bocacalles”.
“He querido hacer un alegato contra la intolerancia”.
 “El mundo podría mejorar mucho si nos detuviéramos a observar el punto de vista de las otras personas”.

4.- El punto de vista

enelpuntodemira13.jpgCasi todos los que hablan de este filme lo hacen tratando de identificar su narrativa con la del magistral Rashomon (1950) de Kurosawa. Ante esa afirmación no sé qué pensar. O ellos no han visto la película japonesa o yo la he soñado. Porque realmente En el punto de mira, como máximo, tiene con el filme japonés una familiaridad correspondiente a un primo en quinto grado o en más. Rashomon no es simplemente un ejemplo sobre el punto de vista. Es más que eso. Kurosawa lo que hace es imponer una ruptura de la narración a través de versiones distintas de unos hechos. Se trata de buscar la verdad de una serie de subjetivaciones

Rashomon no juega sólo con diferentes puntos de vista, va mucho más allá de ello. Pretende plantear la falsedad que se comete sobre lo que cada uno dice o lo que cuenta, aquello que elimina o añade para crear nuevas historias. Kurosawa busca la verdad de un hecho a través de una serie de narraciones diferentes que se refieren al mismo suceso. No se trata, pues, de completar el hecho, de “mirarlo” desde diferentes lugares. Lo mismo de Kurosawa ocurría en filmes en los que se trataba de “copiar el original”, como Cuatro confesiones (1964) de Martín Ritt, o en los que se utilizaba el mismo sistema narrativo, caso de Les girls (1957) de George Cukor.

En el punto de mira no trata en ningún momento de comprobar cuál es la verdad de lo que se cuenta. Esa verdad es lo que vemos. Lo que ocurre, su falsa originalidad, es que la historia trata de completarse a través de lo que acontece (ven, viven) diferentes personajes. El mismo sistema que aplicaron en todo o en alguna de sus partes filmes, por citar algunos, como Atraco perfecto (1956) de Stanley Kubrick, Jackie Brown (1997) de Quentin Tarantino y Ojos de serpiente (1998) de Brian de Palma.

Los diferentes personajes que poseen un cierto papel protagonista en esta película de Travis a lo único que se dedican es a mirar, a observar lo que ocurre. Con esa acción de mirar se construye una especie de crucigrama bastante tramposo. Así, en el deambular de un determinado personaje, la imagen muestra cómo pone cara de sorpresa ante lo que ve (hecho que se oculta de manera vergonzante al espectador), una visión que se complementará en el devenir de otro de los personajes. Este método se une a otro: mostrar al personaje que protagoniza o domina el bloque en una situación extrema, peligrosa, para dejarle en esa situación y pasar a lo que le está pasando a otro individuo. Los absurdos interrogantes que aquí se nos proponen (¿qué es lo que alguien ve?, ¿cómo va a salir de esa situación?) son propios de una serie televisiva, o de la película de serie que deja en suspense la resolución hasta el día o la semana siguiente... o vaya usted a saber hasta cuando. Algo que no es la idea sobre la que se sustenta la narrativa de esta película.

Travis y su guionista no tratan de descubrir ninguna verdad. Simplemente tratan de explicar, desde un método tramposo, lo que ocurre en diferentes lugares partiendo siempre de una determinada hora o momento. Una vez repasados todos los personajes, se les hará coincidir y se llegará al alargado final.

enelpuntodemira15.jpgNo siempre se recurre (para dar con los que se han denominado ocho puntos de vista) a “rebobinar” la película hasta los veinte minutos antes del hecho principal: el atentado. ¿Por qué? Simplemente porque los organizadores de esta fracasada fiesta acaban por darse cuenta de que el espectador está algo harto del repetitivo rebobinado, lo que lleva siempre al mismo punto de inicio, lo que lleva a la repetición del momento, la escucha de los discursos del acto en el que va a ocurrir el atentado.

A partir de un determinado instante, ya avanzada la película, el guionista y el director deciden dejar a un lado el método empleado con asiduidad, sustituyéndolo por la mezcla, a veces inconexa, de las andanzas de varios de los personajes. Eso ocurre cuando el “rebobinado” da el protagonismo a la niña Ana. Ya se sabe que los niños son muy traviesos. Debe ser por ello por lo desde ese momento todo, sin orden ni concierto, trata de conducirse de forma unitaria, aunque las historias salten de un personaje a otro.

Historias “conducentes”, puntos de vista claros, hay exclusivamente cinco: el que procede a contar los hechos desde la propia narración televisiva bajo las ordenes de la realizadora (Sigourney Weaver), la reconstrucción de los hechos por el agente Thomas (Dennis Quaid), las andanzas del policía español Enrique (Eduardo Noriega), las visiones personales (y por medio de su cámara) del americano que se encuentra de vacaciones, Howard (insufrible Forest Whitaker) y la que corresponde al presidente de los Estados Unidos, Ashton (William Hurt).

A continuación de estos cinco “puntos de vista”, la película pasa el relevo a la niña Ana (Alicia Zapien). Es, como se ha indicado, algo momentáneo, pues a partir de esa “historia” la acción saltará de unos personajes a otros. Se es consciente de que una repetición más de los hechos acabará con la paciencia de los espectadores. Basta ya pues de volver a las doce menos veinte y revivir todo el proceso que ya se conoce: llegada del cortejo presidencial a la plaza, atentado, explosiones...

De todas las narraciones individuales, la mejor es la primera. Corresponde a la grabación y emisión instantánea de los sucesos a medida que se van produciendo. Aquí la película funciona, incluso hay detalles que se agradecen, como explicar tanto la presencia del agente Thomas (por medio de imágenes pasadas, aunque un tanto imposibles de tener a mano en aquel momento) como saber qué ha hecho ese personaje en el pasado. Una parte que posee la agilidad de un reportaje televisivo y en la que se recobra la fuerza de los mejores momentos de Omagh.

El segundo punto de vista corresponde al seguimiento del agente Thomas. La película, sin definirse, sigue manteniendo una cierta dignidad, la que pierde totalmente con los “puntos de vista” correspondientes al agente español y Howard, el americano de vacaciones que pasaba por allí.

enelpuntodemira16.jpgCon la historia centrada en el presidente americano, la película vuelve a recuperar su sentido cansino, aunque incluso parece progresar. El nuevo y último rebobinado nos lleva al personaje de la niña Ana. Aquí el relato trata de unir todos los cabos sueltos. Lo único que consigue es mostrar lo forzado de las situaciones, al tiempo que va descifrando los enigmas de la forma más absurda posible, hasta concluir con... un auténtico disparate.

Pensábamos que en la niña iba a converger alguno de los puntos de la historia, porque tanta insistencia con el personaje hacia presagiar que allí estaba alguna clave. Así ocurre, aunque para proponer un final sorprendente y risible. Los terroristas que han matado a varias personas, de forma directa o como producto del atentado (aparte de secuestrar al presidente), se “estremecen” ante el hecho de tener que llevarse por delante a una niña. Una de las peores trampas de guión vistas en los últimos años.

Torpeza narrativa acompañada de sutilezas varias, como el final, acaban hundiendo el filme hacia el mayor de los ridículos. Citemos: después de un impresionante choque entre un camión y el coche del agente Thomas (su vehículo queda empotrado en una pared), el conductor del primer vehículo pregunta al segundo algo así como qué ha pasado; la niña en la explosión pierde a su madre, es encontrada por Howard, la entrega a una guardia civil (en medio de todo el jaleo del atentado) para que la cuide, se dice, hasta que encuentre a su madre; la música haciendo un crescendo cuando matan al jefe terrorista; la secuencia del secuestro del presidente por un terrorista que se mueve por un hotel como si tal cosa, eso sí matando a diestro y siniestro a agentes norteamericanos (¿pero son tan malos profesionales? Desde luego si estamos en manos de personas como esas lo tenemos crudo), como si se tratase de un videojuego; la estúpida escena de la bomba siendo arrojada (¡y cómo!) debajo de la tarima donde ha sido tiroteado el presidente; la entrada de Enrique con la bomba en la plaza; la proliferación de banderas españolas en la plaza sin que aparezca ninguna de otro país...

Si todo lo anterior es negativo, no lo es menos la forma de explicar algunas cosas, o dejarlas sin aclarar. Por ejemplo, el personaje de Enrique y su realidad como agente, sus implicaciones en la trama, sin olvidar toda la historia del personaje secuestrado con el fin de que el hermano, si quiere liberarlo, se implique en la trama...

Como final, habrá que hacer alusión a dos puntos: los toques “familiares” del relato (la unión de los dos hermanos; la historia de la niña Ana y su madre; la insistencia en las llamadas a sus familias, para que sepan no han sufrido ningún daño, por parte del presidente y de Howard, quien al final, como uno de los finales, recibe a su vez la de su familia interesada en saber cómo se encuentra) y la “maravillosa” realidad ambiental del relato.

En este último aspecto comprobamos cómo los habitantes del lugar (no se olvide que estamos en Salamanca –tal como el relato expresa una y otra vez–) no parecen españoles, incluso hablan con “deje” mexicano (sí, ya sabemos que la película se rodó en México, pero...). Los edificios que rodean la plaza tampoco son españoles de forma clara, y, como traca final, las calles estrechas se unen con pasos elevados, los comercios están regidos por árabes al igual que unas imposibles casas vecinales.

Una caótica película que, sorprendentemente, tanto en España como en Estados Unidos, está arrasando comercialmente y cuyas virtudes quedan barridas por una técnica al servicio de la nada más absoluta. Lo menos que se puede pedir a un filme de estas características es que sepa en todo momento relacionar el punto de vista con una determinada situación de objetos, elementos y personajes en el plano. Algo tan elemental aquí nunca se tiene en cuenta. El dislate espacial es total. Pero es el tono dominante en una historia que, como punto de partida, toma una situación increíble: la presentación en “sociedad”, clamor de multitudes, de una Alianza entre Países, oficiada y ofertada, nada menos, que por el presidente del Imperio.

Un crucigrama mal construido y peor resuelto, que genera dudas, incluso, por su,nada clara intencionalidad ideológica.