LAS HERMANAS BOLENA (1)

  12 Marzo 2008
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Título original: The other Boleyn girl
País, año: Estados Unidos-Gran Bretaña, 2008
Dirección: Justin Chadwick
Intérpretes: Natalie Portman (Ana Bolena), Scarlett Johansson (María Bolena), Eric Bana (rey Enrique VIII), David Morrisey (duque de Norfolk), Kristin Scott Thomas (lady Isabel Bolena), Mark Rylance (Tomás Bolena), Jim Sturgess (Jorge Bolena), Ana Torrent (Catalina de Aragón), Juno Temple (Jane Parker), Benedict Cumberbatch (William Carey)
Guión: Peter Morgan; basado en la novela "La otra Bolena" de Philippa Gregory
Producción: Alison Owen
Fotografía: Kieran McGuigan
Música: Paul Cantelon
Montaje: Paul Knight y Carol Littleton
Duración: 90 minutos
Distribuidora: Universal
Estreno: 29/2/2008

Escándalos sin brillo
Escribe Lucía Solaz Frasquet

Las hermanas Bolena está basada (bastante libremente) en la novela superventas de la escritora británica Philippa Gregory, La otra Bolena (The Other Boleyn Girl, 2002), donde rescata la poco conocida figura de María Bolena, hermana de la famosa Ana. La BBC, que está detrás de su adaptación cinematográfica, ya había adaptado esta novela para televisión en 2003.

lashermanasbolena1.jpgPhilippa Gregory, que tiene un doctorado en literatura del siglo dieciocho, es también una experta en la familia Tudor, sobre la que ha escrito seis novelas. Una de ellas, La princesa fiel (The Constant Princess, 2005) está dedicada a su admirada Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos y primera esposa de Enrique VIII.

La vida del monarca que cambió la historia de Gran Bretaña y que se casó seis veces ha sido objeto de multitud de libros y numerosas adaptaciones cinematográficas y televisivas a lo largo de los años. Recientemente hemos podido ver a Jonathan Rhys Meyers (¡nada que ver con Charles Laughton!) interpretando al monarca inglés en Los Tudor (The Tudors, 2007), una serie para televisión creada por Michael Hirst. No olvidemos que, pese a la imagen de un arrogante hombre de mediana edad, obeso y medio calvo que todos tenemos en mente, Enrique VIII fue, en su juventud, el príncipe más apuesto de Europa.

Obsesionado con tener un hijo varón legítimo que asegurara la paz y la unidad del país (conseguida tras años de guerra civil por su padre), Enrique ostentó un poder absoluto que le llevó a desafiar los poderes más importantes de occidente de su época: el Papa y el emperador Carlos I de España. Las acusaciones que vertió sobre su segunda esposa, Ana Bolena, para poder deshacerse de ella y volver a casarse, han sido desestimadas prácticamente todos los historiadores. Sin embargo, el hecho de no saber con certeza lo que ocurrió en realidad, deja un fértil terreno abierto a la imaginación.

lashermanasbolena2.jpgLa novela de Philippa Gregory, que emplea a María Bolena como narradora, puede muy bien provocar objeciones acerca de su calidad literaria. No obstante, está cuidadosamente documentada, proporciona una vívida descripción de la corte Tudor y es sumamente entretenida. Posee, ayudada por el empleo de un lenguaje moderno, un sentimiento curiosamente actual que sin duda ha contribuido a convertirla en un éxito de ventas. Uno no puede dejar de recordar culebrones al estilo de Falcon Crest o Dinastía. Al final de la novela, cuando se acusa a Ana de traición, adulterio (cinco hombres seguramente inocentes fueron ejecutados antes que ella), incesto y brujería, María dice que el pueblo siempre está dispuesto a creer las mentiras más exageradas, a dejarse llevar por la fascinación del escándalo, el sexo, la suciedad y la oscuridad de la vida de los poderosos. Curiosamente, esto es precisamente lo que hace la novela, dejarse llevar por la fascinación del escándalo y llenar la historia de seducción y sexo, ambición sin límites, intrigas constantes, cortesanos sin escrúpulos, secretos familiares, relaciones prohibidas y hasta un toque de brujería. Es poco probable que los aludidos protesten.

Según Gregory, María fue una víctima, un mero peón de las manipulaciones de su ambiciosa familia que supo escapar a tiempo de las intrigas de la corte. Ana, por el contrario, se retrata como una joven de gran carisma, muy seductora, inteligente, ingeniosa y culta cuya desmedida ambición y egoísmo la llevan a cometer todo tipo de atrocidades. El rey, personaje esencial pero casi secundario en este relato centrado en  las hermanas, se ve como un niño mimado acostumbrado a imponer su voluntad, un tirano con demasiado poder, un esclavo de los placeres de la carne.

En cuanto a la película, Las hermanas Bolena es una muy pobre adaptación diseñada para atraer a la audiencia más joven con tres actores hollywodienses de moda (Natalie Portman, Scarlett Johansson y el australiano Eric Bana, todos ellos practicando sus acentos británicos). Una quisiera que se hubiese dedicado tanto esfuerzo al guión como a la impresionante labor de vestuario a cargo de Sandy Powell (juraría que ninguno de los personajes importantes luce el mismo traje en dos secuencias). No voy a negar que Natalie Portman y Scarlett Johansson interpretan bien sus papeles, pero el pobre Eric Bana no tiene ninguna oportunidad de brillar con un personaje tan ridículamente plano. Enrique VIII fue un monarca despreciable en muchos aspectos, pero también un notable deportista, músico, poeta y escritor. Tanto él como Eric Bana se merecían un personaje más elaborado. Y lo mismo se podría decir de una muy digna Ana Torrent y su Catalina de Aragón.

lashermanasbolena3.jpgLa cantidad objeciones que me provoca esta película es interminable. Las hermanas Bolena se criaron en la corte francesa (no eran precisamente un par de florecillas silvestres como parece indicarse en la película) y su padre, su hermano y el marido de María ya formaban parte importante de la corte de Enrique VIII. El fallo más grave, sin embargo, es que una relación que se extendió a lo largo de unos quince años, queda reducida a lo que parecen meses, perdiéndose así gran parte de la carga dramática. Con semejante ritmo y una dirección bastante torpe, todo parece suceder al mismo tiempo: la reina da a luz y al momento siguiente ya está atravesando la menopausia, los dos hijos que tuvo María quedan reducidos a uno, el interminable y doloroso proceso de anulación del matrimonio con Catalina de Aragón y la separación de la iglesia católica duran un suspiro. Nunca tenemos la oportunidad de ver a María enamorarse del rey, apenas vislumbramos a Ana desplegar su indudable encanto e ingenio para provocar la pasión devastadora que se le supone al monarca, ni entendemos cómo ha perdido tan repentinamente el favor de su tío, que la condena sin pestañear. Los personajes, ya lo hemos dicho, sufren al quedar reducidos a meros esbozos superficiales. Los únicos con un poco de peso son María, Ana y su madre, interpretada de modo brillante por Kristin Scott Thomas en un papel más largo y humano al del libro (y posiblemente más moderno y menos fiel históricamente). Jorge, el hermano de María y Ana, apenas aparece a pesar de su importancia en la historia y se obvia por completo la relación homosexual que mantenía con otros caballeros de la corte.

¿Hacen falta más ejemplos?

Aparte de otras licencias más o menos artísticas (como el que el rey, con el paso de los años, pierda su apostura por completo y sea cada vez más desagradable), el final también es más que discutible por falsamente optimista además de nada plausible. María recoge a la princesa Isabel de brazos de su abuela y se la lleva consigo para criarla en el campo junto a su nuevo marido (¿qué ha pasado con el primero?). Para empezar, los niños no crecían en la corte, sino que recién nacidos se llevaban al campo donde eran criados por nodrizas y apenas veían a sus padres. Pero, sobre todo, ¿cómo podría María llevarse sin más a la hija del rey y heredera del trono?

Poco afortunada resulta también la dirección del hasta ahora realizador televisivo Justin Chadwick, torpe y con una alarmante falta de sentido del humor.

Se trata, en fin, de una pieza monótona, apresurada, sin alma ni inspiración. Una pena, especialmente teniendo en cuenta la potencial riqueza de la historia.