EN UN MUNDO LIBRE (4)

  07 Marzo 2008
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Título original: Its a free world...
País, año: Gran Bretaña/Italia/Alemania/España, 2007
Dirección: Ken Loach
Intérpretes: Kierston Wareing, Juliet Ellis, Leslaw Zurek, Joe Siffleet, Colin Coughlin, Raymond Mearns, Maggie Hussey, Davoud Rastgou, Mahin Aminnia, David Doyle
Guión: Paul Laverty
Producción: BIM Distribuzione, Channel Four Films, Tornasol Films, EMC Produktion, Sixteen Films, SPI International,  Filmstiftung Nordrhein - Westf Alen, Polish Film Instutute
Fotografía: Nigel Willoughby
Música: George Fenton
Montaje: Jonathan Morris
Duración: 98 minutos

¿Vivimos en un mundo libre?
Escribe Arantxa Bolaños de Miguel

La canción de Carla (1996) supuso el comienzo de una fructífera relación entre el realizador  Ken Loach y el guionista Paul Laverty. Más allá de sus ideas políticas, con las que comulgo, es innegable que forman un lúcido equipo y han creado juntos varias obras clave dentro del cine social y político de las últimos años, como Pan y rosas (2000), La cuadrilla (2001) y Felices dieciséis (2002).

enunmundolibre4.jpgDigo esto porque sus detractores intentan justificar su oposición alegando demagogia y maniqueísmo, pero estas acusaciones se caen por su propio peso ya que estos adjetivos, lejos de ser indecorosos, suponen uno de sus más grandes atractivos. Cuando vamos a ver una película de este director (y de su inseparable guionista) ya sabemos lo que vamos a presenciar, pero esto no es negativo: los grandes artistas impregnan en su obra un toque personal y una ideología.

Hay que admitir también que, por encima de las desavenencias políticas, es un cine eficazmente narrado y bien documentado, la historias son verosímiles y no sólo porque por desgracia existan, sino porque la puesta en escena es correcta y sencilla, siendo éste otro de los puntos clave del ataque, su clasicismo formal. En fin, todo lo que se les critica supone la máxima virtud de este tándem cinematográfico, porque la sencillez estilística no es ni fácil de lograr, ni mengua el interés del relato, más bien está al servicio de la historia que intentan plasmar, sin condimentos ni adornos. Es un cine para pre-convencidos antes de su visionado, eso no lo niego. ¡Pero quién sabe si sirve también para abrir los ojos a algún idealista con conciencia! El arte de por sí no crea partidarios de una corriente u otra, pero ayuda a esclarecer las dudas a los que se hacen preguntas, y en esto Loach  y Laverty son unos auténticos profesionales.

enunmundolibre3.jpgHerederos de la escuela del cine social de Inglaterra (de Grierson al Free Cinema), abanderan una forma moderna de expresar las injusticias que el capitalismo voraz provoca. Lejos de los personajes obreros que retrató Ken Loach en los noventa (Riff-Raff, 1990), que intentan construir un mundo mejor, en esta ocasión dan una vuelta de tuerca para presentarnos la explotación desde el otro punto de vista, el del explotador.

Y en este caso el explotador es una ex-explotada que, harta de serlo, decide pasarse al otro bando. Y es al pasar la fina línea que separa a unos y a otros donde tiene su punto álgido la historia. Porque la cinta es una crítica hacia el modelo capitalista (en este caso de mujer ambiciosa, emprendedora y ausente de los valores tradicionales, estos son: buena madre, buena hija y buena trabajadora).

¿Es éste el nuevo feminismo? En boca del padre de esta antiheroína, Ken Loach analiza el comportamiento de esta mujer y en lo que se ha convertido, producto de una sociedad egoísta en donde el fin (conseguir el éxito y el dinero) justifica todos los medios. Ella tiene un poso de moralidad (cuando es capaz de rebelarse contra el abuso de sus jefes, cuando da cobijo a unos inmigrantes refugiados), pero enseguida se percata de que hay que despojarse de toda integridad si uno quiere conseguir dinero, y justifica sus actos en pos de la ley del mercado empresarial.

enunmundolibre1.jpgSabemos que la finalidad intrínseca de una empresa es enriquecerse a toda costa, por eso el órgano censor de la vulneración de los derechos humanos debe ser siempre el Estado. Y es a éste al que acusan el director y el guionista, pues es el que debe impedir que se cometan atrocidades y precariedad laboral. No en vano, Ken Loach pertenece a un partido político llamado Respect, que engloba a ex–ecologistas, laboristas y pacifistas para defender los valores de la izquierda. Existe una contradicción y mentira por parte de los gobiernos hacia el tema de la inmigración y Loach lo resume de una forma tajante en la que nos hace co-partícipes por nuestra pasividad a todos los ciudadanos: “Hemos descubierto que existe un mundo escondido, que vive paralelo al nuestro, invisible, y que sin embargo hace posible que vayamos al supermercado y compremos comida barata”.

La imagen de reclutamiento de inmigrantes del cartel del filme ejemplifica la podredumbre de una sociedad que no se difiere de la selección de los jornaleros en el campo en el  siglo XIX. Pero los tiempos están cambiando, ya lo decía Bob Dylan y ahora Laverty:  “es como si 150 años de luchas sindicales se hubieran esfumado de repente, barridos por el viento, como si no hubieran existido nunca”.

¿Quién es el causante, entonces, del cambio en Angie, la protagonista? Encontrar al máximo culpable es complicado, ya que es el propio sistema implacable el que crea monstruos o víctimas, seres sin emociones ni sentimientos. Pero, en un mundo libre, ¿puede estar todo permitido? Evidentemente no. El Estado debe intermediar para que se respeten los derechos humanos y unas mínimas condiciones laborales para todos los ciudadanos, los legales y los que llaman “ilegales”. Para que desaparezca por fin el trabajo precario, temporal, sin prevención de riesgos, sin derechos, y la total impunidad de los empresarios.

Ken Loach explica las intenciones al realizar este filme: “Queríamos explorar la situación de los trabajadores inmigrantes. Ver como todo ha cambiado, pasando del trabajo seguro al temporal. Y la lógica que hay detrás del explotador. La exigencia de mano de obra barata es esencial para nuestra economía. Y siempre habrá gente que la suministre” . 

enunmundolibre2.jpgLa lucha por la supervivencia de los inmigrantes también la reflejó Paul Laverty en Cargo (Clive Gordon, 2005), su única incursión como guionista sin la colaboración de Ken Loach. Hay muchas similitudes entre ambos guiones, ya que uno y otro presentan momentos de thriller y se muestran personajes más allá de la moralidad. En el caso de Cargo, el interpretado por el siempre eficaz Peter Mullan, mientras que en En un mundo libre… es Angie, la protagonista absoluta del filme. De hecho, ha sido premiado en varios festivales por este último trabajo, por el guión de En un mundo libre…: en el Festival de Venecia con el Osella de Oro al Mejor Guión y en el Festival de Cine Europeo de Sevilla con el Giraldillo de Oro  a la Mejor Película.

Ya juntos de nuevo con En un mundo libre… la pareja británica sigue la estela del desencanto que desprendía El viento que agita la cebada (Ken Loach, 2006), filme que les supuso la Palma de Oro de Cannes y que reflejaba con decepción la desintegración fraternal como metáfora de la división nacional. Se alejan por tanto, con estos últimos filmes, de las historias que nos mostraban el lado esperanzado de la lucha y el amor como armas contra el sufrimiento y la explotación: Sólo un beso (2004), Pan y rosas (2000). Porque, en este caso, ¿hay esperanza cuando una persona ha traspasado la línea de la moralidad?

Este es el filme más pesimista de ambos, ya que en el lado de los explotadores nunca habrá expectativa de cambio, sólo los explotados pueden conseguir que la situación cambie a su favor, siempre y cuando no se pierda la conciencia de clase y existan sindicatos y partidos de izquierdas. Ahora, después de ver este filme ¿alguien puede seguir afirmando que vivimos en un mundo libre?