LO MEJOR DE MÍ (3)

  05 Marzo 2008
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Título original: Lo mejor de mí
País, año: España, 2007
Dirección: Roser Aguilar
Intérpretes: Marian Álvarez, Juan Sanz, Lluis HOmar, Alberto Jiménez, Marieta Orozco, Pablo Derqui
Guión: Roser Aguilar, Oriol Capel
Producción: Aintza Serra, Sergi Casamitjana
Fotografía: Isaac Vila
Música Jens Neumaier
Montaje: Bernat Vilaplana
Duración: 80 minutos

Aprendiendo a ser
Escribe Adolfo Bellido López

El cine catalán y la ESCAC

El cine catalán se encuentra en estado de gracia. Es como si renaciese el movimiento cinematográfico conocido como Escuela de Barcelona, que alcanzó su esplendor durante la década de los años sesenta del pasado siglo.

lomejordemi6roser.jpgActualmente, en Barcelona funciona una escuela de cine de prestigio. Es la ESCAC (Escuela Superior del Cine y del Audiovisual de Cataluña), fundada en 1993. En la escuela pueden estudiarse diferentes oficios relacionados con el cine. Algunas de las especialidades que se imparten son Producción, Guión, Dirección de Ficción y Documental, Fotografía, Sonido... El número de alumnos por aula es de doce.

Dependiente de la escuela, se ha creador una productora, Escándalo Films, cuyo objetivo prioritario es dar la oportunidad a quienes han terminado sus estudios fílmicos en ella. Bajo su “tutela” se prevé poner en marcha maduras propuestas de autores noveles. La productora colaboró no hace mucho en la realización de Yo, primera película del balear Rafa Cortés. Pero su primera producción en solitario ha sido Lo mejor de mí, el muy interesante filme de Roser Aguilar. 

En la ESCAC ha estudiado Bayona, el director de El orfanato. Roser Aguilar, en la presentación en Valencia de su primera película, comentó que Bayona y ella habían sido “compañeros de pupitre”. La verdad es que los inicios de ambos como directores tienen pocos puntos en común e incluso sus propuestas, desde un planteamiento cinematográfico, aparecen como radicalmente opuestas. Bayona realizó una película de género, cubierta por una amplia publicidad, con lo que logró convertirse en un filme (aunque resulte raro) de gran comercialidad. Quién apoyó la aventura de Bayona fue el realizador Guillermo del Toro. Consiguió, incluso, que el filme se proyectase como si se tratase de un “curioso” invitado, en el festival de cine de Cannes. Una buena campaña publicitaria hizo el resto, aunque, a pesar de todo, acabó por ser rechazado en la lista de las nominaciones de los Oscar. Tampoco en la ceremonia de los Goya obtuvo ninguno de los premios importantes. Esos fueron obtenidos por otro realizador catalán, Jaume Rosales

lomejordemi2.jpgPere Portabella es el puente que enlaza los dos notables momentos del cine catalán (Escuela de Barcelona y Escuela de Cine de Cataluña). Un director que inició su actividad cinematográfica en 1967 con No contéis con los dedos y que cierra por el momento con El silencio según Bach (2007). Junto a él, abanderados del cine catalán, se encuentran realizadores como José Luis Guerín, Marc Recha, Isaki Lacuesta, Jaume Rosales, Rafa Cortes...

Roser Aguilar es la última en incorporarse a este grupo de realizadores. Estudió, como se ha dicho, en la ESCAC. Es una de las alumnas pertenecientes a la primera promoción de la escuela. Con anterioridad a los estudios cinematográficos había estudiado periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona. En la escuela realizó varios cortos. En 1999, fuera de la ESCAC, realizó el cortometraje Cuando te encuentre. También ha escrito guiones para la Televisión de Cataluña. Hace cuatro años comenzó a escribir el guión de lo que sería su primer largometraje, Lo mejor de mí. Fue el primero de varios guiones previos hasta llegar al definitivo. Contó con la ayuda de otro compañero de la escuela, Oriol Capel, quien desde la productora GloboMedia ha escrito para varias series televisivas (7 vidas, Aida). Antes del rodaje, sería Lola Salvador quien leería el guión con el fin de aportar algunas sugerencias.

Lo mejor de mí fue seleccionada para participar el festival de Cine de Locarno (Suiza). Allí obtuvo dos premios: mejor actriz (Marian Álvarez) y el otorgado por la crítica. Fuera de concurso, posteriormente, se presentó en la Seminci 2007 de Valladolid, donde recibió excelentes críticas.

Encuentros personales

lomejordemi3.jpgLos éxitos que ha obtenido la película no son fruto de la casualidad. La primera obra de Roser Aguilar es sólida, madura. Es, si se quiere, un pequeño gran filme. Lo mejor de mí utiliza (aparentemente) como base un tema central. Una apoyatura para poder contar otras importantes cuestiones. Importantes y cotidianas, tan cotidianas que a veces pueden ser equívocamente tachadas de superfluas, innecesarias o de escasa importancia. ¿A quién le importa, en este mundo dominado por el dinero, que alguien se pregunte sobre la necesidad e importancia de amar, sentir o, simplemente, pararse un instante a pensar sobre la vida que se lleva o el mundo en que se vive?

Lo mejor de mí parece centrarse en el tema de los trasplantes. Una pareja, Raquel (Marian Álvarez) y Tomás, decide que ha llegado el momento de vivir juntos. Pero enseguida, sin que pueden explicárselo su felicidad (?) queda rota ante la enfermedad que padece Tomás (Juan Sanz), un atleta que contrae una grave hepatitis. Será necesario para curarse que reciba un transplante de hígado. La donación es, pues, imprescindible. Pero ¿quién va ser el donante del órgano? Su compañera, Raquel, va a enfrentarse a un dilema. Ante una situación nada grata, se pregunta hasta qué punto puede “entregarse” a una persona. Ser ella la donante aunque ponga en peligro su vida. Hasta aquí el aparente argumento del filme.

En la misma línea que en la excelente película rumana 4 meses, 3 semanas, 2 días, se utiliza “algo” como pretexto. Allí, el aborto era la excusa para hablar de un país dominando por el miedo debido a la dictadura que “pesaba” sobre sus ciudadanos; el trasplante, aquí, es un pretexto para analizar la vida de unos seres que creen (o piensan) estar enamorados “por siempre jamás”.

Un viaje es, en definitiva, el que realizará la protagonista Raquel para encontrarse consigo misma. Fotografiará la vida y su vida para trasladarla a un Tomás aislado;  buscará desde la azotea de su casa la ciudad en la que vive, habitada por miles de personas, que se mueve, al igual que Raquel, sin saber muy bien qué hacen, hacia dónde caminan. El enfrentarse a la muerte desde la vida, el mirarse en el espejo de las imágenes llevará a la protagonista al encuentro con la verdad. Al final del largo trayecto recorrido llegará a su destino habiendo madurado. Raquel, al final del filme, se habrá hecho mayor.

He aquí, en la lección de la directora, la grandeza del cine: poder trazar en un breve periodo de tiempo (ochenta intensos minutos le sobran) un proceso vital y mental, un camino hacía en interior que supondrá el cambio del personaje.

Los diálogos son naturales sin que por fortuna suenen huecos o forzados. La cámara observa y nos introduce en los personajes: una narración hecha de pequeñas secuencias que definen las situaciones y los momentos. La vida no supone la seguridad “embobada” o “colorista” en la que cree Raquel al comienzo, ni tampoco el vivir con la idealización de determinados conceptos (el amor, por ejemplo). Es algo más profundo, que tiene con ver con el encuentro de uno mismo. Es lo que le ocurre a Raquel. Aprende a vivir, a saber lo que quiere, a valorar la vida por sí, en y desde ella, misma. Se trata de conocer y conocerse. De aprender a dar y también a recibir, pero ante todo de comprender, reconocer, llegar a saber lo que es en realidad lo mejor de uno mismo, lo mejor que uno tiene...

La escena final, en susurros, con diálogos apenas audibles, como corresponde al momento representado, conduce la película a un cierre sin final, a un término dado en un asumido interrogante. ¿Y ahora qué?, parece preguntarse la pareja protagonista. No hay respuesta, la contestación no está (o sí está) en la película. De estarlo se encontrará más allá de la pantalla, de ese final que no es un final. Y es que las películas, las buenas películas, como sabemos, no tienen final. Las historias siguen –al igual que la vida– cuando las luces de la sala se encienden. Las “Raquel” y los “Tomás” del mundo se levantarán de sus asientos y volverán, entonces, a caminar. Y seguirán preguntándose muchas cosas, mientras ríen, aman, sufren, sueñan, mientras, en una palabra, viven.

Metáfora y realidad

lomejordemi1.jpgHay secuencias espléndidas en esta película dominada por la buena idea metafórica del columpio, curiosamente visualizada (además en la única ralentización existente) en prácticamente el centro de la narración.

Voy a referirme a tres momentos, como ejemplo de la minuciosa y elaborada realización de Roser Aguilar. 

El primero se refiere al instante en que Raquel plantea por primera vez a Tomás su idea sobre el trasplante. Se trata de un plano fijo de ambos reflejados en un espejo. Él se está afeitando. Las miradas de ambos no se orientan directamente a los ojos, sino hacia la representación de ellos en la imagen del espejo. Es el primer momento en el cual ella se plantea una determinación importante. Es el inicio de su andadura hacia el ser adulto en el que acabará convirtiéndose. Tomás, prácticamente ni la escucha, incluso, en la conclusión de la secuencia, termina apagando las palabras de ella con el sonido de su máquina de afeitar eléctrica. El espejo aparece como significante emergente, como reflejo y, a la vez, “captador” (como las cámaras) del importante momento. Un auténtico punto de inflexión.

El segundo instante al que quiero referirme es aquél en que se nos muestra a Raquel totalmente desdibujada (como borrada) en un primer plano. Poco a poco su cara va emergiendo hacia la claridad, hasta que queda nítida. Lo que empezó por ser un borrón termina por presentar el rostro claro (e indudable) de Raquel. La protagonista se ha transformado. Es otro ser distinto al que hemos conocido en un principio. El pasar por la vida alegremente, sin pensar en lo que se hace, desde el aprendizaje (a veces muy doloroso), va formando a una persona, que sobre todo aprende a ser ella misma. La joven se convierte en una mujer concienciada. Un momento que sigue al encuentro-conversación con la joven “enamorada” de Tomás.

Finalmente, el tercer momento, se refiere a la grabación de Raquel con su cámara de vídeo. Ella está preparando una serie de tomas para Tomás. Muestra, desde la azotea de su casa, la ciudad que la rodea. Después quiere grabarse ella misma. Coloca la cámara, en un equilibrio poco estable, sobre una silla. Mientras habla a la cámara, ésta se tuerce. La imagen de Raquel entonces aparece inclinada. De manera simple pero elocuente, partiendo de un hecho “real”, se ha presentado nuevamente la idea de la confrontación interna de la protagonista. Las cosas no son tan claras, ni tan “derechas” como ella pensaba que eran.

Lo cotidiano

lomejordemi5.jpgLos pocos personajes (algunos aparecen simplemente unos segundos) están bien definidos en su totalidad, al igual que lo están las situaciones que muestra la película. Es una obra construida de forma simple, pero siempre en función de aquello que se desea contar. El acercamiento del filme a los seres y las cosas es directo, sin que aparezcan innecesarios rellenos. Los pequeños gestos, el mínimo detalle observado, basta para definir a los personajes. No estamos ante un filme donde unos intérpretes se dedican a recitar los diálogos impuestos por el guión. No, aquí aparecen seres que muestran sus sentimientos, que “expresan” y  se “desnudan” ante la cámara.

Los diálogos de la película son simples, realistas, pero nunca forzados. No sé si será por ello, o por la procedencia televisiva de algunos de los que han colaborado (el guionista, algunos actores, la propia Roser) por lo que se ha dicho en algún sitio que Lo mejor de mí se parece a un telefilme o a un episodio de una teleserie. Nada de eso. A no ser que no sepamos ya distinguir lo que es televisión y lo que es cine, una discusión, en sí misma, absurda. Un ejemplo: Código del hampa (The Killers, 1964) de Don Siegel se realizó directamente para televisión, aunque pasó a estrenarse en cines. ¿Eso quiere decir que la estupenda película de Siegel era televisión? En esa línea podrían moverse mucho más claramente, en tal caso, y refiriéndonos a filmes españoles, títulos como Mataharis (2007) de Icíar Bollaín o 7 mesas de billar francés (2007) de Gracia Querejeta. Pero no esta película de Roser Aguilar.

Insisto, aquí hay pocos personajes, pero los que existen están bien trazados. Ahí está el padre de Tomás, los padres de Raquel (¡qué natural resulta la secuencia del encuentro-presentación de los padres de la pareja en el hospital!), la amiga de Raquel que está embarazada, la amante de Tomás, el compañero de radio de Raquel... Cada personaje, de alguna manera, representa una forma distinta de expresar el amor hacia los seres que habitan en “sus” mundos. Distintas formas de entendimiento de un mismo sentimiento.

Algunos reparos

lomejordemi4.jpg¿Errores? Sí, claro, los hay. ¿Cómo no van a existir en una película (en cualquiera), máxime si es primeriza? Pero los aciertos superan con creces los fallos. Indicaré algunas resoluciones utilizadas en el filme que me parecen poco logradas.

Existen demasiados planos de edificios solitarios, de rápidas visiones de distintas alas del hospital. Está claro que tienen una cierta intencionalidad, pero, en una película tan concisa y sugerente como Lo mejor de mí, sobra tal insistencia. ¿Se debe ello a un intento de alargar una película, que de por sí posee escaso metraje? Sorprende esa utilización, porque de haberlo requerido se podrían haber “completado” (o añadido) algunas otras situaciones.

Me parece, también, excesiva la fragmentación de los planos del principio (con los títulos de crédito por medio), al mostrar tanto la relación entre la pareja protagonista como sus ocupaciones o trasiegos diarios. Existe como miedo (aquí y más tarde) de utilizar el corte directo en el paso de una situación a otra ¿Se teme que en los saltos espacio-temporales se pierda el espectador? ¿Se utilizan acaso por eso los planos de los edificios como forma de encadenar los distintos escenarios?

Para terminar este comentario sobre Lo mejor de mí, me voy a referir a alguna de las trampas existentes en su buen guión. Sabemos que todos los filmes cuentan con ellas, son necesarias para que la historia progrese de acuerdo a lo que el guionista y el director desean. En algunas películas, las trampas “cantan” en demasía, en otras se introducen de forma que pasen desapercibidas. Veamos un ejemplo existente en el filme para comprobar como se “enlazan” perfectamente una serie de situaciones. Me centraré en el momento en que Raquel descubre que Tomás tiene una amante, un personaje secundario pero importante en cuanto ayuda a Raquel a evolucionar: la “obliga” a quitarse una cierta venda que le impedía mirar las cosas desde la realidad.

Raquel conoce a su “oponente” al ir a recoger unas cajas a la casa en que se hospedaba Tomás. Llega Raquel a la casa, le abre el amigo que compartía vivienda con su compañero. Ella le dice lo que viene a buscar. El amigo le comenta que espere, que ha guardado lo que había en la habitación de Tomás, ya que ahora se encuentra alquilada. Va a buscar el encargo y Raquel se queda sola. Observa que la puerta de la antigua habitación de Tomas está abierta. Le atraen las fotos que hay en la pared... en las que descubre a Tomás con una chica, la misma que ocupa ahora la habitación.

Tal descubrimiento, necesario por parte de Raquel, se produce al ir a la casa, encontrar la puerta abierta (lo más difícil de explicar desde la lógica: simplemente está abierta como podía estar cerrada), y comprobar (algo que el espectador no sabe) que la habitación ha sido alquilada por la “otra” mujer enamorada de Tomás. Desde ahí pueden irse atando los cabos sueltos, pero desgranados en el relato.

Raquel va a buscar unas cajas debido a que antes en el hospital ha hablado con Tomás sobre algunos de los “juguetes” o “juegos” de la infancia que aún guardan ambos. Tomás le habla de los  suyos, de los “airgamboys” o similares que se llevó con él al irse a vivir fuera de la casa de sus padres y que tiene en unas cajas en su antiguo piso. Esta conversación conduce a Raquel a la casa anterior de Tomás y, por tanto, al encuentro con su “oponente”. Punto aclarado, pero queda otro más importante. ¿Qué hace allí la mujer?

Cómo he dicho antes, el compañero de piso de Tomás comenta a Raquel, al entrar, que la habitación de su compañero se encuentra alquilada. Enseguida sabremos quién es la persona que la habita. ¿Hay algún dato anterior que avale el hecho? Existe un cierre de escena, hacia el comienzo del filme, que nos reconduce a esta presencia: Tomás se despide de su joven amante después de haber hecho el amor con ella. No la va a volver a ver. Va a vivir ahora en compañía de Raquel. Así tendrá una compañera y una casa, no sólo una habitación, en la que vivir. Antes de cerrar la secuencia, resuelta sin ningún dramatismo, la joven le pregunta cuál es la cantidad que paga por el alquiler de la habitación que va a dejar. Corte y paso a otra secuencia. El engarce con el encuentro de las dos mujeres queda perfectamente hilvanado. Y de manera, además, muy sutil.

Película de sentimientos, simple, pequeña si se quiere, pero grande en ideas, que ofrece, entre otras, dos agradables sorpresas: la presencia de una solvente realizadora (Roser Aguilar), de la que esperamos nuevas (y buenas) películas, y el descubrimiento de una estupenda actriz, Marian Álvarez, sin la cual el (estupendo) personaje de Raquel no sería lo que es.