JUMPER (1)

  29 Febrero 2008
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Título original: Jumper
País, año: Estados Unidos, 2008
Dirección: Doug Liman
Intérpretes: Hayden Christensen, Samuel L. Jackson, Diane Lane, Jamie Bell, Rachel Bilson, Katie Boland, Natalie Cole, Anna Sophia Robb
Guión: Steven Gould
Producción: 20th Century Fox, New Regency Pictures
Fotografía: Simon Kinberg, David S. Goyer
Música John Powell
Montaje: Don Zimmerman, Saar Klein, Dean Zimmerman
Duración: 88 minutos

Instantaneidad vacua
Escribe Daniela T, Montoya

Ya hace casi una década que Matrix (1999) marcara un hito en el uso de los efectos especiales. Su incorporación de técnicas fotográficas, utilizadas para descomponer una imagen en una sucesión de milimésicos fragmentos continuos, cautivó a los espectadores por su espectacularidad. En Matrix, los hermanos Wachowski, cual magos, apostaron por trabajar los efectos visuales en lugar de tergiversar el material fílmico mediante los “retoques” digitales.

jumper1.jpgAhora, en Jumper (2008), su curtido director Doug Liman parece querer deslumbrarnos retornando a esos trucos de magia en que las cosas, con aparente simplicidad, desaparecen y aparecen ante nuestros ojos. Pero el problema de Jumper es que, a diferencia de Matrix que tenía un trasfondo filosófico (más o menos cuestionable), ha obviado buscar un guión que dote de sentido a todas esas ilusiones visuales.

Un joven adolescente, David (Max Thieriot), retraído y que lastra problemas familiares, descubre por casualidad un poder que le va a permitir salir de su mediocre vida. Con sólo concentrarse, David es capaz de transportarse instantáneamente a cualquier lugar del cual tenga conocimiento, ya sea por haberlo visitado o por haber visto alguna fotografía del sitio. Sin pérdidas de tiempo y “saltándose” los impedimentos físicos que limitan a las personas comunes, rápidamente, David (interpretado en su fase adulta por Hayden Christensen) encuentra un provecho a esta cualidad para “saltar” de un espacio a otro. Ahorrándose el desplazamiento físico, asaltar bancos, para procurarse una vida más que holgada, será un juego de niños.

jumper2.jpgPlanteamiento interesante que podría conducirnos a muchos caminos. Una mirada social nos llevaría a una reflexión sobre el apogeo de la inmediatez, como valor al alza en la sociedad consumista. O, tomando como referente a Bill Murray de Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, 1992), podría indagar en la insatisfacción personal que, teniendo todas las necesidades cubiertas, conlleva la reiteración de pensar con qué capricho entretenerse para pasar el día. Incluso podría introducirse en el sentido de su condición excepcional, una especie de drácula que ha traspasado los límites humanos al tener el don de la ubicuidad.

Pero no. La película Jumper, pensada directamente para entretener al público juvenil, escamotea la novela de mismo título de Steven Gould (en la que se basa el guión) para construir una historia simplista con personajes estereotipados. David, el adolescente-perdedor que es humillado por sus compañeros de instituto, especialmente al insinuar su amor por “la chica” Millie (Rachel Bilson), supera sus traumas al enriquecerse con facilidad. Su vida convencional, en una ciudad de provincias, da un vuelco al descubrir su poder. Con unos años más, David se ha instalado en un apartamento muy cool de Nueva York. El David fracasado ha quedado atrás y ahora es un respetado y (¡como no!) apuesto joven que disfruta de sus antojos al momento.

Agotada en sí misma la posibilidad de recrearse en el deleite materialista de David, los guionistas de Jumper se sacan de la manga un elemento de conflicto que genere acción. El mal, liderado por Roland (Samuel L. Jackson), es una banda que tiene como objetivo eliminar a los jumpers, los saltadores que se desplazan a sus anchas por el parámetro espacial.

¿De dónde vienen? ¿Quiénes son? ¿De quién dependen? Y, fundamentalmente, ¿por qué quieren asesinar a los jumpers? Todas estas preguntas, claves en cualquier película bien estructurada, quedan sin responder. Y Doug Liman, metido a mero artesano del ilusionismo, se queda tan ancho. Qué más da si este clan de malos, con afán de limpiar el mundo de estos seres con poderes divinos, está metido con calzador. Lo importante es que su incorporación a la historia permite introducir las pertinentes dosis de acción, ofrecen una justificación para que el protagonista se convierta en el héroe (siempre dispuesto a sacrificarse por salvar a la chica), además de dejar abierta la puerta a posibles secuelas (incluida la resolución de un problema edípico).

jumper3.jpgNo nos cansaremos de decir que los efectos especiales nunca sobran si están al servicio de la historia. Abusar de ellos sin criterio, sólo conduce a la satisfacción que produce dejarse sorprenderse por lo imposible. Pero sostener toda una película sobre un efecto visual, reduce al mínimo las posibilidades narrativas del cine. Es decir, así el cine queda reducido a la mínima expresión.