PLAGA FINAL (0)

  22 Febrero 2008
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Título original: Pars vite et reviens tard
País, año: Francia, 2007
Dirección: Régis Wargnier
Intérpretes: José García, Marie Gillain, Lucas Belvaux, Olivier Gourmet, Nicolas Cazalé, Linh Dan Pham, Michel Serrault
Guión: Julien Rappeneau, Ariane Fert, Harriet Marin, lawrence Shore, Régis Wargnier
Producción: Gaumont, TFI Films, KL Production y Artemis, LGM Cinema
Fotografía: Laurent Dailland
Música Patrick Doyle
Montaje: Yann Malcor
Duración: 116 minutos

Alguien llamado Fred Vargas
Escribe Mister Arkadin

Al leer la sección crítica de ciertas revistas de cine, a veces nos preguntamos si no nos habremos equivocado de página ya que ahí se nos venden los más curiosos productos, aunque, bien mirado, puede ocurrir que el juguetón diseñador de la revista haya preferido divertirse un poco. Todo parece válido para que algunos (suponemos) jóvenes expresen sus dotes cinéfilas. Sobre todo, si su sabiduría suele lindar con el género terrorífico.

plagafinal4.jpgNo se equivoquen ustedes, detrás de la mayor parte de sus fuegos de artificio, no hay sino escasez de conocimientos cinematográficos. Algunos incluso, se sorprenden cuando se les habla de algún realizador del que nada saben. Pongamos, por ejemplo, que dicho nombre, lanzado al azar, sea el de sublime Max Ophüls. En el panorama crítico actual, de nuestro alrededor (y probablemente de fuera) encontramos ejemplares de todo tipo: cinéfilos empedernidos que insinúan conocer todo el cine de arriba abajo, viajeros de países exóticos y no exóticos contadores de sus aventuras andantes, practicantes de sudokus (por la moda), dameros (malditos o no malditos) y crucigramas tramposos que hacen y rehacen en sus extravagantes escritos...

Animo a la inmersión en revistas digitales y de papel, afamadas y minoritarias. Pasen, lean y comprueben el insólito espectáculo que nos brinda la lectura de algunas (llamadas) críticas cinematográficas (1). Pueden tanto acceder a un viaje que del Tíbet arribe a la tierra de Elah como a enfundarse en una enciclopedia astronómica para caminar en busca de un país sin viejos. De la película, y de lo que ha conducido a ella, al terminar la lectura sólo queda el nombre.

Hoy, aquí, ante esta nadería de película francesa, me permito la osadía de ponerme en la línea crítica indicada más arriba, que bautizaré con el nombre de la “nueva crítica”, en honor del recién fallecido (novelista, guionista y realizador) Alain Robbe-Grillet, uno de los padres de la “nueva novela”, hoy ya vieja. Sí, acabo de nombrar a quien junto a Alain Resnais caminó el pasado año en busca de fantasmas perdidos por los largos corredores de la memoria, en Marienbad. Alguien ligado al grupo de cineastas que, alrededor de 1960, lucharon para poner en pie un cine distinto al que se realizaba entonces en Francia. Hoy, la escapada hacia delante de aquellos artistas, ha quedado reducida a la grandeza de las obras individuales que siguen realizando los supervivientes de aquella utopía. Son Rohmer, Rivette, Resnais, Chabrol...  y también, ¡cómo no!, ese luchador apartado de todos los gustos y formas que es Godard.

Actualmente, el cine francés parece languidecer sin encontrar su camino. Certificación de ello sería este lamentable filme realizado por Régis Wargnier, considerado hace unos años una esperanza –sigo sin saber muy bien la razón– por esa torpe nadería titulada Indochina (1992).

plagafinal1.jpgDe su nuevo filme sólo deseo hablar brevemente. Me interesan más otras cosas que, eso sí, desembocan en la película que hemos visto. 

Hace poco, leía en una revista de cine de cierta qualité, y en la que se pueden encontrar artículos y comentarios cinéfilos muy dignos, una sorprendente crítica sobre esta Plaga final. No culpo al crítico o a la crítica por afirmar cuestiones más propias de alguien que únicamente ha leído el argumento y que decide, ante la más que previsible mediocridad de la película, huir de ella como si de la peste se tratase.

Lógico, la historia va de (falsas) pestes. No es para menos. También ha podido ocurrir que el citado escribiente, tras la visión de las primeras imágenes del filme, con buen criterio, opte por hacer mutis por el foro. A partir de ahí todo está muy claro. Toma su ordenador y comienza a pensar en la película que nunca vio o que soñó, porque también puede ocurrir que nuestro cansado critico se quedase dormido, ante tanta insensatez, a las primeras de cambio. Hasta aquí perfecto, todo concuerda. El problema se producirá cuando comiencen a saltar las letras, como si fueran las pulgas de las ratas propagadoras de la peste, a la pantalla del ordenador con el fin de que las palabras empiecen a ser iluminadas con la correspondiente sabiduría.

plaga-fred_vargas.jpgVargas, Fred Vargas

No, a pesar de lo que el crítico o la crítica aludida cree intuir, la película que ha recibido para su distribución en España el increíble título de Plaga final, y sobre la que ahora escribo, nada tiene que ver, excepto en su flojedad, ni con El código Da Vinci ni con cualquier tipo de literatura “moderna” entroncada con los misterios y secretos de pasados ligados a templarios, cruzados u otros caballeros sean de Jerusalén o de vaya usted a saber dónde. No, esta película no está basada en historias afines a profecías de tiempos pretéritos o búsquedas de tesoros salomónicos. Este filme, para mayor desgracia de los que la han puesto en pie, tiene que ver con una novela, simple y llanamente, de la serie conocida como “negra”. Con su misterio, sus venganzas, con las idas y vueltas de un comisario que tiene cierta intuición. Solamente eso, aunque en algún lamentable plano de la película, parece que tal personaje recibe mensajes del más allá o del más acá. Es Jean-Baptiste Adamsberg, el comisario, dispuesto a resolver un caso lleno de enigmas. Lógico que así sea, ya que la película se basa en una novela de Fred Vargas, quién afirma que sus obras más que al noir, pertenecen, dentro del policiaco, a la variante “enigma”.

En el filme, se trata de encontrar al que hoy en día mete miedo en el cuerpo a los habitantes de una ciudad reconocible. El terror viene producido por los extraños (y macabros) mensajes que un no menos extraño pregonero anuncia en la plaza de un  luminoso París. Se sabe que es esa ciudad y no otra (en ella transcurren las novelas de Fred Vargas) porque por allí aparece la “sombra” de Notre Dame y los reconocibles tópicos tejados que “florecen” bajo cielo de la gran ciudad. Por lo demás, en la película, el lugar no tiene ninguna una localización determinada, ni tan siquiera se adecua a una lógica.

plagafinal2.jpgEl miedo que debiera caer sobre los personajes es de pacotilla. Se ve a alguien con máscaras para no respirar el aire contaminado, unas pocas personas oyen al pregonero y otros, en fin, andan rápidos poniendo cara de miedo, tratando de “huir lejos”. Se trata, de todas maneras, de pequeños tics integrados en el relato, ya que a continuación de esas visiones de reminiscencias apocalípticas se nos presentan otras en las que descubrimos a gente andando por las calles como cualquier otro día, ajenas a la tragedia que se está viviendo: seres intercambiados de otras películas. Unas y otras personas son en realidad los mismos actores. Poco dinero debía haber en la producción para que los secundarios se repitan o amontonen de tal guisa como forma de simular una inexistente multitud. La torpeza en asumir la precariedad de la producción es manifiesta.

Es grave confundir el estilo de Fred Vargas con el estilo de Dan Brown (por cierto este autor lo que hizo fue aprovechar el camino abierto por Eco con su interesante El nombre de la rosa), o más bien una prueba de no conocer a la escritora en la que se basa la novela que da pie a la película, que escribió su primera novela hace unos treinta años, cuando ni tan siquiera Eco había pergeñado su novela sobre el miedo de los poderes eclesiásticos medievales a que alguien pudiera reír en los conventos.

He dicho, y repito, que la novela en que se basa la película es de una escritora, con lo que sintiéndolo mucho contradigo a la crítica o crítico del escrito al que he aludido más arriba. La autora es Fred Vargas, seudónimo de Frédérique Audoin. El nombre con el que escribe sus novelas procede –como se puede observar– del suyo propio, pero el apellido del seudónimo proviene por vía directa del que ostentaba la divina Ava Gardner en La condesa descalza (2). ¿A qué se debe que lo utilice la novelista? Simplemente a que su hermana gemela Jo, ferviente admiradora del filme de Mankiewicz, decidió desde muy joven adueñarse de tan ilustre  apellido. Frédérique no quiso ser menos que su gemela. Una forma además, con la que la escritora, evitaba que sus jefes y compañeros de trabajo supieran que era ella la escritora de unas exitosas novelas policíacas.

plaga-huye_rapido.jpgLa novela que da pie a Plaga final es intrigante, sus personajes (el curioso pregonero, un marinero anclado en tierra, por ejemplo) están muy bien trazados. El relato engancha desde el principio. Un juego enigmático que oculta una gran venganza. Una forma de ocultar lo que hay detrás de los justicieros crímenes. La película acumula las situaciones de la historia original pero sin saber barajarlas, sin lograr que el relato camine hacia alguna parte. No se siente la vida en el filme ante una narración que acumula hechos y los cuenta malamente. Las persecuciones carecen de fuerza (por ejemplo, en la que se da caza al patinador), las escenas y, en la mayor parte de las ocasiones, caen en el más estrepitoso de los ridículos como, por citar un lamentable ejemplo, aquella en la que asistimos al careo entre los hermanastros en la sala de la comisaría. Además, en la película los personajes aparecen y desaparecen de acuerdo a las necesidades del director. Los actores se pliegan a un guión al que sirven de acuerdo a su poco creíble escritura.

Fred Vargas nació en 1957. Es arqueóloga y zoóloga. A los veintiún años, en los tiempos libres que le dejaba una compleja excavación, comenzó a escribir su primera novela. En ella aparecía ya el comisario-detective que iba a protagonizar el resto de sus novelas, diez hasta el momento. Desde pequeña, Fred se había interesado por la literatura. Una afición a la que no era ajena la influencia de su padre, persona muy ligada al grupo de los surrealistas franceses. Leía la novelista en su niñez todo lo que caía en sus manos. Dice que desde Hemingway a Conan Doyle. Sus dos grandes amores locos, como los define la escritura, corresponden al descubrimiento, a los 15 años, de la obra de Jean-Jacques Rousseau, y a los 16 el encuentro con la obra de Marcel Proust. Sus enigmáticas novelas han sido premiadas en diferentes eventos sobre literatura negra. Entre sus obras se encuentran: Los que van a morir, La tercera virgen, Que se levanten los muertos, El hombre de los círculos azules, El hombre del revés, Sin hogar, sin lugar, Más allá a la derecha...

Ré-Régis, Régis Wargnier

Al principio del filme aparecen las enigmáticas imágenes de una pareja que parece está en trance de separación. Imágenes muy artificiales, estéticamente prefabricadas, que suenan a Antonioni más que a un filme policíaco.

¿A qué se debe ese “silencioso” comienzo? ¿Acaso resulta que toda la película desea volcarse hacia la frustrada y recobrada historia de amor del personaje del principio, o sea, el comisario protagonista? Para confirmar que lo fundamental es esa relación amorosa, inútil para un relato como el que aquí se urde, el final vendrá a clarificarlo. Al menos en el cuarto o quinto final consecutivo con el que nos bombardea esta película, se toca a rebato con los clarines de un forzado happy end, evocador de un inmediato arreglo del descosido amoroso.

plagafinal3.jpgInaudito pero cierto: el intuitivo, olfativo o vete a saber qué, comisario puede sonreír al fin tranquilo. Sabe dónde se encuentra su amor, que, sin duda, además, le espera con los brazos abiertos. Ojalá, en ese más allá del final, no vuelva a ocurrir algo parecido al momento “acristalado” en que, pasada la mitad de la película, la novia, mujer, amante, o lo que sea del comisario descubre “acristalado”  a su novio, marido o amante, o séase el comisario, que está a punto de caer en la tentación guiado por la malísima mujer de la función. Un desliz, o equivocación, como la del intuitivo detective, la tiene cualquiera. Nadie es perfecto y si no que se lo vayan a preguntar a Wilder o a Diamond, en sus tumbas.

En las novelas de Fred Vargas existen referencias irónicas a las propias relaciones familiares, entrevistas en los repetidos conflictos existentes entre hermanos y hermanastros. La escritora, además de Jo, su hermana gemela, tiene un hermano dos años mayor: en la película, también se precipitan los conflictos entre los hermanastros. Tan forzados como la forma de dar a conocer sus relaciones familiares o el encuentro con las personas que deben ser ajusticiadas como forma de vengar su anterior crimen. Las historias de la peste, las ratas, el miedo o las venganzas familiares no parecen pertenecer a la misma película, no casan demasiado para poder cerrar el puzle que se nos presenta. Es como si el director se sintiera incapaz de dar sentido a la historia que tiene en sus manos.

Si No es país para viejos es un excelente ejemplo de adaptación de una buena novela, Plaga final es un excelente ejemplo de cómo no debe adaptarse una novela, que además es en sí absorbente, interesante. No pierdan el tiempo con esta película. Lean la novela en que se basa y pasen del filme. La novela de Fred Vargas se titula, igual que el título original de la película, Huye rápido, vete lejos.

En España se decidió llamar la película Plaga final. El nombre original era demasiado explicito: explicaba con claridad lo que debe hacer el espectador antes de entrar en la sala donde se proyecta la película de Régis Wargnier. Si algunos de los que leen esta a-critica, lindante con (¡uff!) la “nueva critica”, quieren enterarse de qué va la historia, lean la novela de Fred Vargas y olvídense del filme.

Fred Vargas no es una escritora cualquiera. Es una buena novelista de literatura policiaca, negra o de intriga. Como prefieran. Como también lo es en el momento actual, entre otros varios, el griego (escritor, no escritora) Petro Márkaris, que además de novelista ha escrito varios guiones para, nada menos, el gran director Theo Angelopoulos. 

*****

(1) Críticos de cine buenos, malos y regulares han existido siempre. Aquí y más allá. Para evitar egos innecesarios no citare a ninguno de los buenos críticos (ni de los malos tampoco) que ahora están en activo. Señalar entre algunos de los “grandes” de un cercano ayer (algunos ahora en otros menesteres, otros se nos “han marchado”) a Paul Schrader, Peter Bogdanovich, François Truffaut, André Bazin, Karel Reisz, Claude Chabrol, Jean Luc Godard, Fernández Santos, Jose Luis Guarner...

(2) El seudónimo de Vargas también podía creerse que es un homenaje al Charlton Heston de Sed de mal. Pero en este caso eso no es cierto.