PADRE NUESTRO (3)

  16 Febrero 2008
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Título original: Padre Nuestro
País, año: Estados Unidos, 2007
Dirección: Christopher Zalla
Intérpretes: Armando Hernández, Jorge Adrián Espíndola, Jesús Ochoa, Leonardo Anzures, Israel Hernández, Paola Mendoza
Guión: Christopher Zalla
Producción: Cinergy Pictures, Panamax Films, Two Lane Pictures
Fotografía: Igor Martinovic
Música Brian Cullman
Montaje: Aaron Yanes
Duración: 110 minutos

No es país para emigrantes
Escribe José Luis Barrera

Las películas sobre el tema de la emigración casi se han convertido, por su abundancia y más en estos tiempos que corren, en una especie de subgénero cinematográfico que describe –con elementos casi tópicos– el drama social de este fenómeno que hoy es de rabiosa actualidad. Hemos visto ya muchas de estas películas hechas en Europa y en América.

padrenuestro1.jpgEn el cine norteamericano se ha venido a adjetivar este cine –con cierta falta de exactitud– como “cine chicano”, por cuanto sus personajes, actores e incluso cineastas suelen ser de nacionalidad u origen mexicano. Así pues, estas películas siguen más o menos un mismo esquema dramático, un mismo tono de denuncia y una parecida emisión de mensajes sociales. Esto puede provocar cierto desinterés en el espectador por encontrarse con algo “ya visto”. El interés de Padre nuestro, el filme que esta vez comentamos y recomendamos, está quizá en su planteamiento bastante original de la eterna problemática de la emigración.

Juan es un joven mexicano que no ha llegado a conocer a su padre, porque emigró a Estados Unidos antes que él naciera. Allí, según le ha contado su madre, triunfó y es dueño de un gran restaurante. En el transcurso de un infernal viaje clandestino para pasar la frontera de Tijuana (encerrados en un claustrofóbico contenedor), conoce a Diego, otro joven emigrante a quien le cuenta su situación. Una vez llegados, su compañero de viaje le roba la documentación y le suplanta como hijo de un padre que no es el dueño de un restaurante, sino el miserable lavaplatos de éste. Mientras, el hijo auténtico anda buscando a su padre ayudado por una pobre chica dominada –casi terminalmente– por la droga y dedicada a la prostitución.

padrenuestro2.jpgEl interés de Padre nuestro reside entre otras cosas en la adopción de dos puntos de vista de esta lastimosa y problemática situación que es la emigración. El primero, es una mirada menos dramática, encarnada en el personaje del hijo suplantador, que describe en tonos menos oscuros el panorama de situaciones problemáticas de los inmigrantes, sobre todo en sus primeros meses o años. El segundo punto de vista describe el fenómeno migratorio como algo verdaderamente dramático, a través de la desesperada búsqueda del padre por parte del hijo auténtico, que vive situaciones trágicamente inhumanas, al borde de la aniquilación. Estos dos puntos de vista convergen en la mirada nada optimista de su director, que da a su obra un tono bronco y desasosegante, expresado a través de una siniestra escenografía, una oscura y muy conseguida fotografía y una casi histérica interpretación.

El desarraigo propio que produce la emigración se entremezcla con la búsqueda desesperada de la identidad propia: esa descripción del acercamiento de un hijo hacia su padre y el proceso de reconocimiento que éste puede realizar hacia su hijo. Igualmente, el director del filme subraya la dificultad de hacerse un hueco en el mundo y la necesidad de sentirse aceptado por los otros, que también viven un ambiente hostil, donde el sueño de una vida mejor –simbolizado en la vida próspera y feliz del sueño americano– parecen esfumarse y convertirse en una fatal pesadilla.

padrenuestro3.jpgEl filme trasciende en muchos momentos su anecdótico argumento y sus mismas situaciones –descritas casi de un modo hiperrealista– para hablarnos de un modo existencial de la propia situación y existencia del ser humano: su desarraigo en este mundo, su búsqueda de una seguridad, el anclaje en una querencia que le salve de esa orfandad radical en que el hombre de hoy se halla sumido. En definitiva, la búsqueda de un padre que dé seguridad, orientación y sentido a la vida humana. Sin embargo, la respuesta a estos inquietos interrogantes no puede ser más negativa. El ser humano a la búsqueda de una salvación en el laberinto de la vida: las mismas calles del Brooklyn aparecen como un desasogante laberinto, donde los hombres y mujeres nadan perdidos.

Con un final cerrado, donde no hay lugar para la esperanza, para un futuro mejor, Padre nuestro expone sin misericordia la explotación, la avaricia, el egoísmo, la violencia, el desempleo, la lujuria, la adicción a las drogas: un horizonte sin horizonte donde la oscuridad moral y social entenebrece y congela cualquier corazón.

El director del filme consigue incrementar esta sensación deprimente para el espectador a través de una realización muy realista, con la cámara en mano para dar sensación documentalista, un fotografía tenebrista (quizá lo mejor de la película) donde se retratan los rincones más sórdidos e inhóspitos de Nueva York, y unos actores todos muy acertados interpretando de un modo bronco personajes algo tópicos e inconsistentes.

Padre nuestro es la opera prima de su director Christopher Zalla: buen arranque para una prometedora obra posterior. A ver si se cumple.