El molino y la cruz (4)

  20 Diciembre 2012

Sofisticada plasticidad 

el-molino-y-la-cruz-1Dos veces ha presentado Lech Majewski (director de cine y teatro, artista, escritor, poeta y compositor), en Madrid (cines Golem), su película El molino y la cruz antes de su estreno oficial en España. En el segundo encuentro con la prensa estuvo acompañado de Fernando Checa, ex director del Museo del Prado y especialista en arte renacentista y barroco, que presentó la obra del artista Pieter Bruegel, a quien el director retrata en su película durante el proceso de creación del cuadro Camino al calvario, realizado en 1564.

Pieter Bruegel, el Viejo (1525-1569) fue un hombre tranquilo, de mente inquieta, culto e intelectual, “un filósofo entre los pintores”, que murió desafortunadamente joven y dejó poca obra, varios dibujos, algunos para grabado, y una escueta obra pictórica de apenas cuarenta y cinco cuadros de singular y enigmático contenido satírico, crítico y simbólico. Uno de sus mayores coleccionistas fue el banquero holandés Nicholas Jonghelinck que atesoró unos dieciséis, entre los que se encuentra la obra analizada en la película.

La idea de hacer la película surgió a raíz de la lectura del excelente ensayo titulado The mill & the cross, publicado en 2001, por Michael Francis Gibson, sobre el cuadro Camino al calvario, del pintor flamenco. El autor y crítico americano le hizo llegar a Majewski, un ejemplar de su obra, después de ver en 2005, en París, su película  Angelus (2000) en la que descubrió en el director polaco “una mente bruegeliana”.

El análisis de Gibson sobre el cuadro impresionó tanto al director que decidió contar con su colaboración (como guionista) para realizar una película basada en su interpretación de la célebre pintura.

Fascinado por Bruegel desde la adolescencia, al que consideraba como un mago, Lech Majewski (confiesa que sus cuadros le recordaban a las películas de Fellini, porque aunque no las entendía le atraían) justifica la acometida de esta ardua producción, que le ha llevado cuatro años de intensa dedicación, diciendo: “Bruegel quiso que yo hiciera esta película”. Y lo cierto es que le creemos.

Si hay alguien que puede hablarnos desde más allá de la muerte, seamos o no creyentes, es un pintor. Su alma sigue viva, a través de su obra inmortal, y basta un mínimo de sensibilidad para sentir que nos habla, nos inspira, nos conmueve… y/o nos incita a tomar decisiones como ésta. La voz interior que conminó a Majewski a profundizar en este cuadro a través del cine nació, además de su admiración por Bruegel y del minucioso trabajo de Gibson, de esa profunda llamada.

Nosotros como espectadores agradecemos esa comunicación interior y el sorprendente análisis del escritor norteamericano, si ambos han servido para que Majewski nos ofrezca esta perfecta combinación de sofisticada plasticidad y acto de reflexión al contemplar su película.

A pesar del tratamiento tan estético y pictórico, El molino y la cruz es una obra de cine puro, con una estructura narrativa y dramática heterodoxa, deudora de la sintaxis manierista, pero intrínsecamente cinematográfica. Comienza con un prólogo en amplísimo plano general (similar al del cuadro) donde el tiempo y el espacio están suspendidos en distintas perspectivas, para después ir descomponiendo algunas de las escenas que allí se describen en una cuidada planificación que termina con un epílogo, que nos saca de la obra, dejándonos planteados tantos enigmas como los que desvela durante la representación.

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Sinopsis

La película cuenta la historia de la concepción de un cuadro en el que los personajes representados están viviendo un drama histórico concreto (la cruel dominación española de Flandes, en 1564, bajo el yugo de Felipe II), al que se extrapola la pasión de Cristo, el tormento de su camino al Calvario, el dolor de la Virgen María, su madre, y el duelo de sus allegados.

Los personajes cobran vida en la película, y el director, en un ejercicio de sinécdoque narrativo-iconográfica, nos remite a través del retrato de unos pocos a la totalidad. Escoge un puñado de ellos, para mostrarnos sus dramas personales, la persecución religiosa llevada a cabo por los soldados de levitas rojas, la brutal represión contrarreformista y la ejecución de los insumisos (el enterramiento de una mujer viva, la tortura, muerte y exposición del cadáver de un campesino a los cuervos…); la rutina cotidiana rural (los leñadores talando, el buhonero deambulando, el molinero haciendo el pan…); la vida disipada de otros (bufones callejeros, aldeanos retozando, músicos alegres, niños jugando…), la expectación del pueblo ante los condenados… junto a retazos de la vida del artista (mientras concibe el cuadro, realiza los bocetos, conversa con su amigo y mecenas Nicholas Jonghelinck…) y su familia.

En medio de esa estampa, aparentemente naturalista, extrapola un hecho trans-histótico y simbólico, la pasión de Cristo, su martirio y posterior conducción al Calvario ante la algarabía popular que contrasta con el intenso dolor de su madre.

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Progreso y pensamiento

En la composición pictórica —una visión cósmica de singular fuerza simbólica—, que se recrea completa, para luego ir desmenuzándola, hay representadas más de quinientas figuras y curiosamente el tema principal del cuadro (Cristo con la cruz a cuestas camino de su crucifixión) está perdido entre una multitud de personajes, que parecen ajenos, excepto unos cuantos, a lo que está ocurriendo.

Este tipo de composición, que escamotea el tema principal de la representación, es uno de los rasgos manieristas más característicos, donde lo importante, nunca es evidente como ocurre en el Renacimiento, y donde la composición aunque rigurosamente estructurada ofrece una apariencia caótica.

Desde esa forma personal de mirar del pintor, Majewski expone a la luz lo oculto, el misterio que encierra esta obra críptica donde lo fundamental está escondido, a pesar de estar colocado en el centro de la composición, y hace desde el cuadro y a través de la película una reflexión sobre la insolidaridad y la ceguera egoísta del hombre de cualquier época, que no ve más allá de sus narices y sólo vive para sí mismo, ajeno a los problemas y al sufrimiento de los demás.

El director cree que la naturaleza humana está en regresión a pesar del progreso tecnológico. El mundo actual esta marcado por este binomio sólo aparentemente contradictorio.

La tecnología va tan rápido que sólo sirve para aislar al ser humano, para impedirle pensar, y alude a los videojuegos como ejemplo, donde hay que actuar tan rápidamente que impiden hacerlo. Dicho con sus propias palabras: “El mundo en el que estamos atrapados hoy en día va muy rápido… El precio que pagamos por ir tan rápido es 'no pensar'…. Hoy tiene valor todo lo que aísla”. Y continúa “Me crié en una ciudad con minas de carbón y las señoras miraban por las ventanas para ver la vida real, hoy están encerradas en sus casas viendo 'vida artificial'. Hoy todo cambia muy rápido, pero la naturaleza humana sigue igual. El poder actúa hoy igual que ayer… El espíritu humano no progresa”, hecho que amplifica al campo de la música, el arte… e incluso y con más evidencia que nunca, a la vida política.

Respecto al contenido religioso que la película desea transmitir opina que Europa no se puede entender sin el cristianismo “…es como si quisiéramos cortar el pasado y ahí está la mitología greco-romana y la judeo-cristiana; esto es nuestro pedigrí y no tiene sentido ignorarlo, porque es lo que hizo Mao y fracasó”.

La visión de Dios es distinta para cada persona, considera que “Dios no es un término preciso”, y que en su película se representa arriba, de una forma inmanente, como lo han hecho también otros cineastas, como Buñuel en Simón del desierto.

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Estética y técnica

Todas estas profundas reflexiones están atrapadas en una película con una factura estética y técnica impactante, donde se han cuidado al máximo todos los detalles. “Entrar en el mundo de Bruegel ha sido muy complicado”, sólo el diseño y confección del vestuario, para quinientos personajes, ha supuesto el trabajo de cuarenta costureras durante un año. Explica que el color de las telas actuales no se ajustaba al de entonces y se tuvieron que teñir los paños con tintes naturales para conseguir aproximarse al cromatismo del cuadro.

La recreación del espacio donde Bruegel ambientó su obra ha necesitado tecnologías digitales de última generación (tecnología CG y efectos en 3D) para recrear las siete perspectivas diferentes que tiene el cuadro.  Durante el rodaje se ha tenido que utilizar una lente con un ojo renacentista, mineral, que permitiera enfocar bien a todos los personajes en profundidad (algo que el ojo humano no puede hacer); para ello cada plano tuvo que rodarse de forma diferente y luego recomponerse en capas superpuestas (entre 41 y 147 capas tiene cada uno) de perspectiva, atmósfera y personajes. “Era como hacer un tapiz digital”, confiesa el director, que durante el proceso, decía sentirse como el monje de un monasterio medieval mientras sus informáticos “miniaban” sus imágenes.

En cuanto a las localizaciones, la película se ha rodado en Polonia, República Checa y  Austria, excepto las nubes que son de Nueva Zelanda.

Una película para pensar a través de la mirada, donde los escasos diálogos o monólogos son reflexiones sobre temas esenciales, como los enigmas de la representación pictórica, la represión de la libertad de pensamiento o el significado de la religión en un momento y lugar concreto de la historia. Los únicos personajes que hablan son los tres actores que dan vida a los personajes principales: Rutger Hauer, holandés como el artista al que encarna, Michael York que interpreta a su amigo y coleccionista Nicholas Jonghelinck, y Charlotte Rampling que representa a la Virgen María.

Naturaleza y simbología se mezclan en el cuadro, y la película trata de explicar las claves de esa duplicidad significativa, dejando, a pesar de desvelar algunos de sus misterios iconográficos, una puerta abierta al pensamiento, a la reflexión de un espectador activo, inquieto y sensible al que reclama cierto grado de complicidad-compromiso intelectual para no perderse en la belleza de lo estrictamente visual.

Escribe Purilia


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Título El molino y la cruz
Título original The mill and the cross
Director Lech Majewski
País y año Polonia y Suecia, 2011
Duración 103 minutos
Guión Michael Francis Gibson y Lech Majewski
Fotografía Lech Majewski y Adam Sikora
Música Lech Majewski y Józef Skrzek
Distribución Surtsey Films
Intérpretes Rutger Hauer (Pieter Bruegel), Michael York (Nicolaes Jonghelinck), Charlotte Rampling (María), Joanna Litwin (Marijken), Dorota Lis (Saskia)
Fecha estreno 14/12/2012
Página web http://www.facebook.com/messages/SurtseyFilms