EN EL VALLE DE ELAH (3)

  03 Febrero 2008
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Título original:

In the valley of Elah

País, año:

Estados Unidos, 2007

Dirección:

Paul Haggis

Intérpretes:

Tommy Lee Jones, Charlize Theron, Frances Fisher, Susan Sarandon, James Franco, Jonathan Tucker

Guión:

Paul Haggis

Producción:

Summit Entertaiment, Warner Independent Pictures, Blackfriar's Bridge, Samuels Media, Nala Films

Fotografía:

Roger Deakins

Montaje:

Jo Francis

Música:

Mark Isham

Duración:

120 minutos

A la búsqueda de la verdad
Escribe Adolfo Bellido

Tercer largometraje para el cine del canadiense Paul Haggis. El primero fue Red Hot (1993), que nunca se estrenó en España. El segundo, la sorpresa de los Oscar de hace dos años, fue Crash (2005). Además de esos tres filmes, Haggis ha sido realizador de muchos otros para televisión. También es guionista, y destacó especialmente por haber escrito las últimas películas de Clint Eastwood (Million Dolar Baby, Banderas de nuestro padres, Cartas desde Iwo Jima). No obstante su labor como guionista se extiende a lo largo de muchos años, y se pueden encontrar episodios suyos escritos en los años setenta para Vacaciones en el mar (The love boat), pero siempre su escritura se ha circunscrito a series televisivas.

enelvalledeelah1.jpgHaggis es consciente de lo que debe a Eastwood, de aquello conseguido desde que se cruzase en su camino, por eso no resulta raro, ni excesivo, que aparezca en primer lugar su nombre entre la lista de agradecimientos enunciados en los largos letreros finales de su último filme. Así quiere reconocer tanto lo que ha aprendido del director de Sin perdón, como lo que esta película debe al cine del “maestro”. La “atmósfera” que, en más de un momento, rodea a En el valle de Elah recuerda bastante a la de Mystic River, filme que, curiosamente, no había escrito Haggis. Pero la estructura de la historia que encontramos en el filme, la “oscuridad” de las imágenes (y no sólo por la fotografía que parece una marca de “fábrica” de Eastwood) y la trama policíaca sobre la que bascula el relato como forma de acceder a una determinada denuncia, se emparentan claramente con Mystic River.

Frente a los fuegos de artificio, y la vacuidad del mensaje de Crash, En el valle de Elah se presenta como un filme adulto, directo y crudo, que se erige, sin demasiados problemas, en uno de los títulos más sobresalientes que nos han llegado sobre la guerra de Irak. Y en algunos momentos con una cierta semejanza a Redacted de Brian de Palma.

Hay quien ha dicho que la guerra de Irak es, en este filme, lo de menos, que su itinerante historia podía haber transcurrido en otra época y lugar sin cambiar una coma. La realidad no ese ésa. El filme, sin lugar a dudas, forma parte de un periodo muy concreto de la historia americana: aquél que habla de la decadencia (por no decir caída) de un Imperio (con pies de barro), metido a inútil redentor de otros lejanos países, en los que nada (o quizá mucho) se le ha perdido. Todo ello bajo la (falsa) advocación de una democracia impuesta por las armas.

enelvalledeelah2.jpgEn realidad, lo que se está produciendo, desde la mentira más absoluta, es una lucha por intereses personales. Un engaño que se ha apoderado, de forma generalizada, de la existencia y pensamiento de los propios estadounidenses. Es lo mismo que le pasa a Hank, el protagonista de En el valle de Elah, un policía militar jubilado, inflamado de ardor patrio, engreído depositario de la certeza más absoluta... hasta que se ve obligado a realizar un infernal viaje al  final del cuál se deberá enfrentar a una verdad, que siempre ha preferido ignorar. Ahora no puede huir de ella, al formar parte de su devenir, al restallarle en su propia vida. Es imposible negar lo evidente.

La ceguera en la que sueña más que vive Hank, le ha llevado a entregar, en un absurdo sacrificio, a sus dos hijos, como si se tratase de Abraham. La pesadilla vivida en un cercano ayer vuelve a citarle en el hoy, pero, si eso es posible, en forma más cruenta. Ayer perdió a su hijo pequeño, en su destino como militar, y hoy se enfrenta a la verdad sobre su otro hijo, para terminar descubriendo que ni era como él creía (ejemplo de dignidad heroica para el mundo), ni servía a una causa justa desde su convencimiento de lucha por la paz. 

No será sólo el “encuentro” con su hijo muerto en circunstancias extrañas, sino el descubrimiento de su cadáver, que aparece troceado, quemado, irreconocible en los alrededores de una base militar, en los propios Estados Unidos. Allí aparentemente pasaba unos días de (¿ganado y merecido?) permiso. Unos días de descanso a la vuelta de la lucha en un país lejano al que se acudió a dar lecciones de democracia: la gran mentira enunciada desde el Imperio. Finalmente, se comprenderá que los enemigos no se encuentran únicamente allí, también están en el propio país. O mejor será decir que están en el interior de uno, o, quizá aún mejor, que el enemigo, o acaso el enfermo, es el propio país. 

Construida al igual que otros grandes filmes de denuncia (me viene ahora a la memoria Desaparecido –Missing– de Costa Gavras), planteados como la búsqueda itinerante de un ser querido, En el valle de Elah pasa de ser una historia personal a convertirse en un análisis de una explosiva situación. Pistas erróneas, intereses de distintos colectivos, idas y vueltas para ocultar la verdad, falsos culpables, se enlazan en la bajada a los infiernos de un ser dolorido en busca del hijo del que todo desconoce, como descubre ahora horrorizado.

enelvalledeelah3.jpgUn personaje, el hijo, desvalido, perdido, reconvertido en un ser angustioso, desgarrado por el propio destino y que ha ido, antes de su muerte presentida, dejando pistas con las que dar a conocer y poder redimir sus numerosas culpas. Una guerra donde todo está permitido, como si de un juego se tratase. Violaciones, niños asesinados por actuaciones erróneas, mientras una cámara-memoria va registrando todo lo sucedido. Al igual que la memoria, las imágenes “escondidas” en una precarias grabaciones con móvil van fluyendo a ráfagas para reconstruir un puzzle. Las imágenes semiborradas tratando de “volver” a la vida al ser ya perdido para encontrar la realidad y, quizá, el sentido de unos hechos.

En este viaje hacía la verdad, el intransigente padre, creído y engreído dominador de todo y de todos, se ve obligado a reconocer sus fracasos, a aceptar la realidad y a lamentar su falta de escucha, de comprensión. Así se plantea en el recuerdo de la conversación mantenida con su hijo, que le llama desde Irak reclamando un socorro que no es atendido. Por ello, el padre (incapaz de entender también a su esposa) es también culpable y víctima de las mentiras proclamadas por su país para orquestar una guerra sin sentido. El esclarecimiento de la muerte del hijo corre parejo a la concienciación del individuo. El lógico camino que conduce a saber tanto la realidad de la vida del hijo como la del propio país lleva a toparse exclusivamente con los intereses particulares de unos determinados poderes.

La trama policial que centra En el valle de Elah se plantea a través de tres investigaciones paralelas: la que lleva a cabo la mujer policía, interpretada por una desconocida y excelente Charlize Theron;  la (malamente) coordinada por las distintas fuerzas de la policía estatal y de la militar y la que lleva a cabo el propio padre. El pasado de éste último, experto policía militar, hoy jubilado, posibilita que sus conclusiones le conduzcan a tesis que se adelantan a las que llegan (o que tratan de ocultar) los interesados o desganados investigadores. La mujer, por su parte, aparece como un ser marginado por sus propios compañeros. Se la considera tanto como inútil, como mujer-florero, con la que poder pasar un buen rato. El ser una madre que vive con su pequeño hijo, sin que exista un padre, es otro dato a tener en cuenta dentro del trato que recibe. Un personaje definido además por su relación con el estamento militar, al cual pertenecía su padre, y que lleva al personaje a comprobar (y también plantearse cuál es su lugar en aquel mundo) el estado mental de muchos de los soldados o de los mandos que la rodean: la mujer objeto de malos tratos y posteriormente asesinada.

Los juegos de intereses de unos de los otros, los intentos de tapar la verdad para no dar a conocer la torpeza y paranoia que aquejan a gran parte de los militares, son presentados con gran crudeza: se prefiere ocultar la verdad antes que darla a conocer.  

Dura mirada sobre los poderes fácticos y en especial sobre unos jóvenes militares (muchos de ellos hispanos, negros...), propicios a abusos, a la utilización de drogas, a jugar con la guerra. El fundamento de todo ello se encuentra en un Poder abusivo, impositivo al que nadie quiere parar. Los antiguos héroes jubilados prefieren soñar en viejas glorias pasadas o en huir de la quema marchando de vacaciones a alguna parte.

Algo común a Haggis es la utilización de los elementos simbólicos que, mal utilizados, aparecían en Crash, y que aquí se apoderan hasta del título. La metáfora del valle de Elah, donde se desarrolla la batalla entre David y Goliat, es elocuente. Pero, en definitiva ¿quién representaba al gigante y quien al joven-niño vencedor? ¿Dónde se encuadrarían, en ese aspecto, el hijo de la policía, el país invadido, los propios Estados Unidos? Qué cada uno saque sus conclusiones.

Elemental –y discutible– es el simbolismo de la bandera, que prácticamente abre y cierra el filme, aparte de intuirse el plano final desde el mismo comienzo. Al principio se indica cómo hay que mantener la bandera erguida (¿desafiante?); al final se explica al mismo personaje al que se mostró cómo debía izarse, lo que debe hacer: colocar la bandera boca abajo (petición de socorro), bien sujeta con cinta las cuerdas que la mueven para impedir que sea arriada. De esa manera continuamente (mientras la situación de destrucción “imperial” siga detectándose) “reclamará” que se venga de otros lugares a auxiliar al país. Discutible y elemental símbolo, pero también relativamente irónico: el Gran País pide a sus “súbditos” que corran en su ayuda...

¿Todo está perdido? Probablemente la historia vuelva a repetirse. Y la grandeza o los honores terminen convertidos en basura: un joven soldado vestido “impecablemente” llega al final para ocupar el sitio (la habitación) del soldado asesinado. Un personaje más en la cadena destructiva y sin sentido, que será devorado por el propio sistema.

Una cierta propensión al ternurismo afea y edulcora un filme nada necesitado de esas florituras. Me refiero, sobre todo, a ciertas escenas en las que aparece el hijo de Charlize Theron.

Con todos los peros que podamos ponerle, En el valle de Elah es una película necesaria e importante en el momento actual, que pone el acento sobre las mentiras de un país en crisis, que apela a una especie de guerra santa como forma de ocultar todas sus deficiencias y errores.