HACIA RUTAS SALVAJES (1)

  31 Enero 2008
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Título original:

Into the wild

País, año:

Estados Unidos, 2007

Dirección:

Sean Penn

Intérpretes:

Emile Hirsch, Marcia Gay Harden, Jena Malone, Catherine Keener, Hal Holbrook, Kristen Stewart, Vince Vaughn, Brian Dierker

Guión:

Sean Penn

Producción:

River Road Entertaiment, Paramount Vantage, Square One , Linson Film

Fotografía:

Eric Guatire

Montaje:

Jay Cassidy

Música:

Michael Brook

Duración:

140 minutos

En busca del espíritu del antiguo oeste
Escribe Daniela T. Montoya

La manipulación del concepto de “libertad” ha llevado a la tergiversación de su significado. El uso reiterado en contextos de lo más inverosímiles dificulta discernir con claridad su sentido. En plena era capitalista, el buen funcionamiento de la economía requiere que se priorice el aspecto de la “libertad de elección”: el sujeto/consumidor tiene en su cartera la capacidad de decidir entre un producto y otro. De esta forma, en el consumidor se delega un pequeño margen de poder que le hace sentir importante. Pero las posibilidades de elección real están limitadas al ámbito del consumo. Seleccionar el tipo de compra conlleva autodefinirse. Porque en una sociedad prioritariamente visual, la imagen externa que mostramos es lo determinante de nuestra personalidad. Un coche, no es sólo un medio de transporte, sino que sus características (la marca, el modelo, la antigüedad, el color, etc.) se adhieren a la construcción que hacemos de nuestras vidas.

haciarutassalvajes1.jpg¿Qué hacer, entonces, cuando uno se siente constreñido por estos universos simbólicos en venta, los cuales la publicidad se encarga de propagar? La solución de Christopher McCandless (Emile Hirsch), en cuya vida se inspira la película de Sean Penn Hacia rutas salvajes (Into the Wild, 2007), es cortar de raíz con su familia, sus amigos, su comunidad… todo su entorno. Abandonar su mundo de artificiosas comodidades para enfrentarse a una bocanada de naturalidad.

Tras entregarse con esmero a los estudios universitarios, Christopher inicia su aventura hacia lo agreste despojándose de sus ataduras con la civilización. Donar sus ahorros, abandonar su coche, destruir sus carnets de identidad que le vinculan con la sociedad. Convertido en un Robinson Crusoe voluntario, tan sólo coge lo imprescindible para subsistir por sus propios medios en la brutal naturaleza. Es la aventura de ponerse a prueba a sí mismo. Experimentar la adversidad, enfrentar sus carnes al sufrimiento, llegar al límite de la extenuación. Todo ello, vagabundeando a sus anchas por el extenso territorio del oeste de Norteamérica. Desde el desierto de la frontera mexicana con Estados Unidos, la bravura del Cañón del Colorado, las Montañas Rocosas del Canadá, hasta llegar a su paraíso natural en Alaska. Será en este edén, paradigma de la virginidad salvaje, donde el joven Christopher decide vivir felizmente los últimos años de su corta vida.

Hasta aquí, los hechos acontecidos sobre esta atrevida desventura. Se puede tildar de extravagancia, locura, inconsciencia, egoísmo. Al margen de juicios (y prejuicios), las andanzas del chaval se puede describir objetivamente, conteniendo cierta admiración y sorpresa, como hace Jon Krakauer, quien originariamente sacó a la luz esta historia.  Aunque también se puede ensalzar la figura de Christopher como un modelo a seguir. Esta última parece ser la opción elegida por Sean Penn en Hacia rutas salvajes. Una opción desacertada, más aún considerando que no sugiere, sino que pretende imbuirnos en una experiencia catártica similar a la que vivió el joven.

Sean Penn estructura libremente Hacia rutas salvajes en capítulos cuyo título alude al desarrollo ontogénico (nacer, crecer, madurar...) del ser humano. Christopher vuelve a nacer en una nueva vida de la que, ahora, él toma las riendas. Este renacer conlleva un nuevo aprendizaje, pero el zagal está muy condicionado por el contexto social del que proviene.

haciarutassalvajes3.jpgEn contraste al mundo intelectual en que ha crecido, chaval se introduce en terreno agreste entregándose en cuerpo y alma al trabajo físico. Ha de practicar su pensamiento bricoleur (que diría Lévi-Strauss) para dejar aflorar el ingenio y sus habilidades manuales. Un nuevo entorno requiere readaptar las formas de abordarlo. La sabiduría empírica se impone al conocimiento abstracto. Aún así, Christopher no es capaz de abandonar la carga conceptual que porta de su anterior vida “civilizada”. En él pervive el lenguaje de su cultura bienestante (decide autodenominarse como el grupo británico de rock Supertramp, también necesita trasladar kilómetros a millas para poder abarcar el significado de la distancia), además de mostrar serios problemas para apropiarse de la cosmovisión que implica vivir en la naturaleza (como es diferenciar las plantas de las que alimentarse y las venenosas).

Pero aunque el joven muestre dificultades para romper con todos sus vínculos anteriores, Sean Penn gusta de insistir en el contraste entre la vida “salvaje” y la civilización. Constantemente nos enuncia los pensamientos de Christopher, en los que retumban conceptos rimbombantes tales como “libertad”, “fuerza”, “poder”, “gente”, “felicidad”. El problema es que dichos conceptos marcan el devenir de la película. Con la obstinación de remarcarlos, Hacia rutas salvajes queda reducida a una prolongada concatenación de oposiciones simples: el trabajo insufrible en la cocina de un establecimiento de comida rápida, frente al trabajo feliz en el campo abierto; las relaciones desnudas con hippies, frente a la sofisticación banal de los yuppies entre copas; la facilidad de querer, frente a la burocracia de permisos y papeleo.

Esta incapacidad de desligarse definitivamente de la visión civilizada lastra el desarrollo de la película. Si bien es necesario el contraste inicial para poder apreciar el cambio de valores, persistir en la comparación atenaza la libertad de Christopher. Es decir, conlleva convertirlo en un títere (al servicio de moralizante de Penn) que tan sólo “participa” de la naturaleza, en lugar de integrarse en ella. Dista mucho, pues, de Nanuk, el esquimal (Nanook of the north, 1922), en la que Robert J. Flaherty logra transmitir el sentir del esquimal, viviendo en perfecta armonía en el orden natural. Ni mucho menos Sean Penn se aproxima a la forma en que Carlos Castaneda (ver, por ejemplo, el libro Viaje a Ixtlan, en Fondo de Cultura Económica) accede a la realidad de un hombre que fluye en la áspera naturaleza. Porque el objetivo primordial de Penn no es retratar la odisea de Christopher, sino transmutarla en una metáfora de la liberación. Convertir su alejamiento de la civilización en la panacea que nos redima de todos los pecados de la sociedad capitalista.

haciarutassalvajes2.jpgMuchos motivos tiene Christopher para adentrarse en tierras salvajes. Penn recurre al uso de la voz en off de la hermana de Christopher para una incipiente justificación de las acciones del joven. Busca un origen a su impulso huidizo y lo encuentra, por un lado, en su carácter aventurero y, principalmente, en el núcleo familiar dirigido por un pater tan autoritario. Así, el núcleo familiar constriñe su libertad. Pero ésta sería la explicación de boca de la hermana del protagonista. Sean Penn prefiere resaltar el rechazo de la falsedad que expresa reiteradamente Christopher. Suprimir necesidades ficticias, despojarse de discursos sofísticos (con clara alusión a Bush-padre), abstenerse de alimentos adulterados, abandonar las relaciones fingidas. Buenos motivos para ir en busca de experiencias “auténticas” que alimenten el espíritu del hombre.

Pero este cambio trascendental, ¿da pie para contemplar extasiados al joven como si fuera el nuevo Mesías? ¿Es preciso prolongar el metraje hasta la extenuación? Ralentizar constantemente las imágenes, endulzar la fotografía mostrando paisajes bucólicos, y usar la banda sonora como elemento emotivo desmerecen la búsqueda que hizo Christopher de una vida diferente. Las connotaciones místico-ecológicas no son necesarias para denunciar la degeneración de la sociedad capitalista.

Pero parece que a Sean Penn, al igual que a sus conciudadanos estadounidenses, le cuesta desligarse de la tradición cultural, donde la religión protestante, la preeminencia del individualismo y la conquista solitaria de tierras salvajes (con clara reminiscencia al antiguo oeste, horizontes de libertad) han marcado la historia de su país.