LA CAJA KOVAK (2)

  29 Enero 2008
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Título original:

The Kovak box

País, año:

España, 2007

Dirección:

Daniel Monzón

Intérpretes:

Timothy Hutton, David Kelly, Gary Piquer, Georgia Mackenzie, Iván Morales, Annette Badland, Lucía Jiménez

Guión:

Daniel Monzón, Jorge Guerricaechevarría

Producción:

Castelao Productions, Estudios Picasso, Future Films

Fotografía:

Carles Gusi

Música:

Roque Baños

Montaje:

Simon Cozens

Duración:

113 minutos

Un laberinto entre la angustia del ser humano y la ciencia-ficción
Escribe María Sánchez González

Tras El corazón del guerrero y El robo más grande jamás contado, la tercera película dirigida por el que fuera crítico de cine, el mallorquín Daniel Monzón, La caja Kovak (http://www.lacajakovak.com/) es, sin duda, su obra más ambiciosa y personal.

lacajakovaks1.jpgPosee un interesante y complejo guión que gira en torno al suicidio, a la angustia del ser humano y a su facilidad para confundir realidad y ficción. La idea surgió tras los atentados del 11-S en las Torres Gemelas en Nueva York, por el modo en que se transmitió tal suceso al mundo.

La película, quizá en su afán por diferenciarse de otras producciones españolas de suspense y con el deseo de traspasar nuestras fronteras, ha optado por grabarse en inglés y contar con un reparto internacional. Así, junto a Lucía Jiménez interpretando a una joven turista desarraigada y solitaria que sufre involuntarios intentos de suicidio, hallamos a Timothy Hutton interpretando a un famoso escritor cuyos planes de boda se ven truncados por la muerte de su prometida, y a David Kelley, el creador de la caja (del título) y del laberinto que se nos propone.

Estamos frente a unos protagonistas que, a excepción quizá del señalado David Kelley, un científico macabro e inteligente con delirios de grandeza, no se encuentran demasiado definidos, tal vez por su propia condición de ratones. Más que mostrarnos su personalidad o pasado como origen de sus angustias o miedos, se nos presentan los personajes como marionetas repentinamente envueltas en unas situaciones que, o son extremas, o se enfrentan a ellas en contra de su voluntad.

lacajakovaks3.jpgDesde la visión conductista y metafísica dominante en todo el filme, se opta por representar la libertad del ser humano al tiempo que se muestra su debilidad. En ello es donde radica la originalidad de la película. En el filme, la muerte no persigue a los protagonistas, como sucediera en Con la muerte a los talones –una de las fuentes de inspiración de Monzón–. Aquí no existen asesinos, sino víctimas sometidas al control de una fuerza superior creadora, que ordena y maneja cualquier movimiento.

El sentido de juego constante, la combinación de lo verdadero con lo simulado queda patente, más allá de la trama generada por el filme. Estamos en un mundo en donde la propia técnica y ambientación se encuentra en función de la materialización de la idea que el director quiere trasmitirnos: la posibilidad de manipular a través de realidades que parecen ficción.

Los recursos, situaciones y planos heredados del cine clásico de suspense (el cine de Hitchcock o el de Brian de Palma) se mezclan con un planteamiento futurista propio de la ciencia-ficción. Si a todo ello unimos el lugar en que transcurre la mayor parte de la acción, el resultado será un filme atemporal y ambiguo.

lacajakovaks2.jpgAunque La caja Kovak se sitúa en un lugar concreto, la isla mediterránea de Mallorca, y gran parte de las escenas de mayor tensión sucedan, al contrario de lo que suele ser habitual en el género, en exteriores y a plena luz del día (la muestra más clara se encuentra en el magnífico comienzo del toldo en la terraza), la aparición de otros instantes nocturnos o de interiores retocados por el uso de filtros azulados, procede a disimular o difuminar el lugar. Así, por momentos, el espectador pierde el sentido del lugar en que transcurre la acción y con ello el correspondiente sentido de “inmersión” en la realidad.

Igual ocurre con la banda sonora que da título al libro ficticio en torno al cual gira la trama, Gloomy Sunday (Lúgubre Domingo). Compuesta en 1933 por el húngaro Rezso Seres, quién se suicidó tras sufrir un abandono de su mujer, es aprovechada por Monzón, que la utiliza como himno al suicidio, en función de la leyenda generada en torno a la canción, definida como “oscura, inquietante, pero con un gran romanticismo soterrado”. El mismo tono que se encuentra en escenas como aquélla en que se escuchan sus notas a través de la radio del taxi en el que viaja la protagonista.

La caja Kovak es una cinta angustiosa y desasosegante en la que el propio espectador se convierte en un ratón que forma parte del experimento de Monzón, de su “laberinto emocional sin salida”, de acuerdo a sus palabras.

El filme, pese a momentos magníficos –sobre todo en la primera mitad– y a saber hilvanar correctamente todos los elementos de una trama llena de sorpresas, posee excesivos recovecos en la parte final, en la que existe una cierta perdida del ritmo y de la tensión narrativa. Una lastima que esas arritmias impidan mantener el elevado tono de interés de la intrigante y rocambolesca historia propuesta.