LA VIDA SIN GRACE (2)

  13 Junio 2008

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Título original:

Grace is gone

País, año:

Estados Unidos, 2007

Dirección:

James C. Strouse

Intérpretes:

John Cusack, Alessandro Nivola, Gracie Bednarczyk, Shélan O'Keefe,

Guión:

James C. Strouse

Producción:

Galt Niederhoffer, John Cusak, Grace Loh, Celine Rattray y Daniela Taplin Lundberg

Fotografía:

Jean-Louis Bompoint

Música:

Clint Eastwood

Montaje:

Joe Klotz

Duración:

90 minutos

Alelamiento
Escribe Daniela T. Montoya

Los conflictos en los que Estados Unidos se ha embarcado en Oriente Medio empiezan a hacer mella en su población. Los marines caen a puñados sobre tierras yermas. Centenares de ataúdes aterrizan en territorio estadounidense. Los que sobreviven, retornan convertidos en seres desalmados, que reaccionan espontáneamente con brutalidad animal. En cualquier caso, lleguen vivos o muertos, ya no son los mismos que se fueron. La experiencia bélica les ha transformado. Pero en estas guerras que ha generado el gobierno de Bush a las puertas lavidasingrace3.jpgdel siglo XXI, además del drama de encarar la muerte, hay que añadir una variable que acrecienta su herida. La ocultación. La ocultación, en primer término, que supuso “disfrazar” los verdaderos motivos que impulsaron las incursiones bélicas; y en segundo lugar, tratar de velar las dramáticas consecuencias que está generando.

A lo largo de los últimos meses, desde distintos ámbitos socioculturales, han salido voces críticas con la política militar. Superado el miedo a ser tachados de antipatriotas, se cuestiona el auténtico objetivo que ocultan las “operaciones liberadoras” (1); se documentan las aberraciones que cometen los marines en nombre de la democracia; así mismo como se muestran los “daños colaterales” que está generando el conflicto de Irak en la población civil. Principalmente, sobre la población civil estadounidense. En esta última posición se sitúa La vida sin Grace (Grace is gone), de James C. Strouse. Bastante menos hiriente que otras propuestas, como En el valle de Elah (In the valley of Elah), de Paul Haggis; o Redacted, de Brian De Palma, el hecho de apelar a la emotividad puede hacerla más efectiva en sus objetivos.

lavidasingrace2.jpgStrouse no se anda con rodeos a la hora de plantear el problema que impulsa la trama: Grace, soldado en Irak y mujer de Stanley (Jonh Cusack), ha fallecido en un desafortunado accidente. En los minutos iniciales del metraje, un marine impávido, acostumbrado a comunicar este tipo de noticias, se presenta ante la puerta de Stanley. Apenas sabemos aún nada de la vida de éste. Jefe de sección de unos almacenes, padre de dos niñas de 8 y 12 años, arrastra su monótono desencanto por una pequeña ciudad estadounidense. Incapaz de encarar las dificultades, Stanley se traga la venenosa noticia para sus adentros. Desea que el triste acontecimiento no enturbie la felicidad de sus hijas. Al mismo tiempo, desea pensar que la visita del marine no ha sido real, sólo ha sido una pesadilla, que tarde o temprano Grace volverá. Súbitamente, Stanley reacciona contra su monotonía sosegada e inicia un viaje hacia sí mismo.

El peso de La vida sin Grace recae sobre el padre de familia que interpreta soberbiamente Cusack. A través de este personaje constreñido, Strouse busca empatizar con el espectador estadounidense. En un primer momento, mediante la sensación de frustración que genera (especialmente, siendo un personaje masculino) no poder ser parte activa en el desarrollo del conflicto bélico. Y, en un plano más amplio, mediante la conexión que produce el desamparo ante la pérdida de un ser querido.

lavidasingrace1.jpgPero el montaje de La vida sin Grace se excede en su focalización sobre el personaje de Cusack y, como consecuencia de ello, aletarga en demasía la aflicción que éste padece en silencio. La monotonía de la impotencia se prolonga con el dulce acompañamiento musical. Asimismo, sin apenas dar espacio a personajes que enturbien su aislamiento, se limitan las posibilidades catárquicas que pueda tener el viaje (2). Tan sólo su hija mayor Heidi (Shelan O’Keefe) logra romper la impermeabilidad de esta impulsiva aventura por carretera.

La vida sin Grace consiguió en Sundance un doble premio, el mejor guión a la vez que el que le otorgó el público. Quizás años atrás esto hubiera sido un buen aval pero, en los tiempos que corren, es más bien signo de una película que conjuga una cuidada estilización formal con el pequeño escozor que produce su contenido. Un producto de imagen nítida, bastante pulcra, que linda con el drama, pero que siempre deja un buen sabor de boca.

Cabe pensar qué pasaría si el protagonista fuera “la” protagonista. Si se visualizara la realidad que viven miles de esposas estadounidense, ¿serían tan dramática la situación de sacar adelante a sus dos hijas?

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*****

(1) En Jarhead (2005), Sam Mendes exhibe el divertimento de los marines aburridos en el desierto y, sutilmente, sugiere que la invasión de Afganistán tenía el trasfondo de asegurarse reservas petrolíferas.

(2) El hecho del viaje hacia un parque de atracciones ofrece una interesante lectura social. Afirmaba Vicente Verdú en El planeta americano (Editorial Anagrama, primera edición de 1996) que el parque de atracciones (concretamente, Disney World) es la recreación terrenal de un mundo de ficción anhelado. En La vida sin Grace, se transmuta en el refugio ansiado, el paraíso lúdico en que se podría perpetuar la felicidad.