ONCE (3)

  25 Enero 2008
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Título original:

Once

País, año:

Irlanda, 2007

Dirección:

John Carney

Intérpretes:

Glen Hansard, Markéta Irglová, Hugh Walsh, Gerry Hendrick, Alaistair Foley, Geoff Minogue

Guión:

John Carney

Producción:

Summit Entertaiment, Bórd Scannán na Héireann

Fotografía:

Tim Fleming

Música:

Glen Hansard

Montaje:

Paul Mullen

Duración:

85 minutos

La canción como argumento
Escribe Víctor Rivas

Toda alusión al romance entre dos jóvenes ha quedado reducida a una cursilería ñoña, inaceptable como película seria que se precie. Ante semejante prejuicio social, un filme como Once (John Carney, 2006) queda defenestrado desde el principio, sin posibilidad de redención, ya que no contiene ninguna virtud, si por virtud entendemos la originalidad.

once1.jpgEl binomio originalidad/obra maestra parece incuestionable, como lo atestigua la aclamación crítica de la última película de David Lynch, Inland empire (2006); y, a la inversa, la silenciosa aceptación crítica del último monumento de Clint Eastwood, Cartas desde Iwo Jima (Letters from Iwo Jima, 2006). El primero representa esa calidad formal necesaria para rellenar reseñas y reseñas sobre virtudes que, en la mayoría de las ocasiones, son rechazadas por el propio director. El segundo filme es el representante del clasicismo, un concepto que se quiere abandonar dentro del vocabulario repetitivo de la crítica, aunque el objetivo de toda crítica siempre será descubrir películas para convertirlas en clásicas.

Once no es vanguardista (tampoco lo es en el sentido estricto Inland empire), pero tampoco es clásica. La duda es establecer que convierte un cuento romántico que ha sido narrado cien mil veces y media en algo digno de ver más de una vez. Para mí su cualidad reside en su humildad, tanto formal como argumental.

La historia es un videoclip rodado en 85 minutos. Las escenas son actuaciones musicales, y puede contemplarse toda la película como la historia de la gestación de un disco, si bien ene esta gestación surge una amistad profunda entre los protagonistas. Pero lo interesante de la propuesta es la desnudez formal con la que está impregnado el relato.

once2.jpgEl argumento de la película es una historia convencional que ha sido puesta en escena en multitudes de musicales. Sin embargo, el director ha decorado esta historia con una imagen propia del nuevo siglo, representativa de un cine independiente que se nutre del desparpajo juvenil de Sundance y de la convulsión intermitente de las imágenes del Dogma. En definitiva, se ha transcendido el clasicismo y se ha actualizado la puesta en escena del género musical.

A este respecto, Once propone una estimulante sesión de cine de ficción, donde la ausencia de trucaje narrativo predispone a una verosimilitud contagiosa de las imágenes. Vista de una vez, la película nos introduce en el relato al hacer entrañables a los protagonistas, algo muy característico del género musical, pero también por el poder sugestivo de las canciones.

Para mí, y desarrollando más las ideas antes expuestas, donde Once resulta más convincente es en la escena del piano, donde la protagonista y el protagonista inician su relación de amistad. En esta escena se precisan los rasgos estilísticos del filme, todos ellos supeditados a buscar la cercanía de los personajes mediante la sencillez y la ausencia de trucaje.

once3.jpgPero esta operación no es del todo transgresora, pues Once sigue siendo un filme narrativo al uso, donde cada plano responde al anterior en una cadena de causa-efecto. La linealidad narrativa está presente tanto en la puesta en escena como en la propia letra de las canciones, que hacen avanzar la historia. Así, lejos de considerar cada escena como una entidad independiente de las demás, se observa un montaje transparente que responde a los mecanismos ya consagrados del lenguaje clásico.

Once es una magnífica representación de la sencillez formal y del gusto estilístico. Su mayor baza es conseguir hilvanar un musical dentro de los parámetros estilísticos del cine denominado “independiente”.