SWEENEY TODD, EL BARBERO DIABÓLICO DE LA CALLE FLEET (3)

  18 Julio 2008

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Título original:

Sweeney Todd, the demon barber of Fleet street

País, año:

Estados Unidos, 2007

Dirección:

Tim Burton

Intérpretes:

Johnny Depp (Sweeney Todd), Helena Bonham Carter (Sra. Lovett), Alan Rickman (juez Turpin), Timothy Spall (Beadle), Sacha Baron Cohen (Pirelli), Jamie Campbell Bower (Anthony), Laura Michele Kelly (Lucy), Jayne Wisener (Johanna), Edward Sanders (Toby)

Guión:

John Logan

Producción:

Richard D. Zanuck, Walter F. Parkes, Laurie MacDonald y John Logan

Fotografía:

Dariusz Wolski

Música:

Stephen Sondheim

Montaje:

Chris Lebenzon

Duración:

120 minutos

Sangrienta obsesión
Escribe Lucía Solaz Frasquet

Vivir en Londres ofrece ocasionalmente algunas ventajas que hacen que padecer un mal tiempo crónico y unos atascos constantes (entre otras cosas) merezca la pena. Si el mes de enero ha traído consigo una letal combinación de lluvia y viento que ha acabado con mi enésimo paraguas, también me ha proporcionado la oportunidad de asistir al preestreno de la última película de Tim Burton con varias semanas de antelación a su estreno en España.

sweeneytodd7.jpgAdvierto ahora que esta crítica es extensa y revela la totalidad de la trama.

El personaje del siniestro barbero Sweeney Todd proviene de una leyenda inglesa del siglo diecinueve (hay quien dice que basada en hechos reales) que ha gozado de múltiples adaptaciones teatrales, televisivas y cinematográficas a lo largo de los años. Sin embargo, la fama internacional le llegó a través del musical de Broadway de 1979, Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet, con libreto de Hugh Wheeler y música y letra de Stephen Sondheim. Este popular musical, galardonado con varios premios Tony, se basaba sobre todo en Sweeney Todd, la obra de 1973 del dramaturgo inglés Christopher Bond.

Hacía tiempo que Hollywood tenía puestos los ojos en Fleet Street. En los ochenta, Alan Parker expresó su interés en filmar la historia de Sweeney Todd. Burton vio el musical varias veces durante los ochenta y, sin ser un fan del género, quedó fascinado por sus cualidades cinematográficas, la música y los aspectos macabros de la historia. Realizó algunos dibujos y, aunque habló con Sondheim, no llegó a concretarse nada.

Sam Mendes desarrolló el proyecto durante varios años con un guión de John Logan. Cuando Mendes decidió dirigir Jarhead, Burton, cuyo proyecto Ripley's Believe It or Not! se había ido a pique debido a su excesivo presupuesto, se apresuró a  tomar el relevo. Burton y Logan sweeneytodd1.jpgrescribieron el guión, que sigue con bastante fidelidad el libreto original, aunque con algunos cambios que veremos más adelante.

El rodaje se desarrolló en Londres, en los míticos Estudios Pinewood, con diseños del genial Dante Ferretti en lugar de la omnipresente pantalla verde. Los ríos de sangre y el oscuro tono del filme tenían preocupados a los productores, lo que tuvo como resultado la participación de tres estudios: DreamWorks y Warner Bros., que financiaron los cincuenta millones de dólares de su presupuesto, y DreamWorks junto a la Paramount para su distribución a nivel mundial.

La película cuenta la historia de Benjamin Barker, un barbero de la Inglaterra victoriana felizmente casado con la hermosa Lucy y padre de una niña. El malvado juez Turpin, que desea a Lucy, utiliza su cargo para enviar a Barker a Australia con una sentencia de cadena perpetua a trabajos forzados. Tras quince años, Barker logra escapar. Rescatado por el joven marinero Anthony Hope, regresa a Londres bajo el nombre de Sweeney Todd y con la firme resolución de vengarse de aquéllos que destrozaron su vida y su familia. Allí, la señora Lovett, su antigua casera y secreta enamorada, le dice que Lucy se envenenó tras ser violada por el juez Turpin, bajo cuya custodia se encuentra su hija Johanna. La señora Lovett, quien según ella misma proclama, vende los peores pasteles de carne de la ciudad, lo reconoce y le devuelve su juego de navajas de plata. Con la navaja en la mano, su brazo –exclama Todd– “por fin está completo”. Mientras tanto, Anthony vislumbra a Johanna a través de una ventana y se enamora de ella. Beadle Bamford, el brutal sicario del juez, le da una paliza y le advierte que se mantenga alejado de la adolescente, a la que el salaz juez pretende desposar.

Todd planea utilizar la barbería que ha instalado sobre el establecimiento de la señora Lovett para atraer al juez y llevar a término su venganza. No tarda en ejecutar a su primera víctima, Adolfo Pirelli, un falso barbero italiano que pretende chantajearle. La práctica señora Lovett sugiere aprovechar el cuerpo como relleno de sus pasteles y se queda con Toby, el maltratado huérfano ayudante de Pirelli.

Johanna rechaza a Turpin y Bamford le sugiere hacerse más presentable con un afeitado. Cuando Todd está apunto de rebanarle el pescuezo al juez, Anthony irrumpe en la barbería proclamando que Johanna ha aceptado escapar con él. Turpin se marcha enfurecido con la promesa de no regresar. 

La pérdida de esta oportunidad empuja a Todd todavía más en su locura y, afirmando que todos los hombres merecen morir, decide, apoyado sweeneytodd2.jpgpor la señora Lovett, matar indiscriminadamente. Crea así un mecanismo en su silla de barbero que deja caer los cadáveres en el sótano del establecimiento, donde quedan convertidos en la carne picada que rellena los ahora populares pasteles de la señora Lovett.

Anthony localiza finalmente a Johanna en el asilo mental donde el juez Turpin la ha encerrado. El barbero urde un plan para que Anthony rescate a la joven y él pueda volver a atraer al juez a su barbería. Esa noche, Toby le confiesa a la señora Lovett el cariño que siente por ella, pero también su desconfianza hacia Todd. Cuando el chico pretende ir a la policía, la señora Lovett lo encierra en el sótano, donde el muchacho descubre horrorizado la verdadera naturaleza del negocio de sus patrones. Bamford va a investigar las quejas sobre el espeso humo que sale del horno y Todd no tarda en acabar con él.

Mientras, Todd y la señora Lovett buscan a Toby, que ha escapado por las alcantarillas, Anthony deja a Johanna, disfrazada de chico, en la desierta barbería y le promete volver en seguida con un carruaje. Una mendiga, a la que hemos visto en varias ocasiones y que sospecha de las actividades que allí se desarrollan, entra en la barbería y la asustada Johanna se esconde en un baúl. Todd descubre a la mendiga y, al ver aproximarse al juez, la despacha sin contemplaciones. Todd le dice a Turpin que Johanna lo espera arrepentida y lo convence para que se afeite antes de ir a su encuentro. Una vez sentado en la macabra silla, Todd le revela su verdadera identidad y lo acuchilla con brutalidad. Cubierto de sangre, descubre a Johanna y, no reconociéndola, se dispone a acabar con ella cuando un grito de la señora Lovett lo distrae.

En el sótano, la señora Lovett intenta ocultar el cuerpo de la mendiga, pero Todd acaba reconociendo el rostro de su mujer, Lucy, a la que creía muerta. Horrorizado por lo que ha hecho, Todd escucha a la señora Lovett decir que el veneno que tomó Lucy no la mató, pero la volvió loca, y que le había ocultado ese detalle porque está enamorada de él y ella sería una mejor esposa. Todd obliga a la asustada mujer a bailar con él y, asegurándole que la perdona y que “lo pasado, pasado está”, la arroja al horno en llamas. El barbero se postra ante el cuerpo sin vida de su mujer y lo toma en sus brazos. Toby emerge de la alcantarilla donde se había escondido, recoge una olvidada navaja del suelo y se acerca sigilosamente al barbero por detrás. Todd permanece inmóvil mientras el chico le corta la garganta y la sangre fluye sobre el cuerpo de su mujer. La imagen final, de grotesca poesía, resulta devastadoramente triste.

La adaptación de un musical de tres horas en una película de dos horas requiere, comprensiblemente, algunos cambios. Algunas canciones se acortaron y otras desaparecieron por completo. Burton y Logan decidieron además mantener el centro de la historia en Sweeney, la señora Lovett y Toby, restándole protagonismo a los elementos secundarios (es así cómo el papel de actores como Christopher Lee, Peter Bowles o Anthony Stewart Head no llegó al montaje final).

sweeneytodd3.jpgPor desgracia, aquí radica el mayor problema de la película: la debilitación general de los personajes, muchos de ellos reducidos a meras caricaturas, y, sobre todo, los de Anthony y Johanna, cuya intervención disminuyó bastante con respecto al musical. Estos jóvenes son los únicos personajes “normales” de la historia, aquéllos con los que la audiencia se puede identificar y, no obstante, resultan a menudo ignorados. Uno puede entender los motivos que llevan a Sweeney Todd a querer vengarse, pero su decisión de matar indiscriminadamente, llegando a asesinar a su propia esposa y casi a su hija, debilitan notablemente nuestra simpatía. Su obsesión por vengarse se antepone a su deseo de recuperar a su hija. Ni siquiera sabe qué aspecto tiene. Sorprendentemente, nunca lo vemos intentar encontrarla, a pesar de saber dónde y bajo la influencia de quién se halla, y, sin embargo, no duda en utilizarla como instrumento para conducir a Turpin una vez más a su onerosa silla.

Uno también puede comprender la soledad y el deseo de amar y ser amada de la señora Lovett, pero su falta de moral, sus engaños y maquinaciones, y, sobre todo, su intención de despachar al pobre Toby después de prometerle que no le ocurrirá nada mientras esté a su lado, nos llevan a condenarla. La redención es imposible. Los dos viven en su propio mundo, tan sumidos en su locura y en sus obsesiones (Sweeney con la venganza, y Lovett con Sweeney), que han perdido el contacto con la realidad y son incapaces de detenerse a pensar en las consecuencias de sus actos. Hay una tristemente divertida escena donde la señora Lovett fantasea con casarse y formar una familia junto a Toby y un indiferente Sweeney, sin darse cuenta de que el objeto de su amor está emocionalmente vacío.

sweeneytodd4.jpgToby, un huérfano dickensiano, simple, aficionado a la ginebra, pero inocente, acaba perdiendo la razón como aquéllos a los que había considerado sus protectores. En la secuencia final lo vemos convertido en una pequeña versión de los protagonistas, con la tez macilenta y oscuros círculos alrededor de los ojos, cometiendo la misma atrocidad que antes había repudiado. 

La película acaba aquí, olvidando por completo los destinos de Anthony y Johanna, los únicos personajes que, ajenos a la sangrienta trama que se ha desarrollado a su alrededor, pueden y deben salvarse. Y eso que las posibilidades no acaban aquí: ¿cuál será la reacción de Johanna al enterarse de que su padre, a quien no conoce y quien nunca hizo nada por recuperarla, ha matado, entre otros muchos, a su madre, una madre a quien además creía muerta y que había sobrevivido durante años como mendiga en su mismo barrio? Tod Browning se hubiera relamido sin duda ante este giro.

Otro personaje que decepciona es el del juez. Burton y Logan parecen olvidar aquel consejo de Hitchcock, según el cual una película es tan buena como lo sea el antagonista. Aunque Alan Rickman hace lo que puede con el personaje tan unidimensional que le han adjudicado, se hubiera apreciado ver el tormento que padece, presente en el libreto original, debido a su obsesión por las jovencitas y su lucha por recuperar la bondad.

El guión tampoco le presta suficiente atención a las posibilidades de ahondar en el contexto social de la época, con una clara división social consecuencia directa de la cruel revolución industrial que se estaba llevando a cabo en ese momento. Entrevemos los abusos cometidos por aquéllos en el poder, así como las horrorosas condiciones en las que sobrevivían los huérfanos y las pobres almas condenadas a los asilos mentales, pero eso es todo.

Ya desde los créditos nos queda claro que vamos a presenciar una sorprendente cantidad de sangre (de un rojo brillante que nos recuerda a la Hammer). La intención del director, al parecer, era utilizarla de un modo simbólico, como expresión (ciertamente contundente) de la locura y el odio autodestructivo ligado a la obsesión vengativa que consume a Sweeney.

sweeneytodd6.jpgAdemás de las habituales referencias a otros filmes de terror (el expresionismo alemán, la Hammer, Mario Bava), hallamos numerosas autoreferencias, especialmente a su otro cuento gótico de terror, la más contenida Sleepy Hollow y a un Eduardo Manostijeras despojado, eso sí, de su delicioso carácter de cuento de hadas. Encontramos algún diseño en forma de espiral, la presencia de uno de sus habituales ingenios mecánicos (una macabra silla de barbero que nada tiene que ver con la inocente máquina de hacer galletas de Eduardo Manostijeras o el ingenio destinado a preparar desayunos en La gran aventura de Pee Wee), además de una fotografía casi monocroma presente en muchas de sus películas. Resulta imposible no acordarse de otro personaje interpretado por Johnny Depp, el adorable Edward de Eduardo Manostijeras, al ver a Sweeney Todd, pálido, con los ojos oscurecidos y los pelos disparatados, vestido de negro, con hojas afiladas rematando sus brazos, bajo la claraboya del ático. Así encontraba Diane Wiest al actor hace unos años en la mansión de la colina. Aunque de naturaleza muy distinta, ambos personajes son poco expresivos, parcos en palabras, asexuados y unos genios con las cuchillas.

La caracterización de dos habituales de Burton, Helena Bonham-Carter y Johnny Depp (en su sexta colaboración con el cineasta), con los cabellos revueltos, la tez lívida y oscuros círculos alrededor de los ojos, resulta más extrema que en otras de sus películas (la desesperación de los personajes así lo requiere), pero igualmente reconocible desde Vincent, Bitelchús, Eduardo Manostijeras, Batman vuelve, Pesadilla antes de Navidad, Sleepy Hollow o La novia cadáver. Burton continúa mostrando su afición por las bellezas atípicas de ojos enormes y diminutas barbillas, vistas en tantas películas del cine silente y en la mayoría de los filmes del director. La extraña belleza casi extraterrestre de Jayne Wisener, la actriz que interpreta a Johanna, nos recuerda muchísimo a Christina Ricci en Sleepy Hollow; mientras que Anthony, interpretado por otro debutante, Jamie Campbell Bower, de andrógina belleza adolescente, se parece de modo remarcable al Lukas Haas de Marte ataca

A pesar de lo que pueda parecer, Helena Bonham-Carter no tiene asegurado un papel en las películas dirigidas por el padre de sus hijos. La actriz, enamorada desde hace años del papel de la señora Lovett, insistió en hacer una audición y tuvo que contar con el beneplácito de Stephen Sondheim, quien poseía derecho a aprobar el reparto. Bonham-Carter se preparó a fondo con un profesor de canto, al igual que Johnny Depp e imagino que el resto de los actores, la mayoría de los cuales no había cantado nunca.

Las interpretaciones son innegablemente notables. Las voces, al no tratarse de cantantes profesionales, presentan una calidad variable (destacando la del jovencito Ed Sanders) y simplemente correcta. No voy a comentar mucho más de la música. No soy aficionada a los musicales y Sweeney Todd no me ha hecho cambiar de idea. Esta obra está considerada el logro más importante de Sondheim, con influencias de Bernard Herrmann. Personalmente, qué le vamos a hacer, echo de menos a Danny Elfman.

En cuanto al diseño de producción y la fotografía, elementos esenciales del cine burtoniano, le damos una entusiasta bienvenida al impresionante diseño de Dante Ferreti y a la magnífica fotografía del polaco Dariusz Wolski, que ha trabajado con Depp en la trilogía Piratas del Caribe y que había participado ya en otro cuento gótico, El cuervo. Ambos recrean un Londres victoriano muy poco idealizado, gris e inhóspito. También cabe destacar el magnífico trabajo de dos veteranos colaboradores del director, la diseñadora de vestuario Colleen Atwood y el montador Chris Lebenzon.

La puesta en escena resulta intachable, como siempre en Burton, y nada me hubiera gustado más que asegurar que nos encontramos ante una de sus mejores obras. Sin embargo, salí del cine con una persistente sensación de decepción. Aunque siempre estoy dispuesta a pasar por alto los fallos de una película en la que la fuerza de los personajes compensa los agujeros en el guión, en Sweeney Todd solamente Todd y Lovett se mueven con cierta solidez tridimensionalidad en medio de un grupo de débiles personajes apenas esbozados. Los malvados son repulsivos y punto. Los jovencitos enamorados son ingenuos y ya está. Esto, sintiéndolo mucho, no es suficiente.

Sweeney Todd, que se estrenó en Estados Unidos el 21 de diciembre para poder optar a los premios de 2007, ha sido bien acogida por la crítica y está teniendo destacables recaudaciones en taquilla. De momento ha recibido, entre otros, dos Globos de Oro, al mejor musical o comedia y a la mejor interpretación para Depp (habían sido además nominados Burton como director y Helena Bonham-Carter). El filme ha sido nominado a dos premios de la Academia Británica (Baftas) en las categorías de diseño de vestuario y maquillaje y peluquería, y podrían recibir un Oscar Johnny Depp, Dante Ferreti y Colleen Atwood.