LA ESTRELLA AUSENTE (1)

  22 Enero 2008
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Título original:

La stella che non cè

País, año:

Italia / Francia / Suiza / Singapur, 2007

Dirección:

Gianni Amelio

Intérpretes:

Sergio Castellito, Tai Ling, Angelo Costabile, Hiu Sun Ha, Wang Biao, Catherine Sng, Enrico Vaniagiani, Roberto Rossi, Huang Qianhao, Tang Xianbi

Guión:

Gianni Amelio, Umberto Contarello

Producción:

Carac Films, Rai Cinema, ACHAB Film, Babe Film, RTSI Televisione Svizzera, Eurimages y Singapore Oak3 Films

Fotografía:

Luca Bigazzi

Música:

Franco Piersanti

Duración:

103 minutos

Buena voluntad... y poco más
Escribe Marcial Moreno

El señor Buenavoluntad, henchido de lo que su nombre indica, emprende una odisea a través de China para resolver el problema de una fundición de altos hornos que, debido a un error de fabricación, puede resultar peligroso para los trabajadores. Meses antes, los nuevos tiburones del capitalismo chino han comprado la fábrica en la que trabajaba Buenavoluntad y la han trasladado, pieza a pieza, a un lugar indeterminado de su país, y con ella el problema que nuestro protagonista pretende resolver ahora.

laestrellaausente1.jpgLa película narrará la aventura de este ingeniero italiano por el inmenso país asiático a la búsqueda del nuevo emplazamiento de la fábrica, excusa para mostrar la vertiginosa transformación que está experimentando una sociedad que pasa, sin sosiego para asimilar los cambios, de la tradición más ancestral a una modernidad importada de occidente y asumida sin atisbo de crítica alguna.

Parecería un buen material para que Amelio volviera a edificar una reflexión sobre los marginados y los poderosos, para que afrontara una nueva parábola social que nos enfrentara de golpe a una realidad que, aunque lejana en el espacio, puede ser reconocida como inmediata por los espectadores de cualquier lugar de este mundo globalizado. Es lo que ha estado haciendo desde que comenzó a hacer cine, y es lo que le ha otorgado merecida fama entre quienes le siguen y esperan, durante largos periodos de tiempo, una nueva obra suya.

Y a fe que lo intenta. Pero los resultados distan mucho de estar a la altura de sus grandes obras maestras. Las razones del fracaso, porque de fracaso hay que tildarlo, habría que buscarlas, en primer lugar, en la endeblez del guión, y, como consecuencia de ella, en la torpeza que acaba extendiéndose a la puesta en escena y a la construcción del relato.

El guión cabría en un par de folios a letra grande. Sus errores, más que tales, son lagunas que confían en la credulidad del espectador para que resulten aceptables. O si no, ¿cómo entender que el señor Buenavoluntad, con su ignorancia de China y su idioma (apenas pronuncia malamente un puñado de palabras) acometa semejante viaje? Además, ¿quién sufraga los gastos? No parece que fuera la empresa original, seguramente desaparecida tras la venta, aparte de que si éste tuviera verdadero interés en resolver el problema, es evidente que podrían haber encontrado a alguien más dotado para la comunicación en chino. O si no, ¿qué tal el uso del teléfono? ¿Y averiguar antes de la salida dónde está la fábrica mediante un correo telefónico, un fax o algo así? Porque Internet tienen los chinos, ya nos lo dice la película; es más, gracias a Internet se puede averiguar el lugar donde Buenavoluntad debe dirigirse. Pues nada de eso: como si de un moderno Quijote se tratara, él solo, y nadie más que él, resolverá el problema.

laestrellaausente3.jpgPor otra parte, qué casualidades tiene la vida. En un país tan grande, con tanta gente, y qué fácil es encontrar a quien buscas, incluso si no lo buscas. ¿Cómo si no explicarse los dos encuentros con la estudiante de italiano, o el misterioso contacto con el trabajador de la fundición que tiene conocimientos de ingeniería y que, sin necesidad de nada más que una mirada fugaz a una pieza de metal abandonada, parece entender todo el problema. Sorpresas te da la vida.

Viaje a lo largo y ancho de China y... ¿viaje interior? Todo viaje en el espacio es, o pretende ser, una metáfora del viaje interior. Así lo han establecido las normas no escritas del cine. Pero aquí nada de nada. Que los chinos son tontos y malos lo sabemos desde la primera escena, en la que buscan la torre Eiffel en Italia y lo único que les interesa es una foto en la fábrica. Cuando Buenavoluntad llegue a China y pregunte por su contacto se dará cuenta de cómo las gasta el capitalismo salvaje, también el de allí.

¿Qué aprende entonces durante su viaje? Pues casi nada. Su expresión al menos no experimenta transformación alguna; tan compungido lo vemos al principio como al final, no sabemos si por la hercúlea tarea que no se sabe quien le ha encomendado o porque no le convence la película misma. Y si en su relación con la joven china debiéramos reconocer un proceso de acercamiento personal o cultural, bueno sí, se da, pero de forma totalmente postiza, sin que resulte creíble en ningún momento. No sólo no existe química entre los personajes, sino que las situaciones en las que los sitúan tampoco contribuyen a crearla.

laestrellaausente2.jpgPodríamos seguir, pero con lo dicho es más que suficiente para comprender que tiene pocos asideros en los que sustentarse. Y eso es justamente lo que acaba pasando. Al final, no tenemos más que un reiterativo documental sobre la situación actual de China, donde tres ideas básicas y elementales son machacadas hasta la saciedad, a saber: el crecimiento económico está siendo brutal y devastador (camiones, grúas, destrozos ecológicos, más camiones, obras...); las tradiciones van en retroceso, aunque es allí, en los pocos lugares que aún se mantienen en los márgenes del vértigo transformador, donde se pueden encontrar los sentimientos nobles y la solidaridad (algo así como el buen salvaje, aunque también la tradición es cruel, obligando a una joven madre soltera a abandonar a su hijo); y hay un serio problema de superpoblación, de ahí la constante presencia de niños, como en aquella escena lamentable en la que vemos a una enorme cantidad de ellos jugando alrededor del hijo de la protagonista, el cual (¿nostalgia de la madre a la que apenas conoce?) no juega en absoluto, lo hará cuando llegue el sucedáneo de padre que representa Buenavoluntad.

Y todo esto dicho, repetido, subrayado y explicado hasta el agobio. Como la historia no tiene mucho que contar, digamos lo que se pueda muchas veces y así llenaremos el metraje estándar. Qué diferencia con el poder de sugerencia que Amelio nos ofreció en otras películas suyas, y que ahora, no sabemos muy bien por qué, parece haber olvidado por completo, cuando no, lisa y llanamente, despreciado.