PROPIEDAD PRIVADA (4)

  22 Enero 2008
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Título original:

Nue propriété

País, año:

Bélgica, Francia y Luxemburgo, 2006

Dirección:

Joachim Lafosse

Intérpretes:

Isabelle Huppert, Jérémie Rénier, Yannick Rénier, Patrick Descamps, Kris Cuppens, Raphaëlle Lubansu, Sabine Riche, Dirk Tuypens

Guión:

Joachim Lafosse y François Pirot

Producción:

Joseph Rouschop

Fotografía:

Hichame Alaouïe

Vestuario:

Nathalie du Roscoat

Montaje:

Sophie Vercruysse

Duración:

90 minutos

Crecer
Escribe Purilia
 
El enfrentamiento entre una madre y sus dos hijos da pie al director francés Joachim Lafosse, para, en la más pura línea chabroliana, construir un drama tenso e intenso, contundente y austero que, con una naturalidad pasmosa, golpea sin dejar marca aparente. La idea original partió de la vivencia y el sentimiento personal experimentado por el propio Lafosse en torno el poder inusitado que adquieren los hijos sobre la vida de sus padres, hasta el punto de impedirles vivir su propia vida.

propiedadprivada3.jpgUna madre divorciada convive con sus dos hijos veinteañeros, en una finca, a las afueras de la ciudad. Los tres están solos desde que el marido se marchó de casa. Ella, que no ha rehecho su vida desde entonces, consagrada al cuidado de sus hijos, se plantea de repente ante una nueva relación, vender la casa familiar y emprender con su pareja una nueva vida en otra ciudad. Los hijos intentarán impedir, por todos los medios, que su madre venda la casa, se independice y destruya la cómoda cotidianeidad en la que están instalados.

Pascale, la madre, es una mujer seca y poco cariñosa, carcomida por la insatisfacción, el resentimiento y la amargura. Refugiada en su soledad, ha vivido durante años, apartada del mundo con la única compañía de sus dos hijos, a los que ha dedicado su vida y su libertad, olvidándose de sí misma. Ha compartido todo con ellos: afecto, complicidad, rutina diaria e intimidad cotidiana (se desviste y se ducha en su presencia, les pide consejo sobre su aspecto…), a cambio de una vida personal estancada y sin proyección de futuro; por eso, cuando encuentra una pareja que se lo muestra intenta de nuevo reemprender su vida. La inesperada oposición de sus hijos la deja tan sorprendida como abatida. Sin embargo, tantos años de vida solitaria, de madre dedicada, han recubierto su vulnerabilidad de mujer abandonada con una capa de intransigencia e inflexible frialdad que no la hacen deponer su decisión.

propiedadprivada2.jpgLos hijos, François y Thierry, son dos jóvenes ya adultos y semiociosos que aún no han reconducido su vida; viven, todavía, bajo el ala protectora de su madre, sin entender que su vida personal debe tomar un rumbo alejada de la de ella. La intención de Pascale de desprenderse de la casa familiar enciende la chispa del enfrentamiento entre ellos y lo que hasta entonces había sido una vida tranquila y sosegada comienza a desmoronarse. Ambos se oponen, en principio, a esta decisión, pero mientras François, más sensible y tímido, intenta entender la posición de su madre, Thierry, aparentemente más independiente y seguro de sí mismo, se atrinchera en la incomprensión más absoluta hacia ella y en una desmedida agresividad que termina estallando contra su hermano. Un enfrentamiento cainabeliano atípico en el que no hay rencillas ni envidias fraternas, sólo la incapacidad para crecer y el dolor no superado de tener que asumir rupturas pasadas.

Su confrontación es un reflejo de la hostilidad y el desencuentro que existe entre sus padres. La fragilidad emocional de Pascale parece residir en un rencor añejo hacia su ex marido al que no perdona, a pesar de los años transcurridos, la traición y el abandono. El padre es un personaje huidizo, egoísta y poco conciliador. Él, que sí ha rehecho su vida y tiene una nueva familia, rehúsa ante su exmujer su responsabilidad de progenitor, pero a escondidas se muestra complaciente con sus hijos, especialmente con Thierry, que más identificado con él, se posiciona contra su madre y su hermano. Sin figura paterna sólida a la que asirse, la madre y la casa son el único vínculo estable con un pasado feliz.

propiedadprivada1.jpgLa casa es, además de un eslabón con el recuerdo, la representación del vínculo materno con sus vástagos, el cordón umbilical que les une entre sí. Para los jóvenes, ese microcosmos familiar suspendido en el espacio-tiempo es un recinto privado y personal que les ofrece seguridad y protección. Por eso cuando la madre decide desligarse de esa dependencia, los hijos pierden la orientación y la violencia estalla, contra ella y entre ellos, como respuesta a esa súbita quiebra que les deja a la intemperie. Una exposición al dolor de tener que aceptar el desprendimiento definitivo y necesario del útero materno.

A sostener el drama, sin derivar hacia la tragedia desbordada, contribuye una sobria y austera planificación, la potenciación del fuera de campo y de los silencios, la ausencia de música y una interpretación excelente por parte del elenco protagonista. Destaca como es habitual Isabelle Huppert (Pascale). Su personalidad artística es tan poderosa que su sola presencia escénica llena al personaje de matices contradictorios (frialdad y ternura, intransigencia y fragilidad, amor y resentimiento…), y aporta a la situación credibilidad y mesura. El triángulo formado por ella y los chicos, los también   hermanos en la vida real Jérémie Rénier (Thierry) y Yannick Rénier (François), sostiene esos largos planos secuencia fijos y reiterativos (sobre todo de los tres sentados a la mesa en claustrofóbico plano medio) sin fracturas y sin hacer decaer el ritmo de la narración.

La inmovilidad de los encuadres, la asimetría compositiva y los largos planos secuencia fijos que encierran a los personajes dentro de su impostado marco, adquieren una metafórica significación dramática; su quietud y tensión interna son un presagio de muerte, una anticipación plástica de la tragedia humana que se avecina. Y cuando ésta estalla, la cámara, que durante toda la película ha asistido expectante, casi  inmóvil, al discurrir de los acontecimientos, sin querer participar de su evolución y desenlace, se decanta por su naturaleza viva y con un largo y sinuoso travelling nos muestra, al fin, el escenario completo del drama a la vez que se aleja, aliviada, de él.

La lógica de vida se trastoca en este drama frío e intenso, contenido y desbordado, donde los papeles familiares se invierten de tal modo que ninguno de los implicados es capaz de devolverlos a su status primitivo si no es a través del desgarro emocional y la violencia. Una respuesta en la que el arrepentimiento (a posteriori) demuestra, siempre, no ser nunca la solución, aún cuando se nos ofrezca, como en este caso, un atisbo de esperanza.