LA SOMBRA DEL CAZADOR (1)

  22 Enero 2008
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Título original:

The hunting party

País, año:

EEUU / Croacia / Bosnia-Herzegovina, 2007

Dirección:

Richard Shepard

Intérpretes:

Richard Gere, Terrence Howard, Jesse Eisenberg, James Brolin, Ljubomir Kerekes, Diane Kruger

Guión:

Richard Shepard

Producción:

Intermedia, The Weinstein Company, QED, Cherry Road

Fotografía:

David Tattersall

Música

Rolfe Kent

Duración:

96 minutos

Ridículas realidades
Escribe Mister Arkadin

Un cartel al inicio del filme nos indica que sólo lo más ridículo que vamos a contemplar es lo real. Es una manera de mezclar palabras y producir equívocos entre los espectadores. El letrerito de marras, desde luego, se las trae. Hay que partir de un hecho: el cine no es la realidad. Cualquier película es un intento de recrear de una determinada (y distinta) manera la realidad. Es “real” lo que, en definitiva, se crea en la pantalla: una nueva realidad que se corresponde con la de la propia imagen. Es la realidad-verdad de la propia acción que vemos. Lo que ocurre en la pantalla es como es porque unos así lo quisieron. Lo ridículo o digno se encuentra en la propia película, no en los hechos que acontecieron fuera de la pantalla o en aquéllos en los que se basa el filme.

lasombradelcazador1.jpgDe todas formas, creo que la palabra escogida al principio –ese "ridículo"– no es la que se correspondería exactamente con lo que se desea expresar. Más bien habría que hablar de inverosímil o verosímil. Aquello que también se crea en, y desde, el propio filme. Será verosímil o no una narración dentro de la lógica del relato. Tanto da entonces que un filme pertenezca al género de la ciencia ficción como al de la fantasía, al épico, al policíaco, al western... Lo de menos es que al final o al principio de una película se nos diga eso tan socorrido de “inspirado en hechos reales”. Al espectador tal dicho le debe traer sin cuidado. Porque los hechos son una cosa y la película otra, hasta el punto que lo más irreal puede parecer –y aparecer– como real y viceversa. Todo dependerá, en definitiva, de cómo se cuenta una historia.

La sombra del cazador es, en sí misma, ridícula, independiente de la importancia o veracidad de los hechos que narra. La historia nos habla de un corresponsal de prensa especializado en escenarios de guerra que decide contar algunas de sus experiencias y más concretamente las que vivió en la guerra de los Balcanes. Lo que ocurre es que sus experiencias tendrían interés si, en vez de buscar lo ridículo, se hubiera optado por alguna línea concreta, sin balbucear inconexamente en varias de ellas. ¿De qué va la cosa, entonces? De un reportero defenestrado por decir la verdad de los hechos “vistos”, al tiempo que un compañero es elevado a las más altas esferas de la cadena de comunicación para la que trabajan. ¿Por qué el primer reportero decide, en un momento, “soltarse la melena”, sin hacer caso a nadie, diciendo en directo lo que le viene en gana y el segundo acepta sin más ser premiado? Entre otras cosas porque en caso contrario no habría película. Así, existe... pero sin valor alguno.

lasombradelcazador3.jpgEl filme da por supuesto los hechos que el guión le brinda y el espectador debe, a la fuerza, aceptarlo. Es el gran logro al que nos conducen unos guiones en los que sólo interesan acciones en vez de personajes. Donde se actúa en vez de mostrar cómo son, piensan, aceptan o cambian de ideas los seres que pueblan las imágenes del filme. 

Una vez expuesto el inicio de la película, sólo queda el saber cuándo se van a volver a encontrar los dos compañeros de trabajos y padeceres, ya que una definitiva separación es imposible ya que uno de ellos, el perdedor, es Richard Gere, el actor estrella de la función y la película está narrada por la voz en off del ganador: el personaje que sirve de hilo conductor de la acción. Como adivinamos, enseguida se unen ambos personajes en Bosnia. Junto a ellos, va a aparecer un tercer personaje, un niño bonito, un “enchufado”, hijo de uno de los jefes de la cadena, y que está aprendiendo el oficio gracias al profesional que le acompaña. Además, ese compañero de viaje es un “ganador”. Lo curioso es que tal personaje unido al dúo llegue a dejar estupefactos a sus compañeros –y no digamos al espectador– cuando, en un determinado momento de la acción, es capaz de tener una luminosa idea que salva a los tres de una situación peligrosa. Un personaje que pasa de ser de una determinada forma de ser a otra por arte y magia del guionista de turno.

En un instante del relato, las aventuras o desventuras –según se mire– de los tres compañeros derivan hacia una historia de caza mayor: localizar a uno de los criminales de guerra más buscados. Por allí, por los caminos de odio y terror de Bosnia, los tres protagonistas se ven envueltos en una absurda búsqueda con tintes de denuncia.

lasombradelcazador2.jpgTodo muy preparado, escasamente novedoso, narrado como si de un rápido telefilme se tratase. Las situaciones son pretenciosamente ridículas, realmente increíbles. La captura del criminal de guerra, en el bosque, mientras éste se dedica, lógicamente, a su deporte favorito, la caza, es irrisoria en sí misma. ¿Cómo es posible que tal personaje se encuentre, en un radio de acción de muchos kilómetros, sin nadie que proteja su deporte preferido? Anda por el bosque (buscado por unos y otros) sin ninguna dificultad. Lo de menos es que se diga que si a la OTAN, a la ONU, o a quién sea no le interesa capturar a dicho maléfico personaje. Tampoco se aclara, en definitiva, si la búsqueda del bosnio asesino, por parte de los tres periodistas, está en función de una medalla que buscan los tres les sea impuesta en forma de entrevista exclusiva o de encontrarle para escarmiento de sus sanguinarias acciones o tal búsqueda es un ardid como demostración de que los organismo internaciones (malos ellos) están confabulados con sus enemigos. Vamos, que todo forma parte del juego. Una parte final precipitada y “muy comprometida” por si antes no nos habíamos enterado que la idea base del filme (¿de verdad?) era la de denunciar unos hechos y unas instituciones.

Al final, los tres personajes, muy buenos ellos, dejan que los pobladores musulmanes martirizados por el serbio ajusticien, como se debe, a su verdugo. Muy profundo final, como se ve, propio de personas concienciadas (los autores de tal escritura y realización), que in extremis (como un chiste) se permiten explicar, en los títulos de cierre, al tan atónito como aburrido espectador, que muchos de los que por allí (por la pantalla) se han paseado son personas respetables que vivieron tan taimados hechos. Para tal viaje no se necesitaba tamaño despropósito. El camino que abrieron títulos tan absurdamente gloriosos como Tres reyes, y por el que está película se conduce, sigue abierto sin que nadie trate de cerrarlo al ser intransitable e inútil.

Ni irónica, ni interesante, ni desmitificadora es La sombra del cazador, que, desde su falso compromiso, se arrastra sin saber qué camino tomar.  La secuencia más intensa, aquélla en que los tres “camaradas” están a punto de ser torturados y en la que se produce el tópico salvamento en el instante final, es un ejemplo del dislate que supone esta película que no va ni viene de ningún sitio. Un camino recorrido mucho más errático en cuanto el filme se adentra en temas importantes a los que no sabe sacar partido.

Richard Shepard, el director, ha filmado hasta ahora trece largometrajes, algunos para televisión. Uno de sus filmes se titulada Matador. Esperemos que no sea la palabra que aglutine todo su cine.