XXY (2)

  22 Enero 2008

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Título original:

XXY

País, año:

Argentina / Francia / España, 2007

Dirección:

Lucía Puenzo

Intérpretes:

Ricardo Darín, Inés Efron, Martín Piroyanski, Germán Palacios, Valeria Bertuccelli, Carolina Peleritti

Guión:

Lucía Puenzo

Producción:

Pyramide Productions, Wanda Visión, Historias Cinematográficas

Fotografía:

Natasha Braier

Música

Andrés Goldstein, Daniel Tarrab

Duración:

86 minutos

 

La búsqueda de la identidad
Escribe Adolfo Bellido

Lucía Puenzo debuta en la realización y lo hace con una película, hasta cierto punto, insólita y valiente. A la nueva directora no le es nuevo el mundo del cine, pues es hija del realizador Luis Puenzo (La historia oficial, Gringo viejo, La peste, La puta y la ballena...). Ha sido, Lucia, autora de diversos guiones para la televisión antes de que llegara a escribir junto a su padre el guión de La puta y la ballena. Su primer largometraje, XXY, ha sorprendido en los festivales por donde ha pasado e incluso ha recibido algunos premios. Lo que uno se pregunta es si esa sorpresa se debe a la bondad de la obra o al (aparente) tema que trata.

xxy2.jpgEl filme parece, en principio, centrarse sobre el tema del hermafroditismo. Ya el plano inicial hace alusión a la importancia del sexo: el biólogo padre de Alex (la dubitativa muchacha protagonista) afirma que sin lugar a dudas el animal marino que tiene sobre la mesa es una hembra. La idea de la sexualidad, de la necesidad de escoger una determinada opción, será sobre la que, en definitiva, se asiente la narración. No se trata, pues, de estudiar o analizar el caso de alguien que nace con dos sexos y sí el de canalizar la historia hacia el conflicto y dudas del ser humano sobre la opción sexual que deberá coger, o aceptar, en su vida.

Ciertamente la película presenta a una chica (Alex) que es hermafrodita, pero, insisto, eso no es más que el “pequeño” motivo que desencadenará toda la historia. De ahí, por ejemplo, la importancia del chico (Álvaro) enfrentado a las propias  dudas sobre sus preferencias sexuales (sólo elocuentes cuando debe aceptar o rechazar la relación que acaba de mantener). Los dos chicos protagonistas (y otros menos dibujados que les rodean) se enfrentarán al conocimiento de la vida, a la necesidad de aceptarse y de aceptar a los otros, de tomar libremente una decisión frente al pensamiento de los mayores.

Dos familias contrapuestas representan dos formas distintas de asentamiento en la vida. Una (el biólogo, su mujer y su hija) ha decidido marcharse de la ciudad argentina donde vivían e ir a un pequeño pueblecito de Uruguay. Es, en realidad, una forma de “huir” del problema de su hija. El padre de otra familia es médico. Tiene una cierta fama como cirujano y vive una vida aparentemente feliz, sin preocupaciones, con su mujer y un hijo escasamente problemático.

xxy1.jpgEl drama, la realidad (lo “otro” es un espejismo) surgirá del “contacto” entre ambas familias. La falsa realidad de su amistad (mal expuesta en el filme) se desarrolla en un entorno aislado, gris, plano. Un espacio en el que deberán plantearse hasta dónde su papel interpretativo es claro o lleno de falsedad. En el juego de miradas, de difíciles contestaciones, de miedos a enfrentarse a la verdad para resolver unos problemas de acuerdo a unos dictados paternales, y por tanto impositivos, no hay unos visos de acercamiento “humano” a los problemas. Más bien hay escapismo: un intento de esconderse de la situación o una forma de mirar por encima de las realidades que les rodean, creyéndose a salvo de las “anormalidades” criticadas u ocultadas por la sociedad que les rodea.

Álvaro, en el retiro uruguayo, se deberá enfrentar a su propia sexualidad. Lo que ha dado por hecho no sirve ahora cuando otra verdad aparece. Al contrario que Álvaro, Alex vive desde siempre centrada en su problema sexual. Frente a la libertad de Alex hablando con franqueza de la sexualidad en el primer encuentro con Álvaro, se presenta el ocultamiento, la zozobra o el desvío de las conversaciones peligrosas por parte del muchacho.

Alex y Álvaro llenan la película. Los demás son meros adornos de un relato que no acaba por hacerse grande debido al poco interés –o el escaso sentido de lo real– de los personajes “acompañantes”, algunos incomprensibles y mal dibujados en sus caracteres y formas de obrar. En este aspecto, el peor parado será el padre de Álvaro. Algunas de sus reacciones (o su “constante” atontamiento) son difíciles de comprender. Debería estar mejor trazado para entender sus reacciones. Callado, capaz de aguantar todas las humillaciones de que es objeto (es golpeado de palabra y obra por el biólogo interpretado por Ricardo Darín), aparece como un falso observador de las situaciones. Es más incompresible en cuanto este personaje tiene la misión de “operar” a Alex para así conseguir que las cosas estén donde deben estar: la consecución de un ser a imagen y semejanza de un camino marcado y que, sin remedio, se está torciendo.

xxy3.jpgSi el personaje del médico falla, tampoco se libran del fracaso el de su mujer y el de la mujer del biólogo; por el contrario, Kraken (Darin), el biólogo y padre de Alex, es el personaje más elocuente de los mayores, ya que a través de él se produce el trabajo con los animales marinos (en especial con las tortugas) y el asentamiento de su sexo como el itinerario que conduce a una determinada conclusión: tomar un decisión sobre el problema de Alex. Por parte de Kraken, existe una búsqueda interior y exterior de una verdad necesaria para que también él pueda comprender y comprenderse. En ese sentido, es reveladora la visita que hace a la gasolinera donde trabaja una persona mayor, casada y con un hijo adoptado, que se vio en el pasado envuelto en el mismo problema que hoy padece su hija. De esa conversación se inferirá la necesidad de que los seres decidan por sí mismos.

El final queda abierto. Lo que sí sabremos es que Alex no está dispuesto a sacrificar su vida andando por el mismo camino que le ha llevado hasta el punto en que se encuentra. Al descubrir a Alex, Álvaro ha visto reflejada su propia sexualidad. Las secuencias entre los dos jóvenes son lo mejor de la película: el instante en que se conocen, el momento en que se cepillan los dientes, el encuentro, en definitiva, sexual entre ambos, que señala el centro del filme y donde “el problema” da un nuevo e importante giro.

El simbolismo existente en las imágenes es demasiado forzado y elemental. Se trata de representaciones de animales y en especial de tortugas (y ranas y sapos), con los se intenta rememorar ciertas imágenes del cine de Buñuel. De todas formas, esos elementos referenciales –sean de animales o de fenómenos atmosféricos– adquieren, a pesar de su “fuerte” protagonismo, una cierta altura en la secuencia de la cena “amenizada y amenazada” por la tormenta y que concluirá en una oscuridad total.

Buena secuencia, frente a momentos deslavazados o mal construidos, como es la secuencia inicial del viaje de la familia argentina al “mar” uruguayo: el encuentro de las amigas, la posición de la cámara en el viaje en coche o la despistante planificación dentro del vehículo... son poco convincentes y poco claras. Una secuencia a la que se añaden otras tan torpes como aquélla del puñetazo que da Kraken al padre de Álvaro.

Rodada con gran abundancia de primeros planos, XXY apuesta decididamente por la libertad en vez de por la imposición. Se trata de que libremente escoja su opción cada ser humano, sin presiones, sin ordenes, sin inadecuados castigos. En definitiva, que sea cada uno de los seres humanos el que termine por hacer y trazar su camino.

Aunque sólo fuera por esta decidida apuesta por la convivencia, habría que tener en cuenta esta primera y pequeña película de Lucía Puenzo.