LA JUNGLA 4.0 (2)

  19 Enero 2008
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Título original:

Live free or die hard

País, año:

Estados Unidos, 2007

Dirección:

Len Wiseman

Intérpretes:

Bruce Willis, Timothy Olyphant, Maggie Q, Justin Long, Cliff Curtis, Jeffrey Wright, Mary Elizabeth Winstead

Guión:

Mark Bomback

Producción:

20th Century Fox, Ingenious Film Partners, Dune Entertainment

Fotografía:

Simon Duggan

Música

Marco Beltrami

Montaje:

Nicolas de Toth

Duración:

130 minutos

Un día en Port Aventura
Escribe Mister Kaplan

Defenestrado John McTiernan por sus líos con la justicia (se habla de que puede ir a la cárcel por sus mentiras a la CIA y su manía de espiar a los productores de algunas de sus películas, particularmente Rollerball) y ajustadas hace tiempo las condiciones de la estrella de turno (un Bruce Willis que no se toma en serio su personaje en ningún momento), que llegara a los cines la cuarta parte de La jungla de cristal era cuestión únicamente de tiempo y de encontrar un director solvente pero sin visos de autoría, capaz de llevar a buen puerto el proyecto, con brillantez técnica, pero sin ninguna inquietud artística, no sea que el blockbuster de turno se transforme en una reedición de Hulk, por aquello de haberlo dejado en manos de un inquieto Ang Lee.

lajungla43.jpgCuriosamente, el resultado de esta cuarta entrega no es malo, pero podría ser mucho mejor.

Lástima que repita ideas de la tercera parte (el final aislados en un gran almacén rodeado de helicópteros y demás parafernalia), lástima que además copie secuencias completas de esa misma película de McTiernan (el uso de camiones gigantescos y las persecuciones extremas con estos gigantes de la carretera) o de algún clásico moderno del cine de acción (el enfrentamiento del protagonista contra un avión último modelo en plena ciudad... algo ya visto en Mentiras arriesgadas, de James Cameron), lástima que hayan suprimido los tacos (así, dicen, en Estados Unidos no está calificada para mayores), lástima que la violencia esté demasiado estilizada (sólo la sangre en el rostro y en la ropa de McClane nos anuncia que estamos en un nuevo episodio de La jungla de cristal), lástima que el guión tenga agujeros (¿cómo puede ver nuestro intrépido héroe dónde se esconde el camión que lleva raptada a su hija después de llevar minutos peleando contra el avión último modelo? ¿No ha avanzado nada el camión en todo ese tiempo?) y lástima que los guionistas insistan en seguir colocándole una pareja a nuestro intrépido protagonista (en el anterior episodio, un negro; ahora, un jovencito experto en informática: ya sabemos a qué sectores intenta acercarse la productora de la franquicia).

lajungla42.jpgY decimos lástima por todo eso porque, por lo demás, el entretenimiento está garantizado con este tobogán que empieza y no acaba durante prácticamente las dos horas de metraje. Es algo así como estar permanentemente subido en una de las atracciones de un parque de aventuras.

El problema es querer llegar a todos (de ahí la infantilización del personaje), intentar ser explícitos cuando las cosas están ya claras (por aquello de que todos los públicos la entiendan), pero cuando Len Wiseman se ocupa sólo de diseñar escenas de acción y añadir los contrapuntos irónicos de McClane, la cosa funciona bien.

Es, por si no lo habían notado, un ejemplo del cine-hamburguesa que invade nuestras pantallas en los últimos años: películas con mínima trama, mucha acción, brillantes efectos especiales, personajes ya conocidos (por algo forman parte de una saga) y que se disfrutan con tanta avidez como se olvidan... prácticamente al salir del cine, o al apagar el DVD.

Y no es que la fórmula no pueda dar resultados más estimulantes. Ahí están las dos incursiones de Paul Greengrass en la trilogía basada en el personaje de Robert Ludlum, El mito de Bourne y, sobre todo, El ultimátum de Bourne, para demostrar que no sólo se puede lograr una impresionante pericia técnica en el rodaje y montaje de escenas de acción, sino que ésta puede asimilar pequeños matices que ayuden a enriquecer personajes y desarrollar una trama, sin necesidad de acudir a discursos, redundancias o explicaciones innecesarias.

Pero, claro, Greengrass es un director con un punto de vista personal, que incluso se atreve a rodar blockbusters íntegramente con cámara en mano (y dando un sentido narrativo a esta utilización: a fin de cuentas asistimos a la historia de una búsqueda constante de la propia identidad y de una huida continua, por lo que la estabilidad no existe ni dentro ni fuera de Bourne), mientras que Len Wiseman pertenece a esa fauna cada vez más habitual en la industria de Hollywood: aplicados y obedientes artesanos que manejan con soltura los efectos especiales y las cámaras, pero que tienen muchas dificultades para traducir cuatro páginas de guión (no debe haber muchas más que no sean fotocopias de las anteriores) en imágenes y sonidos con fuerza.

lajungla41.jpgDe hecho, La jungla 4.0 obedece al mismo patrón narrativo que ya aplicó en sus dos anteriores éxitos: Underworld y Underworld evolution. Y esto es así porque Wiseman procede del campo de los efectos especiales y el diseño de producción (con títulos como Stargate, Independence Day, Godzilla y Men in black), es decir, pertenece al campo de los técnicos cualificados que dan el salto a la dirección para ocuparse de organizar técnicamente el cotarro, pero no aportar la más mínima inquietud artística. Ese modelo al que también pertenece, por ejemplo, Andrew Adamson, quien después de rodar varias películas de animación (como los dos primeros títulos de Shrek) ahora se ha hecho cargo de la última franquicia de moda: Las crónicas de Narnia. Es la forma que tienen las majors de controlar que nada se salga de lo previsto. Lo de Ang Lee con Hulk fue un simple accidente del que todos han aprendido.

Pedirles a estos directores-ilustradores que, además, sean capaces de sugerir y no únicamente de “epatar” con sus imágenes, eso ya es pedir peras al olmo.