EL SILENCIO ANTES DE BACH (4)

  19 Enero 2008

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Título original:

Die Stille vor Bach 

País, año:

España, 2007

Dirección:

Pere Portabella

Intérpretes:

Alex Brendemühl, Féodor Atkine, Christian Brembeck, Daniel Ligorio, Georg C. Biller, Thomanerchor Leipzig, Antonio Serrano, Ferrán Ruiz

Guión:

Pere Portabella, Carles Santos, Xavier Albertí

Producción:

Films 59

Fotografía:

Tomás Pladevall

Música

Johann Sebastian Bach

Montaje:

Óskar Xabier Gómez

Duración:

102 minutos

La plenitud de la música
Escribe Daniela T. Montoya

Tras su periplo por la política, Pere Portabella se vuelve a poner tras la cámara para realizar una aproximación sensible a la figura del músico alemán Johann Sebastian Bach. Sin constricciones estilísticas, Portabella transita con libertad por la recreación histórica, hasta mostrar peculiares asociaciones entre la música del compositor y la vida en el siglo XXI. La música envuelve las vidas de los personajes hasta embarcarlos en una experiencia excepcional, de distanciamiento o suspensión respecto al tempo mundano. Sensación de abstracción que Portabella logra transmitir a los espectadores de El silencio antes de Bach.

elsilencioantesdebach1.jpgRehuyendo de las técnicas documentales habituales, Portabella nos informa de la relevancia de la figura de Bach haciéndonos partícipes de su mundo. El director catalán compone, con varias voces que se intercalan, una mirada que cobra sentido con la interpretación conjunta. Sin anécdotas ni explayándose en el detallismo, El silencio antes de Bach se centra en la significación de la obra del compositor: en torno a qué concepción estética surge, qué repercusión tuvo en los tiempos futuros (hasta llegar al presente), y, sobre todo, qué había antes de sus composiciones musicales. A esta última pregunta, Portabella responde claramente en el título del filme: silencio. Por tanto, Bach es el inicio. Es el punto álgido que reduce a la nada todo lo anterior; es, también, el punto de partida para posteriores autores.

Una pianola automática puede llenar de música las estancias de una casa. Pero es sólo la interpretación de un autor quien puede dotar de vida a las notas. Si bien la perfección técnica es necesaria para llegar a la belleza artística, el culmen de la experiencia estética sólo es alcanzable mediante el sentir del espíritu. Esta concepción estética, íntimamente ligada al sentimiento religioso, es la que trata de inculcar Bach a su hijo. Concepción que perdura hasta el presente a través del director del prestigioso coro de la Escuela de Santo Tomás, en Leipzig, mismo cargo que ocupó el compositor barroco hasta su muerte.

elsilencioantesdebach2.jpgAsí, la reproducción mecánica se contrapone a la importancia del sentimiento interpretativo. De igual modo, la exposición orquestal que realiza Portabella en El silencio antes de Bach se diferencia de las exhibiciones de datos que suelen caracterizar los documentales más convencionales. Una premisa está en el aire: lo sustancial no radica en el dominio (de la técnica), ni el acopio (de la información), sino en la voluntad de aprehensión. Incorporar (en este caso, la música) como algo propio es la forma idónea para aproximarse a un hecho. Esta parece ser la vía que ha seguido Portabella, quien ha logrado “hacerse” con Bach, y por medio de esta película nos lleva a dar los primeros pasos hacia el mismo camino.

¡Cuán lejos quedan películas como Copying Beethoven (2006) en la que, además de ensalzar el aura del “artista”, se intenta espectacularizar las interpretaciones musicales mediante grandes aspavientos! Pero, en estos filmes, las gesticulaciones de los actores no son suficientes para transmitir la emoción que contiene la melodía. Ni tampoco el montaje de fragmentos de una interpretación orquestal puede abarcar la envoltura sonora que implica presenciar una actuación en vivo. Y es que no es fácil captar a través del celuloide el sentimiento de embargo que genera la música.

Sin embargo, Portabella nos remite a los usos y prácticas que, desde el presente, se hacen de las composiciones del alemán. Un ejercicio de doma o un camionero que traslada los arpegios del clavicordio a las posibilidades de su armónica. En El silencio antes de Bach, Portabella saca la música de Bach de sus espacios habituales: las iglesias y las salas de conciertos. Desligada de los ámbitos cortesanos, se aproxima a personas comunes como las que cada día utilizan el metro para ir a trabajar.

elsilencioantesdebach3.jpgEn este proceso de socialización de la música clásica, es fundamental la forma en que se lleva a cabo dicha aproximación. Obvia incluir reproducciones banales, tan presentes en la actualidad (por ejemplo, tonos de móviles), de melodías descontextualizadas. En su lugar, se vuelca sobre las aprensiones personales del sentir de las composiciones de Bach. Es decir, se aboga por la captación total, frente a reproducciones sonoras aisladas (necesariamente, parciales). Porque la música, como explica el camionero que interpreta Alex Brendemühl respecto al pueblo alemán, es algo que se integra en la cultura. Su vivencia, puede llegar a ensalzar el espíritu de las personas.

De aquí que sea coherente que en El silencio antes de Bach los conciertos se integren en la cotidianidad de la vida urbana, acompañando a sus personajes en los instantes de soledad, o uniéndolos con las demás almas congregadas. De forma similar a como en siglos pasados el espacio eclesiástico amplificaba las posibilidades catárquicas que ofrece la música, Portabella incide en la importancia del espacio como elemento enfatizador: el tempo vivaz ligado con la furia del metro, la armonía y el equilibrio se unen al ejercicio de equitación.

Con El silencio antes de Bach, Portabella acierta con la forma en que nos aproxima a la música. Sin montajes capciosos, el director catalán nos reduce al mínimo la manipulación del texto. El plano se amplia para dar cabida al crescendo, o se recoge piano sobre el intérprete en soledad. El objetivo final: situarnos en máxima desnudez ante ella la música. Una partitura, que copa toda la pantalla, nos concentra sobre la interpretación orquestal. La música, y sólo la música, está representada gráficamente en el conjunto de pentagramas. No hay artificio. A lo sumo, su fluir de izquierda a derecha, nos facilita apreciar mejor las voces que se incorporan, el tempo, las variaciones de intensidad...

En definitiva, Portabella logra introducirnos de pleno en la obra.