FIRST SNOW (LA PRIMERA NEVADA) (3)

  17 Enero 2008
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Título original: First snow
País, año: Estados Unidos-Alemania, 2006
Dirección: Mark Fergus
Intérpretes: Guy Pearce, Piper Perabo, William Fichtner, J.K. Simmons, Shea Whigham, Rick Gonzalez, Luce Rains
Guión: Mark Fergus, Hawk Ostby
Producción: El Camino Pictures, Furst Films , Kustom Entertainment, MHF Zweite Academy Film
Fotografía: Eric Alan Edwards
Música Cliff Martinez
Montaje: Jay Cassidy
Duración: 101 minutos

Aceptando la muerte
Escribe Mister Arkadin

Nos encontramos ante una película sorprendente que se aparta, en su irregular trazado, del cine convencional. Su realizador es el primerizo Mark Fergus, autor o colaborador (hasta ahora) de guiones como el muy  notable Hijos de los hombres (2006) de Cuaron.

firssnow3.jpgEl mayor error de la película es que opta por un planteamiento moderno, en el peor sentido de la palabra. Y es que actualmente se cree que para ser distintos, originales o excelentes, los filmes tienen que adoptar una estructura rocambolesca. Es como si algunos realizadores compitiesen para saber quién es el que mejor sale airoso de los saltos en el tiempo. Venga o no venga al caso las películas pasan, así, del presente al pasado y, quizá, al futuro con total gratuidad. Aquello que pudo ser contado, más claro y mejor, linealmente es conducido por un zigzageante camino que termina por confundir al espectador. Nolan (Memento, El truco final) y sus excesos son, en parte, culpables de estos males.

La primera nevada cruza varios estilos, aunque en ellos se nota la huella del citado Nolan. Podríamos también unir los “ambientes” del cine de Brad Anderson (Sesión 9, El maquinista). De todas maneras aquí el resultado termina por ser lo suficientemente personal, lo que nos lleva a confiar en la futura labor de Fergus.

firssnow2.jpgUn coche, avanzando por una carretera mas o menos helada, mientras caen unos copos de nieve, es el plano que nos introduce a los giros del relato: una narración absorbente en la que lo de menos es su estilo thriller y lo demás el seguimiento de un personaje hacia el encuentro con la muerte. El protagonista, desdoblado en ciertos momentos en dos, trata de comprenderse, de saber el porqué del fracaso de su vida y dónde se encuentra ahora; si podrá, en definitiva, cambiar algo de ella. Su despreocupación de todo, su agrio carácter, su ansía de dominar a los demás se vienen abajo cuando comprende que hay cosas que no puede controlar.

En uno de sus viajes profesionales se estropea su coche (el primer contratiempo que sufre), lo que le obliga a quedarse en un lugar del que no encuentra forma de salir. Para arreglar el coche necesita esperar varias horas. El tiempo se “come” al personaje. Ese tiempo que le va conduciendo a su fin. En aquel lugar de espera casi surrealista, el protagonista (por cierto el mismo actor –qué casualidad– de Memento) recibe el mensaje de un futuro atroz. Una especie de adivino le comunica parte de lo que va a acontecerle. Sólo realmente parece contarle lo bueno que le va a ocurrir, lo malo se deja entrever, ante el horror que siente el adivino por lo que “ve” del futuro del personaje. Se está anunciando su muerte.

En su vida las cosas comienzan a ocurrir tal como le vaticinaron. Lo que se ha tomado como una especie de juego, golpea su existencia para bien, por supuesto, pero también para ese otra adivinación trágicamente presentida. En su deambular, en su caótica ida de un lugar a otro, se encuentra también el personaje con la tragedia de su vida: lo odioso de sí mismo, el comportamiento hacia los otros. De todo aquello que nunca ha querido “ver” en su vida reflejada. Su mujer, sus empleados, la gente que le rodea, que vive a su lado y a los que se ha despreciado al creerse el centro de la existencia.

La lucha con el otro yo viene dada por el enfrentamiento con su amigo “desde la infancia”, que acaba de salir de la cárcel, y que reclama su presencia. Y del que huye pensando que detrás de él se oculta su propia muerte: el “amigo” debe “llegar” para matarle. La realidad es que la muerte la lleva él mismo en su vida o quizá mejor en su vida es ya un muerto.

firssnow1.jpgSe trata de aceptar o no un destino, de mirarse y comprender que las cosas deben ser de otra forma. La película explica la claudicación del personaje, su cambio, la aceptación de la muerte. Momento éste dado por un plano que no sólo es el más bello de la película. Además, es uno de mejores existentes en el cine actual: el protagonista sale de la casa –después de mirarse en un espejo– con una pistola en la mano dispuesto a mantener su vida. La cámara se sitúa por encima del personaje: un picado suficientemente explicito. Vemos cómo sale a la calle empuñando una pistola. Atraviesa un espacio cubierto por una pequeña capa de nieve. Sus huellas van quedadas marcadas en el blanco suelo. Su cabeza, sus brazos parecen caer hacia la tierra al igual que hace, ahora, con la pistola, que queda allí sobre la nieve. Nuestro protagonista no para (no coge el arma) y sigue adelante. De manera perfecta se ha explicado la aceptación de su destino, la muerte que le espera.

Una vez muerto su “doble”, en una secuencia también notable (unidas las cabezas del protagonista y del “amigo” se coloca la pistola sobre la sien de éste último para que una única bala atraviese ambas cabezas) el personaje marcha “bañado” en sangre (aparentemente salvado) hacía su último destino. Morirá esa misma noche del suicidio del “amigo”, en un accidente de coche, cuando sobre la región ha caído la primera nevada. Liberado, encuentra en la muerte su salvación. Antes, otra secuencia perfectamente construida: la despedida de su mujer, una vez reconciliado.

La nieve actúa también como un elemento alegórico, con otro sentido, naturalmente, a como Ridley Scott la utiliza en la irregular American gangster (como recordando que asistimos a una película –polvo blanco– sobre la droga), y es que naturalmente el significado de un mismo elemento va a depender de cómo ha sido introducido en el relato. Ésa es una de las grandezas del cine.

Filme insólito y desesperanzador que nos habla nada menos que de la muerte. Lo hace desde la típica estructura de un viejo (pero modernizado) filme negro, donde la fotografía sucia envuelve al personaje y a la historia. No faltan ningún dato para crear un determinado suspense en la narración: las enigmáticas llamadas telefónica.

Un buen comienzo, con todas las limitaciones que se quieran poner, el de Mark Fergus. A pesar de su interés, los espectadores le han dado la espalda. ¿O acaso ha sido la distribución que ha condenado el filme al más absoluto de los silencios? Su estreno ha sido visto y no visto. Igual que ocurre con algunos otros notables filmes (caso también de otra película primeriza como es Adiós, pequeña, adiós). Hechos lamentables cuando otras mediocridades se eternizan y hacen su agosto: vivimos una época de dominio de un cine vulgar e intrascendente.