VEN TRAS DE MI (2)

  17 Enero 2008

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Título original: Follow me quietly
País, año: Estados Unidos, 1949
Dirección: Richard Fleischer
Intérpretes: William Lundigan, Dorothy Patrick, Jeff Corey, Nestor Paiva, Charles D. Brown, Paul Guilfoyle
Guión: Lillie Hayward
Producción: RKO Radio Pictures
Fotografía: Robert De Grasse
Música Leonid Raab
DVD: Manga Films
Duración: 60 minutos

El asesino sin rostro
Escribe Adolfo Bellido

Las producciones de la RKO Radio Pictures de los años cuarenta acogen una serie de títulos de jóvenes realizadores, que se tipifican de acuerdo a las características propias de los principales géneros. Se trata de productos de consumo rápido, de los llamados de serie B y que forman parte, en general, de programas dobles. Películas que en ningún caso serán estrenadas en las grandes salas. Rodadas en un periodo de tiempo prácticamente imposible (por su brevedad), poseen una duración que en muchos casos no supera la hora. Directores recién llegados a la industria, como Mark Robson, Robert Wise, o, posteriormente, más importantes, como Anthony Mann o Richard Fleischer, realizan así unas primeras películas sólidas en su aparente simplicidad.

richard_fleischer.jpgFollow me quietly, creemos que nunca estrenada en España, aparece ahora en DVD con el título Ven tras de mí. Realizada en 1949, es la séptima película dirigida por Richard Fleischer, cuyos inicios como director fueron en 1946 con Child of divorce.

Fleischer era hijo de Max Fleischer, que fue uno de los pioneros del cine de animación, al que se puede considerar como el rival más serio de Walt Disney, y que creó entre otros a personajes bien conocidos, como Bimbo, Popeye, Betty Boop... No es raro que su hijo, Richard, se interese por el cine y que pueda con más facilidad tener acceso al mundo cinematográfico. No obstante, Richard comenzó la carrera de Medicina, que dejó para coordinar una compañía de teatro. Ocurrió en el año 1937. Pocos años más tarde, en 1942, entra en la RKO para encargarse de dirigir varios cortometrajes de la serie This is America, así como ser director y productor de la serie Ficker flashback, una especie de recopilación de filmes mudos. El posterior paso a la realización de largometrajes le sirve para dominar una técnica, saber lo que significa rodar un filme en escasos días y acumular varias películas en el mismo año. Así, en 1948 realiza tres largometrajes, subiendo a cuatro al año siguiente. Su primer gran éxito lo obtiene con The narrow margin, 1952, película que será objeto de al menos un no demasiado lejano y frustrante remake, Testigo accidental, dirigido por Peter Hyams.

Dominador del cine de aventuras en un sentido amplio, en el que la acción se abre paso en un mundo lleno de violencia. A lo largo de una dilatada carrera realizó títulos tan dignos como 20.000 leguas de viaje submarino (1954), Sábado sangriento (1955), La muchacha del trapecio rojo (1955), Bandido (1956), Los diablos del Pacífico (1956), Los Vikingos (1958), Duelo en el barro (1958), Impulso criminal (1959), El gran cuchillo (1961), Viaje fantástico (1966), El estrangulador de Boston (1968), Tora, Tora, Tora (1970), El estrangulador de Rillington Place (1971), Cuando el destino nos alcance (1973), Mandingo (1974)... Una característica importante de todos los títulos citados es la perfecta utilización del formato Cinemascope, sin duda uno de los realizadores que mejor ha sabido aprovechar, entender y utilizar este formato.

Frente a los títulos citados, Ven tras de mi es un pequeño filme, perfectamente filmado y en el que de forma coherente sabe contar una historia con la duración justa. Nada de grandes perdidas de tiempo para explicar tal o cual cosa. Todo se hace de una forma tan concisa como eficaz. No se trata más que de seguir la investigación policial de una serie de asesinatos cometidos por un asesino en serie, que se hace llamar “el juez”, y que aparentemente se dedica a “impartir” su propia justicia sobre seres que deben ser castigados. La investigación la seguimos los espectadores como si fuéramos la propia imagen de la periodista que trata de sacar la máxima información del teniente de policía encargado de un caso que le obsesiona.

Los personajes del filme son tan simples como la historia. En ellos no encontraremos planteamientos psicológicos, ni unas lógicas o explicativas razones que conduzcan, por ejemplo, al asesino a serlo con unas determinadas motivaciones. No hay trampas intelectuales en el relato. Solamente se trata de seguir a los protagonistas (la periodista, el teniente de policía y su ayudante) paso a paso en su investigación, aunque, para plantear tal asunto a veces se recurra a efectos discutibles, como la “falsa” presencia del asesino en la habitación de la comisaría, sustituyendo al muñeco (“el hombre sin rostro”), que sirve de inicio a la investigación y que se ha formado partiendo de las numerosas pistas que el descuidado asesino va dejando en cada uno de sus crímenes. La, lógica y esperada, muerte del asesino después de una larga persecución lleva prácticamente la película a su fin, aunque, lógicamente, se añade una coda que lleva a la conclusión de la otra historia: el amor que surge entre la pareja protagonista.

No hay ni un plano que falte, ni uno que sobre. Todo es simple y coherente. Dura lo que tiene que durar. No importa que su duración roce la hora, ya que no hay más que contar. Es una simple crónica periodística de la caza de un criminal. Fleischer rueda con gran sabiduría. Utiliza el primer plano cuando tiene que reforzar una situación. El montaje es certero, creando la tensión en la historia narrada. Excelentes ideas de puesta en escena, como la que hace alusión al agua, ya que el asesino mata cuando hay lluvia, y que se plantea en dos buenos momentos:

1) el teniente de policía está de espaldas a la ventana. Siente el ruido de la lluvia que empieza a vislumbrarse por la ventana;

2) en el tiroteo que tiene lugar en la persecución del asesino, unas balas perforan unos conductos de agua de forma que ésta comienza a caer. El asesino se violenta al pasar por las “cortinas” que forma el agua.

Sobre todas las demás, hay en el filme una escena memorable, más de comedia que de drama, y que vive, desde el equívoco, la periodista en la habitación del policía. Admirable en ejecución, en ironía, en forma de presentarla: la periodista ha entrado en la habitación del policía. Se ha puesto su mejor traje. El policía llega cansado a casa. Parece dejar a un lado a la protagonista, a la que no quiere dar cuenta del caso. Ante la insistencia de ella de que le permita seguir (y escribir sobre) la investigación, el policía metido en su mundo comienza a desvestirse, baja la cama (incrustada en un armario), se mete en ella y pide a la “asustada” periodista que se acerque para... firmarle la autorización de seguimiento del caso. Un logrado y divertido juego.

Una excelente fotografía y una atmósfera muy conseguida son otras de las notables características de este pequeño filme, que cuenta además con los elementos propios del cine del cine negro de la serie B: el dominio de la noche con sus luces y tubos de neón, el rodaje en interiores para conseguir una mayor rapidez, los eficaces intérpretes, los diálogos chispeantes, o la presencia de logrados personajes secundarios, como el dueño del bar al que siempre va la policía y que siempre se encuentra “pegado” al teléfono haciendo apuestas. El agua, en este título, como ya ha quedado dicho, alcanza una importancia notable como elemento afín a la historia. Con ella, en un comienzo logrado, se insertan los letreros de crédito: el agua cayendo, unos pies de mujer moviéndose en el calle de un sitio a otro, esperando algo...

Película primeriza de un buen realizador, que aquí parte de una historia de Anthony Mann, y que saca el máximo partido a una simple y más bien manida historia de detectives y asesinos. Un ejemplo de realización, una aproximación a una época donde las películas trataban de contar las cosas de la forma más sencilla y coherente. Y haciendo, además, que las películas durarán lo justo, ni un minuto más.