THE QUEEN (3)

  17 Enero 2008

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Título original: The Queen
País, año: Reino Unido, Francia e Italia, 2006
Dirección: Stephen Frears
Intérpretes: Helen Mirren, Michael Sheen, James Cromwell, Sylvia Syms, Alex Jennings, Helen McCrory, Roger Allam, Tim McMullan
Guión: Peter Morgan
Producción: Andy Harries, Christine Langan y Tracey Seaward
Fotografía: Affonso Beato
Música Alexandre Desplat
Montaje: Lucia Zucchetti
Duración: 97 minutos

Asuntos de Estado
Escribe Adolfo Bellido

Frears, un director importante e irregular, se introduce en el aparente mundo imposible de la intocable monarquía inglesa para hablarnos del poder, de sus acechanzas y sus claudicaciones. Por la pantalla aparece la fuerza de esos poderosos dominantes, capaces de movilizar pueblos y de llevarlos donde mejor les parezca con tal de que se lleven a cabo unos determinados intereses. Isabel II y Tony Blair, junto a las  familias de ambos y el Partido Laborista.

thequeen3.jpgUn conjunto de personajes y situaciones presentes en un filme donde lo fundamental no es simplemente lo que vemos, sino aquello que dejan translucir las imágenes. No se trata de un filme machacón en las ideas. Simplemente trata de mostrar unos personajes que se esconden tras unas frías reacciones como manera de ocultar unos sentimientos o unas motivaciones, que de todas maneras quedan aclaradas por medio de gestos o actitudes. Este es el gran sentido del cine, el insinuar, el mostrar unas determinadas ideas con una serie de gestos o de pequeños toques. Sobran los diálogos recitados como explicación de lo que se ve, los planos enfáticos, basta con un pequeño “toque” para mostrar lo que se desea transmitir. Aquí Frears lo consigue de forma exquisita.

Dos hechos aparentemente distintos sirven para enfrentar de forma paralela el aparente auge de un poder, representado por el gobierno elegido por el pueblo, y el poder real, avalado por una línea sucesoria. Dos poderes que convergen en un solo: la necesidad de someter al pueblo a unos determinados deseos merced a unos planteamientos emocionales.

El filme, por un lado, muestra el triunfo laborista, por otro la muerte de la princesa Diana. Hechos que a pesar de su disparidad tienen un nexo en común: ambos presentan a “gente” amada y señalada por el pueblo. De ahí que Diana sea definida (por el propio Blair en su preparado discurso) como la princesa del pueblo, mientras que Blair se le denomina algo así como el ministro del pueblo. La necesidad de introducir en la población unas ideas para hacer posible, en el inmediato mañana, dirigir las masas en la dirección que mejor convenga. Una forma de mantenerles engañados y conducidos hacia una emotividad de clara peligrosidad.

thequeen1.jpgSe presenta un mundo (de apariencia) moderno frente a la vieja representación teatral de un drama o comedia nunca interrumpido con el paso del tiempo centrado en la monarquía. Diana es la frescura de algo vivo frente a la vejez de un mundo cerrado que trata de aplastarla. Por eso se produce su muerte sembrada de oscuras conspiraciones o de desconcertantes casualidades, a través de las cuales aletean una serie de presumibles o falsos culpables que terminan por convertir en un circo la vida de alguien que quiso borrar su vida anterior para vivir otra llena de alegría.

Lo viejo, con su absurda representación, sus repetidas e inútiles ceremonias, se instala en el Palacio Real. Cuando algo parece que va a cambiar se verá que todo queda en su debido sitio, que lo presentido es devorado por lo vivido. Las costumbres pueden a los afanes de reforma.

Veamos: Blair llega con ímpetu a ser Primer Ministro. Está dispuesto a cambiar la Constitución. ¿Cómo es posible, piensan en Palacio, que alguien quiera cambiar las costumbres de siglos? Es la modernidad frente a la rutina. Pero la verdad de la rutina, de lo viejo y conocido, se impone al intento de cambio. Por eso el que va dando la vuelta en su forma de pensar es el propio Blair. Al final ya no es el de antes. Su ambición, como la realidad ha demostrado, ha terminado por hacer que poco a poco vaya rindiéndose a la Corona, aceptando su juego, proclamándose monárquico. Un cambio social (falso) y una monarquía (aparentemente moderna) confluyen en un mundo donde todo debe ser calculado hasta el milímetro para evitar la humillación o el fracaso.

Hay un momento excelente en el filme, y la realidad ha demostrado que se llegó a  cumplir, en el que oye Blair decir que un día verá cómo el pueblo que hoy le venera le criticará abiertamente. Falta por decir que él es humano y que la monarquía hereditaria, sea comandada por quien sea, será siempre de origen divino. Algo que el cambiante pueblo se niega a desechar. Como punto de confluencia, la prensa basculando hacia una idea o la contraria… siempre que eso signifique vender más ejemplares.

thequeen2.jpgDe todo lo expuesto se trasluce el gran cinismo que en muchos momentos destila la película. Lastima que algunos personajes sean excesivamente secundarios, porque una mayor presencia podría aportar más al entendimiento de la película. Y me refiero concretamente a la mujer de Blair (demasiado ridícula en su irónica reverencia), al amigo del Primer Ministro o al secretario del Príncipe Carlos.

Al final todo queda como está. El pueblo olvida, y perdona, a sus reyes y los poderes humanos y divinos se complementan perfectamente. Quienes han ganado en definitiva son los de siempre. Diana ha sido una especie de sueño o ensueño que hizo despertar a un país, pero que será tragada por el tiempo frente a la supervivencia de intrigantes, arribistas y poderes hereditarios que seguirán conviviendo, dándole al pueblo lo que pide para luego manejarlo a su gusto. Un juego de poderes o de ideas en busca del posterior triunfo. Distintas formas de enfrentarse a la realidad. Y donde los perdedores siempre serán los mismos. Es significativo uno de los planos finales, aquel del funeral de Diana en que la mirada de la reina es seguida, en continuidad, de un plano de Diana en sus tiempos de felicidad. ¿Un recuerdo de la reina o un plano-idea de Frears? Más bien lo segundo que lo primero.

Algunos han creído ver en la película una defensa de la reina. Simplemente por el hecho de que el personaje sea visto como un ser “humano”, pero esto no es real. Se confunde la mirada distante de Frears con la aceptación de un personaje cerebral, cuyo único sentido es vivir del pueblo (no con el pueblo) y cuyos gestos “humanos” no tienen otro sentido que mantener el poder.

thequeen4.jpgEspecie de documento donde la ficción se une con la realidad. Junto a la historia aparecen periódicos, tomas reales de aquel momento. De esa forma, realidad y ficción se unifican de forma perfecta para acercarnos a unos hechos y juzgarlos desde la propia serenidad del relato.

Quizá este de más la simbólica utilización del ciervo al que la reina desea espantar para evitar que sea cazado, y que una vez muerto por un cazador se empeña en visitar. La (i)lógica unión con la muerte de la propia Diana se plantea de forma demasiado simple.

El futuro volverá a hacerse presente eternamente. La reina alcanzará su prestigio perdido con el gesto de cambiar algunas ideas. Ello es posible por su falso acercamiento al pueblo y cuya conclusión será la niña que ofrece flores a la reina y no a Diana. Algo que supone el triunfo de los de siempre y el rápido olvido de aquello que llevó la emoción del momento. Las cosas seguirán igual. Y el mundo continuará movido en general por los intereses de unos políticos que se sirven del pueblo para lograr sus fines. Es el juego de las esperanzas desesperanzadas. Del viejo juego maquiavélico de gobernar para uno mismo. En este sentido, la película es enormemente coherente y lúcida. No especula sobre el próximo gobierno de Blair, simplemente explica lo que ha sido y trata de exponer el porqué de ello. Es uno de los temas del filme: acercarse a los juegos hipócritas que toman como suyos los habitantes de las altas esferas. Sacar rendimiento de un hecho que ha llegado a los corazones de la gente. Al fin y al cabo, el cuento de hadas convertido en realidad monstruosa. Unas personas que cambiarán de acuerdo a como transcurra el futuro en el que cambiarán unas cosas por otras, en el que fácilmente se olvidarán promesas. De todo ello se aprovechará el político de turno para ser aceptado por el pueblo.

Unos trabajan, otros manipulan, los de más allá viven del pueblo entre cacerías y pasatiempos varios. Y todavía habrá alguien que dirá que The Queen es una película a favor de la monarquía. Desde luego no hay grandes discursos para demostrar lo contrario, basta con mirar con atención las imágenes sugerentes que Frears nos propone.