Harry Potter y las reliquias de la muerte, parte 1 (3)

  29 Noviembre 2010

Harry Potter y las reliquias de la muerte, de David YatesMagia dentro de la magia

Hablar de Harry Potter es hablar de algo que toda persona, quien más y quien menos, conoce. No en vano se trata de un fenómeno a escala global que muy pocos vieron venir antes de que la saga conociera el éxito sin precedentes que actualmente posee.

Después de siete libros juveniles, cortesía de la escritora J. K. Rowling, y siete adaptaciones cinematográficas estrenadas (pues aún queda pendiente el octavo jalón de la serie) todo apunta a que estA historia de proporciones épicas está en su mejor momento por varias razones.

La primera es que el estreno de esta última entrega ha sido la que ha gozado de unas espectaculares cifras que desafían toda lógica. No es fácil mantener la fidelidad del público a lo largo de nueve años en una saga cinematográfica, y mucho menos literaria. La segunda es que ha conquistado a audiencias de todos los rincones del mundo y de todas las edades. La última es que el público ha demostrado que esperaba expectante la primera parte de adaptación realizada en dos filmes, pues ambos comprenden unas cinco horas de metraje que se han cortado deliberadamente para fraccionar el producto.

Finalmente, podríamos decir que, ante la decepción que supuso Harry Potter y el misterio del príncipe, el capítulo que veíamos el pasado año por estas fechas, la nueva propuesta vuelve a inhalar profundo para obsequiar a sus fieles con una de las mejores películas de la franquicia. Harry Potter y las reliquias de la muerte (parte 1) debería ser una continuación lógica de lo que fue su predecesora. Y lo es, pero algo ha cambiado. Algo se percibe diferente. Le debemos el mérito a David Yates, quien pasará a la historia con el beneplácito de haber dirigido los cuatro últimos filmes del fenómeno.

Si bien Yates había mostrado signos de debilidad, parece que ahora se ha arropado de los mejores colaboradores para articular una fantasía extraña, radicalmente oscura y deliberadamente pausada, que combina a la perfección las más espectaculares secuencias de acción con unos pasajes decadentes y apesadumbrados que apuestan por la soledad y el desasosiego de la triada de protagonistas por excelencia del entuerto. Harry, Hermione y Ron sufren en silencio las consecuencias de todas sus experiencias previas y lo hacen con una curiosa contención, impropia de un filme que debería estar diseñado para el consumo adolescente, principalmente, con un buen cazo de palomitas.

Si bien Yates había mostrado signos de debilidad, parece que ahora se ha arropado de los mejores colaboradores para articular una fantasía extraña, radicalmente oscura y deliberadamente pausada

Entramos en el filme con un prólogo que no se entretiene en la elongación y ya, desde el primer fotograma, asistimos a una impregnación bizarra de misterio y tenebrosidad que seguirá en pie durante toda su duración. Además, la historia, por tratarse de la adaptación del libro final, ha llegado a un nivel de complejidad de historias, objetos, subtramas y personajes tal que el seguidor anual medio se sentirá perdido en más de una ocasión. Sólo el aventajado estudioso del universo Potter será capaz de entender todo lo que en este filme se está revelando. Y es que el tinte coral de la odisea de los protagonistas ha pasado por tantos capítulos que se ha llegado a la invención de un cosmos propio. Esto puede ser dañino o positivo según se mire.

Yates, por su parte, ha alcanzado lo que quizás le faltó en su anterior intento, un saludable y muy afortunado equilibrio entre el humor, la aventura trepidante, las secuencias de acción, los duelos y la intimidad. Estamos de acuerdo en que ésta siempre ha sido una de las señas de identidad de la serie fílmica, pero en esta ocasión, la combinación resulta más poderosa que nunca.

Sea porque el público ha empatizado con los protagonistas a forja de años, porque éstos experimentan emociones nunca antes vistas o porque la apuesta del realizador es más libre, lo cierto es que se logra que este Potter se convierta en una de las entregas teñidas de mayor seriedad y rigor.

Sólo el aventajado estudioso del universo Potter será capaz de entender todo lo que en este filme se está revelando 

Otra de las marcas de la casa es la imponencia estética de su diseño de producción. Además, esta es la primera vez que la escuela Hogwarts no aparece ni en un solo momento, por lo que se ha rodado casi íntegramente en privilegiados exteriores. El resultado es que ésta es, seguramente, la visualmente más deslumbrante entrega de la serie (si pueden verla en sistema Imax, no duden en hacerlo, aunque el doblaje español deje bastante que desear). Un excepcional trabajo de cinematografía y localizaciones son las que principalmente caracterizan este filme, junto con un marcado carácter anti-familiar y apesadumbrado.

Desde luego, esta entrega acumula méritos por tratarse de una simple preparación para el desenlace pero que, pese a ello, sabe erigir un estadio nuevo dentro de la familia de filmes Potter. Por supuesto, el filme deja con apetito de seguir consumiendo el producto pero no será hasta julio que atenderemos el estreno del ansiado final.

Hasta entonces, los seguidores más adultos de este mundo de magia pueden deleitarse con la revitalización de una saga que, lejos de fenecer del propio éxito, logra el avance mediante la innovación de ritmos. Desde luego, no es dócil trabajo.

Escribe Ferran Ramírez

 Título  Harry Potter y las reliquias de la muerte: Parte I
 Título original  Harry Potter and the Deathly Hallows: Part I
 Director  David Yates
 País y año  Reino Unido, Estados Unidos, 2010
 Duración  146 minutos
 Guión  Steve Kloves
 Fotografía  Eduardo Serra
 Distribución  Warner Bros. Pictures
 Intérpretes  Emma Watson, Daniel Radcliffe, Helena Bonham Carter, Alan Rickman, Bill Nighy, Michael Gambon, Rhys Ifans, Bonnie Wright, Jamie Campbell Bower, Ralph Fiennes
 Fecha estreno  19/11/2010
 Página web  http://harrypotter.warnerbros.com