CIELO AMARILLO (5)

  09 Enero 2008
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Título original: Yellow sky
País, año: Estados Unidos, 1948
Dirección: William A. Wellman
Intérpretes: Gregory Peck, Anne Baxter, Richard Widmark, Robert Arthur, John Russell, James Barton, Harry Morgan, Charles Kemper
Guión: Lamar Trotti
Producción: Twentieth Century Fox
Fotografía: Joseph MacDonald (B/N)
Música Alfred Newman
Montaje: Harmon Jones
Duración: 98 minutos

Espejismo en un desierto de sal
Escribe Adolfo Bellido

Cielo amarillo es un gran western que, en el año de su realización (1948), se adelantó en el tiempo, abriendo nuevos caminos al género. Algunas de sus reflexiones modelan ideas o personajes del cine posterior de Anthony Mann o Budd Boetticher.

cieloamarillo2.jpgDentro del sentido audaz y extraño que transita por el cine de Wellman, se plantea el filme como una mezcla de géneros (el cine negro no le es lejano) y tendencias. Se trata, sin duda, de uno de sus westerns más brillantes, género en el que logró obras de la calidad de Incidente en Ox-Bow (1943), Las aventuras de Buffalo Bill (1944), Más allá del Missouri (1951), Caravana de mujeres (1951) junto a otros títulos que de una manera u otra devuelven las raíces del género –¿acaso la admirable Beau Geste, 1939, no tiene mucho de western?–, como ocurre con la inclasificable y sugerente El rastro de la pantera (1954).

Pero con todos esos y otros títulos de calidad, Wellman suele ser uno de los grandes olvidados de la época gloriosa de Hollywood, al ser eclipsado por otros nombres de aquel maravilloso periodo. Cielo amarillo, de pulso firme, brillante en la resolución de sus secuencias (incluso con autocitas: la del comienzo en el bar se asemeja a una de Incidente en Ox-Bow), posee una atmósfera mágica y fantasmal gracias a la presencia del surrealista paisaje, que refleja el “caminar” de sus escasos personajes: ambos terminan fundiéndose en su propio sentido destructivo.

El filme, como la mayor parte de los grandes westerns, representa el itinerario físico y moral de unos hombres (unos bandidos, un buscador de oro y su nieta) “a los que la guerra ha desmoralizado y ha puesto en el camino del mal”. La guerra, otro de los temas recurrentes del cine de Wellman. El sentido del filme se encuentra en el conocimiento de unos personajes, cuyos diferentes puntos de vista conducen a su enfrentamiento personal en un camino con distinto significado: sin retorno para unos, y de ida y vuelta  para los otros.

cieloamarillo1.jpgOro-codicia, egoísmo-deseo, dignidad-poder: temas de siempre se convierten aquí en nuevos y sugerentes. El conflicto entre los personajes se produce en la ciudad fantasma surgida como un espejismo al final del desierto de sal. La historia narrada es simple: una banda de malhechores, ladrones de bancos, para escapar de sus perseguidores después de uno de sus atracos, atraviesa un desierto de sal en cuyo extremo se encuentra una ciudad destruida, un inquietante lugar con rango de protagonista.

Cielo amarillo cuenta con una interpretación conjunta excepcional, en la que destaca un primerizo Richard Widmark. ¿Qué más se puede valorar del filme?

Bastante más, tanto en lo referente a su sentido explícito como en lo implícito. Por ejemplo, la curiosa “lección” sobre la autoridad que “imparte” el jefe de la banda (Gregory Peck) a sus cómplices y en la que se niega a “admitir” cualquier votación, aunque se viva en un país libre. Curiosamente, Wellman “venía” de realizar El telón de acero donde se planteaba la necesidad de ser fiel a la palabra dada, sin olvidar las constantes vueltas al pasado como un recuerdo o una presencia difícil de alejar desde el presente. Así, Widmark asegura que la mujer que le abandonó es gemela de Anne Baxter, el “chico” recuerda a la familia, Gregory Peck añorando su hogar.

cieloamarillo4.jpgComo otras muchas, la secuencia final demuestra el saber de Wellman para dibujar a sus personajes. Así, el protagonista entra en el banco de la misma forma que lo ha hecho siempre: ordena poner las manos en alto para... terminar por devolver el dinero que se había llevado al comienzo. En realidad, es la única forma en que nuestro protagonista sabe realizar este acto. Los detalles, en esta brillante secuencia, son antológicos: el no saber Peck cómo moverse, la pistola sobre su cara, la señora dispuesta a entregar el dinero que lleva...Y es que la valoración del detalle, la observación de las reacciones de los personajes, es una constante en el filme: la secuencia del comienzo en el bar (la botella y los vasos pasando de unos a otros mientras la mirada permanece fija en el cuadro), Anne Baxter descubriendo sobre la pared de su casa el dibujo de una dama como interiorización de su feminidad recién descubierta, el abuelo de la chica tapándose con una sábana, Baxter y Peck diciéndose sus nombres a la puerta de la casa...

Pero si alguien me preguntara sobre mi secuencia favorita, no tendría ninguna duda: es el antológico duelo final, tanto por la manera de plantearse (un enfrentamiento a tres negado a la mirada del espectador y enriquecido con pequeños apuntes como es el del sonido de los percutores de los revólveres avisando de la presencia cercana de “otro”), como por la forma de describir posteriormente lo que ha ocurrido siguiendo la mirada de la protagonista que –en su angustia– va descubriendo poco a poco el desenlace del duelo: la ruleta parándose, el oro cayendo de una bolsa, el pie de uno de los muertos, la respiración del protagonista... La secuencia concluye con una brillante elipsis que conduce a un final que sirve como contrapunto al inicio.

cieloamarillo3.jpgSe ha dicho que el final que vemos es falso, que la película tenía que terminar de forma dramática, que lo demás es un añadido para llegar a un final feliz. Puede ser que eso sea así, pero de todas formas, de los teóricos añadidos finales, el último cierra de manera perfecta el ciclo secuencial en ese indicado contrapunto con el principio.

Filme espléndido, ejemplar, que señala sin duda una de las cimas del western moderno. Las nuevas generaciones que desconocen esta extraña película pueden ahora degustar sus excelencias ya que acaba de ser editada en DVD. Verla es recibir una lección de cine. Disfrutar de un conjunto de rara perfección. Comprobar, en definitiva, las mil caras que posee el cine del oeste.