HIJOS DE LOS HOMBRES (4)

  09 Enero 2008
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Título original: Children of men
País, año: Estados Unidos-Reino Unido, 2006
Dirección: Alfonso Cuarón
Intérpretes: Clive Owen (Theo), Julianne Moore (Julian), Michael Caine (Jasper), Chiwetel Ejiofor (Luke), Charlie Hunnam (Patric), Claire-Hope Ashitey
Guión: Alfonso Cuarón, Timothy J. Sexton, David Arata, Mark Fergus y Hank Ostby
Producción: Marc Abraham, Eric Newman, Hilary Shor, Tony Smith e Iain Smith
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Música John Taven
Montaje: Alex Rodríguez y Alfonso Cuarón
Duración: 109 minutos

Esperanza en un renacimiento
Escribe Daniela T. Montoya

Hay principalmente dos maneras de imaginar cómo será el futuro: una tirando a optimista, en la que se idealizan las bondades del desarrollo tecnológico, dando pie a escenarios asépticos y creando personajes que están por encima de la condición humana más natural o material, hijos-4.jpgpor ejemplo, recordemos la estética de Kubrick en 2001, una odisea del espacio (1968), Gattaca (1997) o la paranoia criminal de Minority Report (2002); y otra, que apela a una visión apocalíptica del devenir de los seres humanos, que caminan atemorizados y/o descontrolados hacia la propia autodestrucción resaltando, así, la debilidad del individuo.

En esta última perspectiva se situaría el planteamiento inicial de la última película del realizador mexicano Alfonso Cuarón, Hijos de los hombres (Children of Men, 2006), en la que se plantea un futuro en el cual los humanos han de afrontar su posible extinción al haber perdido la capacidad de procrear. Basándose en la novela de ciencia-ficción de mismo título que escribió la inglesa P. D. James en 1992, Cuarón plasma en imágenes una visión pesimista del futuro próximo pero que, contradictoriamente y en función del desenlace, da pie a mantener la esperanza.

Situada en un futuro muy próximo, Hijos de los hombres narra la historia de cómo, en el año 2027, la posibilidad de la extinción de la humanidad se agudiza cuando los informativos dan la noticia de que la persona más joven en la Tierra, un joven de 18 años, acaba de morir. Ubicados en un período en que la infertilidad súbita pone en duda el futuro de la civilización, el mundo se va apagando lentamente. La constancia grisácea que entinta cada fotograma perpetúa el decaimiento de la sociedad mientras la población, contemplando hipnotizada las pantallas, permanece paralizada ante la proximidad del fin. El caos y los enfrentamientos violentos entre grupos radicales derrumban el ideal de convivencia pacífica. Entre esta marabunta, el burócrata Theo (Clide Owen) se resigna a acomodarse hasta que su pasado más comprometido le lleva a implicarse en una aventura tan peligrosa como decisiva para el devenir de la humanidad: proteger a la última mujer embarazada y acompañarla hasta un lugar seguro, hasta el «mañana».

hijos-3.jpgA pesar de que Hijos de los hombres sea una película de ciencia-ficción, está plagada de elementos imbricados en la realidad presente y, por tanto, indirectamente la convierten en un cuestionamiento del desencadenamiento que pueden tener las acciones actuales el día de mañana. No en vano, en las ruedas de prensa a las que asistió el director mexicano en la Mostra de Venecia y en el Festival de San Sebastián, insistía en afirmar que “el futuro está en el pasado”.

El paulatino descenso de natalidad es el punto de partida de la narración, pero también destacan temas candentes como la criminalización de la inmigración, la selección y expulsión de los legales e ilegales (también se puede leer «puros» e «impuros») respectivamente, la degradación medioambiental, la violación de los derechos humanos (es demasiado evidente la inclusión de prisioneros vestidos y maltratados de igual modo como hacen los marines estadounidenses en Guantánamo), la generalización de la pobreza o la legalización del uso de la violencia por parte de la autoridad.

Todo en conjunto configura un mundo sin futuro, un mundo sin esperanza, un mundo que se va apagando lentamente. No sólo se trata de que demográficamente la población esté envejeciendo a raíz de un descenso apresurado deL número de nacimientos (como así lo confirman las estadísticas actuales en el viejo continente), sino que al haber menos niños, en la sociedad también hay un menor grado de la ilusión, la alegría, el entusiasmo, la ingenuidad y la vitalidad características de los pequeños. El futuro próximo que nos muestra Cuarón es una época en que la civilización, concebida como un órgano vivo en sí mismo, se encamina lenta pero inevitablemente hacia la muerte a falta de renovación de su sabia.

hijos-2.jpgEstamos ante una visión diferente de la que postulaba Haneke en El tiempo del lobo (2003), donde el caos emergía de una situación límite que da pie a que las personas se abstengan de regirse por cuestionamientos morales en pro de luchar descarnadamente por la supervivencia. Para el director austriaco, la muerte es un accidente, una consecuencia de un descuido o algo provocado voluntariamente (y de aquí los desencadenantes morales que tanto interesan a Haneke). En cambio, en la última película de Cuarón, la muerte es una esencia que condiciona el devenir de la sociedad en conjunto. La muerte es entendida con naturalidad, como una condición más de la vida y, por tanto, no sólo no hay que ocultarla, sino que está íntimamente ligada al nacimiento en lo que vendría a ser el ciclo natural de la vida.

Narrativamente, Hijos de los hombres se puede dividir en dos partes: una primera de típica presentación de los personajes y planteamiento de la acción que se desarrollará en la segunda mitad, un proceso de persecución-huida un poco alocado y puede que demasiado alargado. En un primer momento, el interés de la película se podría situar en la duda que genera saber si los protagonistas conseguirán superar las dificultades y alcanzar su objetivo final. Pero a pesar del cuidado que dedica Cuarón a la espectacularidad de las escenas de acción (la sucesión y la credibilidad de estas escenas acreditan la habilidad y profesionalidad del equipo técnico), no relegan ni mucho menos a un segundo plano el trasfondo filosófico sobre el que se sustentan.

hijos-6.jpgNo lo olvidemos, el punto de partida de Hijos de los hombres es que en la Tierra no hay futuro, las esperanzas mueren a medida que se constata la imposibilidad de trascendencia. La única opción que queda es esperar el final lo más cómodamente posible, es decir, buscar la comodidad, la seguridad y el placer propios. Se suprimen todos los recuerdos dolorosos de nuestra pérdida: se cierran las escuelas, se suprimen los juegos infantiles, se censuran voces o sonidos asociados a los niños… La angustia, el sufrimiento y la soledad son estados de ánimo que se pueden anestesiar. El mundo entraña una dulce indiferencia y, ésta, se puede reflejar en la nulidad de colores que ahogan cada fotograma y en el peso de la resignación que lleva Theo en sus espaldas. Como ya presagiase Camus, cuando a uno le roban la esperanza, lo único que tiene en las manos es el presente, pasa a convertirse en la realidad misma y todos los demás son comparsas.

La fotografía extremadamente nítida de Emmanuel Lubezki incide en la idea de que la fría decrepitud está incrustada en los sujetos; que el embrutecimiento (o inhumanidad) es intrínseco al conjunto de individuos que conforman la sociedad. Ante esta actitud acomodaticia y resignada, se contrapone el recuerdo de un pasado lleno de vitalidad, cuando surgían movimientos cívicos comprometidos que consiguieron, a la vez que ampliar el marco de libertades sociales, conformar una estructura política que estuviera al servicio de los ciudadanos. (Puede que en esta reminiscencia histórico-social radique la necesidad argumental de enmarcar la acción en Inglaterra, en Europa, en lugar de en los Estados Unidos, como en un principio estaba proyectado).

El personaje de Jasper (Michael Caine), acompañado de su mujer en estado vegetal, recuerda los gloriosos momentos que vivieron en el pasado, trasgrediendo normas y luchando por una sociedad más libre y pacífica. Eran tiempos de compromiso en los que el cinismo y la razón eran armas para imponer el sentido común. En la actualidad, a Jasper ya sólo le quedan fotos y viejas canciones de Pink Floyd. Pero, también del pasado, retornan y cobran vida los ideales de compromiso encarnados en el personaje de Julian (Julianne Moore), antigua compañera de Theo. Deslumbrante pelirroja, ella es quien marca el punto de inflexión en la vida anodina de Theo e, indirectamente, de su amigo Jasper. Ella es la responsable de aportar el color, la vida, el futuro.