CAÓTICA ANA (2)

  07 Enero 2008
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Título original: Caótica Ana
País, año: España, 2007
Dirección: Julio Medem
Intérpretes: Manuela Vellés, Matthias Habich, Bebe , Charlotte Rampling, Asier Newman, Nicolas Cazalé, Raúl Peña, Gerrit Graham, Lluis Homar
Guión: Julio Medem
Producción: Sogecine, Alicia produce
Fotografía: Mario Montero
Música:  Jocelyn Pook
Duración: 11 minutos

La losa de la autoría
Escribe Víctor Rivas

caoticaana4.jpgEl cine de Julio Medem ha naufragado hacia un posicionamiento ideológico que lo ha convertido en el “gurú” de cierto progresismo, algo caduco en sus eslóganes principales, pero interesante en su fe en la humanidad. Su última película, Caótica Ana (2007), es una especie de síntesis de sus hallazgos argumentales más certeros, aunque en lo formal contiene demasiadas dosis de experimentación algo forzada.

No se trata de definir el cine de Medem como un juego de texturas, aunque algo de eso hay; más bien, entendemos que sus cualidades están directamente relacionadas con su fe en el sentimiento. Dicha apuesta debe obligar a su director a confeccionar una película donde lo físico sea algo más material y penetrante que lo espiritual.

caoticaana1.jpgEl mejor Medem es aquél que nos ha enseñado a escenificar en imágenes los encuentros amorosos, que sabe dotar de intensidad a las relaciones pasionales entre las personas. Nadie como él para convertir una simple escena de dos personas pintando en una manera intensa de declararse su pasión. Pero es que el cine de Medem abunda en este muestrario de escenas que respiran amor por los cuatro costados del encuadre. Quizá sea esta la virtud que hace de Los amantes del círculo polar (1998) su película más emblemática, ya que en ella cada encuentro entre Otto y Ana es una suerte de vuelta al principio, un volver a enamorarse. Medem ha desarrollado un nuevo melodrama basado en lo fortuito de la pasión, en un sexo convertido en juego y placer, en un amor que es utópico, que sólo nace y se desarrolla en el cine, que es todo imaginación y fantasía.

La realidad, nuestra realidad, para Medem es un cúmulo de múltiples realidades. Pero a él no le interesa el juego entre la ficción y lo real. No imagina el cine desde un diálogo entre lo representado y la representación. Su cine es narración pura, es ficción en todas sus consecuencias. Aceptar sus películas supone despejar nuestra mente de prejuicios que nos lleven a identificar lo que vemos con lo real. En él todo puede pasar, por esa razón Ana es un calidoscopio multicultural que engloba distintas vidas. Ana no tiene vida propia, sólo la vida que nace de lo recordado, de lo fantaseado. Sus trances hipnóticos son una manera de visualizar su vida mediante una pantalla de cine. Ana asiste a una vida de cine, que nace de un cierta forma de fantasía sobre nuestra realidad. Ana es toda ella utopía, es inexistente, no puede existir. La cualidad de lo utópico es que nunca podrá realizarse. La película contiene una belleza en su mensaje que, alejada de ese maniqueísmo trivial del final, esconde una auténtica declaración de principios: la vida sólo es posible a través del amor. El arrojo de Medem, su valentía, es proponer esta idea en un mundo actual donde el cinismo y el escepticismo han triunfado sobre la fe en los sentimientos. Hablando caoticaana2.jpgclaramente, su propuesta, seguramente, será tachada de superflua e ingenua, de ñoña y cursi, de utópica. Pero es que Medem cree en todas esas ideas.

El problema de Caótica Ana es más estético que argumental. Sus ideas formales, a menudo descabelladas y superfluas, contrastan con la hondura de un relato amoroso y sentimental de fuerte carga magnética. La forma y el contenido aquí no van de la mano, por eso decae la verosimilitud ficcional de la película. Todo relato tiene, como base estética, la necesidad de mostrar con transparencia lo que quiere narrarnos. Medem propone una experimentación forzada donde sus encuadres no alimentan con igual intensidad los sentimientos que trasmiten sus personajes. La película es un cúmulo de escenas carentes de autenticidad. Lo artificial impera en una puesta en escena que quiere sorprender y acaba por aburrir e irritar.

caoticaana3.jpgLa secuencia del principio ilustra lo que intentamos analizar. Mientras Ana aparece bailando poseída por la mezcla lisérgica del éxtasis, imbuida de un apetito sexual, Medem representa, de la forma más grosera y banal, su desenfreno sexual con la metáfora-imagen de un caballo empalmado.

Caótica Ana, desde el principio, sufre de una excesiva creencia en la “autoría cinematográfica”. Medem quiere dejar su trazo como creador único, buscando una originalidad que sólo brota en la necesidad de amar de los protagonistas, pero no de la caligrafía pedante del director.