LO QUE SÉ DE LOLA (4)

  05 Enero 2008

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Título original: Ce que je sais de Lola
País, año: Francia-España, 2006
Dirección: Javier Rebollo
Intérpretes: Michaël Abiteboul, Lola Dueñas, Carmen Machi, Lucienne Deschamps
Guión: Lola Mayo, Javier Rebollo
Producción: Lazennec & Associés, Lolita Films, Malvarrosa Media
Fotografía: Santiago Racaj
Montaje:  Ángel Hernández Zoido
 Duración: 112 minutos

Paciente espera
Escribe Daniela T. Montoya

Lo que sé de Lola (Ce que je sais de Lola, 2006) es una coproducción hispano-francesa cuya historia se sustenta sobre un hombre, León (Michaël Abibeboul) que observa a la mujer que da título a la película, Lola (magnífica Lola Dueñas). Y eso es lo que hace su director Javier Rebollo, observar. Examinar con atención a través de la cámara. Atender al personaje de León para ponerse en su piel. Para ser sus ojos. Para advertir lo que ve. Para mirar lo que retiene su atención. Para atisbar cómo Lola le captura.

loquesedelola1.jpgPersonajes solitarios, León y Lola comparten caminos, pero no se encuentran. Ella vaga por la vida, buscando aferrarse a algo en una ciudad donde no tiene nada. Él habita en la soledad de su existencia. Vidas repletas de carencias que podrían subsanarse mutuamente. Pero, aunque León lo sabe todo de ella, Lola ni siquiera conoce la existencia de él.

León observa desde lejos cada paso que ella da, cada gesto que hace. Hurga en su basura para saber más de ella, a la vez que vela por su bienestar. La actitud de León no es exactamente voyeurista, porque no se recrea con el simple placer de mirar; ni tampoco le mueve la obsesión, ya que su mirada no está distorsionada. Lola es una mujer que vive sola y que a veces tiene días malos, y a veces días menos malos. Por ello, podríamos asociar a León con el vigilante que examina con atención, pero también que vela con cuidado, dispuesto a atender las necesidades de aquello a lo que está al cargo. Eso sí, sin cruzar la frontera de la invisibilidad. Ninguno de los dos aceptaría la caridad (entrega implica recepción). Ha de ser el destino quien los una (o los desuna).

loquesedelola3.jpgGuarda similitud la película de Rebollo con la que posteriormente realizó José Luís Guerín, En la ciudad de Sylvia (2007). Historias de amor distantes en los que el proceso paciente de búsqueda y espera sirve para desvelar los deseos ocultos. La acción se concentra en la atención de lo más nimio, lo más simple. Aquello que, sin más, transita ante la mirada. Porque fijarse en lo aparentemente intranscendente sirve para revelarnos el atractivo de las cosas. Tanto de lo observado, como de quien observa. Confiar en las positivas previsiones del horóscopo anima a volver a salir al mundo; mientras que errar en la predicción de las acciones remarca la falta de atención. Ambas cosas las registra Rebollo sin intervenir, sin dictar al oído del espectador aquello en lo que debe fijarse. Sin resaltar lo significativo. Las cosas, simplemente, acontecen. Y el espectador se une a este proceso de observación.

Un estilo narrativo austero, similar al de Jaime Rosales, requiere la complicidad paciente del espectador. León busca a la mujer amada, pero espera a ser encontrado. Por ello no es lícito provocar los acontecimientos. El espectador debe acompañar a León en esa espera, estar a la loquesedelola2.jpgexpectativa de lo imprevisible. Sumar fragmentos de la realidad de Lola, captar reacciones, aportar pequeñas transformaciones y… continuar esperando. Sólo así, sin “irrumpir” en su vida, podremos aproximarnos a su vivencia. De aquí que la precisión cronológica, al igual que ocurría en Deseando amar (In the mood for love, 2000), sea irrelevante. Porque la sucesión inconcreta del paso del tiempo sirve para ahondar en ese estado letárgico que caracteriza a ambos sujetos, deambulantes a la espera de una caricia.

Con Lo que sé de Lola, Rebollo sorprende en su debut en el largometraje al desmarcarse de los estilos convencionales. Navegando a contracorriente de las tendencias comerciales, el director madrileño asume el riesgo de hacer un cine tan personal como interesante. Confiamos en que Lo que sé de Lola no se convierta en una isla en su carrera cinematográfica.