ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS (3)

  18 Septiembre 2010

Una Alicia gótica extrañamente convencional

Alicia en el país de las maravillasMientras que gran parte del planeta ya puede disfrutar de la visita de Tim Burton al extravagante mundo creado por Lewis Carroll, a la que le ha dedicado dos años de su vida, en España todavía hay que esperar a mediados de abril. La expectación es palpable. Durante meses nos han ido llegando imágenes fantásticas que prometen una incursión formidable en el universo burtoniano. Y lo es. Hasta cierto punto.

El guión de la muy disneyana Linda Woolverton, responsable entre otros de El rey león (1994), se basa en Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas (1865) y A través del espejo (1872), dos de los libros que escribió el sacerdote, matemático, fotógrafo y escritor británico Charles Lutwidge Dodgson bajo el pseudónimo de Lewis Carroll. Woolverton le ha dado a Alicia un toque feminista que contrasta con la realidad que experimentaban las mujeres de la época victoriana.

Aquí, una Alicia de diecinueve años (la australiana Mia Wasikowska), inconformista, incomprendida, condenada a un matrimonio de conveniencia, vuelve a seguir al Conejo Blanco (Michael Sheen) y regresa al  lugar que bautizó como País de las Maravillas años atrás. Apenas recuerda las aventuras que vivió de niña y está convencida de que se encuentra en otro sueño. Allí se reencuentra con el Sombrerero Loco (Johnny Depp), la valiente Lirón (Barbara Windsor), la loca Liebre de Marzo (Paul Whitehouse), el sabio ciempiés Absolem (Alan Rickman), el elusivo Gato de Cheshire (Stephen Fry), los cómicos gemelos Tweedledee y Tweedledum (Matt Lucas), y otros muchos. Todos ellos se preguntan por la identidad de esta Alicia adolescente, pues saben que la Alicia que los visitó cuando tenía seis años ha de retornar y matar a Jabberwocky (un dragón con la voz de Christopher Lee), acabando así con el despótico reinado de la Reina Roja (Helena Bonham Carter).

En esta película vemos el universo burtoniano en todo su esplendor: dos mundos opuestos, el real (aburrido, lleno de convenciones, restricciones y limitaciones) y el imaginario (divertido, colorido, inesperado, libre y más que un poco loco); maravillosos decorados góticos con árboles de ramas retorcidas, monstruos y personajes singulares, la fantástica música de Danny Elfman, hermosas imágenes, árboles y arbustos podados en formas imaginativas, una protagonista inadaptada e incomprendida… Y aquí reside el problema: todo esto ya lo hemos visto, una y otra vez.

En esta película vemos el universo burtoniano en todo su esplendor

El aspecto formal, desde los decorados a la fotografía, el maquillaje y el vestuario, es imaginativo e impecable. El problema, como decíamos, es la repetición. Esto incluye, por mucho que me duela reconocerlo, la música de Danny Elfman. Sentada en la butaca de un cine abarrotado, con una gafas incómodas que distraen más que otra cosa en este intento desesperado de salvar las salas cinematográficas, me di cuenta con horror que me estaba aburriendo. Esto ya lo he visto (y escuchado) antes en historias mucho mejor contadas, pensé con desmayo.

Cuando Disney le ofreció el proyecto a Burton, el director vio la oportunidad de crear la “versión definitiva” de una historia llevada a la pantalla en más de treinta ocasiones. Curiosamente, Burton ha declarado que siempre ha odiado a la Alicia de las adaptaciones, una niña, según él, muy pesada y extraña. El cineasta quería que su Alicia fuera un personaje con el que poder identificarse, más callada, introvertida, incómoda en su propia piel, sin saber cómo afrontar la vida, alguien joven y al mismo tiempo con un alma vieja. Quería, en definitiva, mostrar la historia de una joven que encuentra su propia fortaleza.

Sin embargo, encontramos un abismo entre esta intención y el resultado. Esta Alicia adolescente, con su tez pálida, sus ojeras y su expresión enfurruñada, gótica y asexuada, se convierte en una heroína no demasiado atrayente, extrañamente descafeinada. Burton, mucho me temo, no parece estar especialmente interesado en ella.

Existen, hay que mencionarlo, momentos de humor y de excitación, que salvan la experiencia de ser un completo fracaso. Entre las mejores bazas de la película encontramos el formidable elenco de actores británicos, muchos de ellos antiguos colaboradores de Burton. Timothy Spall presta su voz a Bayard, el fiel sabueso, mientras Stephen Fry es perfecto como el Gato de Cheshire (en este hermoso condado al norte de Inglaterra, donde nació Carroll, los gatos, tristemente, no sonríen en la vida real). Me parece, no obstante, que la voz de Christopher Lee como el Jabberwocky queda desaprovechada, aunque esto se debe más bien a la futilidad del personaje en sí.

Johnny Depp parece pasárselo en grande en su séptima colaboración con Burton, interpretando otro de sus personajes con un toque de locura

Johnny Depp parece pasárselo en grande en su séptima colaboración con Burton, interpretando otro de sus personajes con un toque de locura, esta vez más literal que el de Willy Wonka o Sweeney Todd. El Sombrero Loco (en inglés, la expresión “estar más loco que una cabra” se expresa con “estar tan loco como un sombrerero”) le da la oportunidad de esconderse tras una caracterización extrema (densa capa de maquillaje, desordenada peluca y cejas naranjas, ojos amarillos de hipnóticas pupilas) y jugar con una multitud de acentos y amaneramientos.

Uno de los personajes más memorables de esta película es el de la Reina Roja, interpretada magníficamente por Helena Bonham Carter. Despótica y petulante como una niña malcriada, con una tendencia a gritar “que le corten la cabeza” bajo el menor pretexto, luce una cabeza enorme sobre un cuerpo frágil y diminuto y unos labios en forma de corazón. Su corte está formada un grupo de aduladores y (falsos) freaks. La Reina Roja nos recuerda a la reina Isabel interpretada por Bette Davis, pero también posee una mirada cándida capaz de transmitir, a pesar de todo, ingenuidad, dulzura y vulnerabilidad.

En contraste con el carácter colorido y extremo del Sombrero Loco, la Reina Roja y otros pobladores de esta tierra maravillosa, la Reina Blanca interpretada por Anne Hathaway parece tremendamente cursi e insípida en comparación. Su caracterización, opuesta a la de su hermana, con largos cabellos blancos, espesas cejas oscuras, grandes labios y movimientos lánguidos, tiene algo que chirría. Además, vive en un castillo sospechosamente parecido al del logotipo de Disney, una no muy sutil autopropaganda por parte del estudio. A pesar de los defectos de la Reina de Roja, uno espera más diversión y excitación de su reinado que del de la sosa de su hermana.

Cabe preguntarse: ¿por qué darle a Alicia una misión? ¿Qué mal ha causado el pobre dragón para que merezca morir a manos de una Alicia reconvertida en Juana de Arco? ¿Tiene Alicia que demostrar violencia externa para darse cuenta de su fuerza interior? Burton parece darse cuenta de lo ridículo de esta propuesta, pues la dirección de estas innecesarias escenas de acción (que nos recuerdan a una versión light de El señor de los anillos) resulta torpe y sin vida. Lo mismo podría decirse de la improbable escena final, donde Alicia parte sola hacia China con la aquiescencia de su familia.

Uno de los personajes más memorables de esta película es el de la Reina Roja, interpretada magníficamente por Helena Bonham Carter

Carroll, genio de la literatura del absurdo, creó uno de los personajes más extravagantes que se hayan visto. Es una pena que el guión, que podría haber aunado las imaginaciones de Burton y Carroll con un resultado mucho más satisfactorio, anárquico e imaginativo, acabe cayendo de pleno dentro de lo convencional y previsible, convirtiendo la segunda parte de la película en una experiencia tediosa. Esta historia contiene tanto potencial desaprovechado, una reflexión sobre la identidad, sobre la locura, sobre la naturaleza de los sueños y la realidad, sobre la libertad individual frente a las constricciones de la sociedad… Y queda además tan lejos de ser una celebración del absurdo y de la imaginación desbocada…

Si en la película se cuestiona incesantemente la identidad de Alicia y se la acusa de haber perdido su “aliciedad”, lo mismo se podría aplicar a Tim Burton. Mientras Pesadilla antes de Navidad fue una película de Burton producida por Disney, Alicia es una película de Disney diseñada por Burton: toda la superficie y apenas una pizca de su esencia. Una no puede sino echar de menos la profundidad y significado de trabajos como Eduardo Manostijeras, Ed Wood o Big Fish.

Si en la película se cuestiona incesantemente la identidad de Alicia y se la acusa de haber perdido su “aliciedad”, lo mismo se podría aplicar a Tim Burton

Después de haber pasado varios años estudiando los filmes de Burton en detalle, soy consciente de que mi opinión divergirá de la mayoría de los espectadores. La película está siendo un éxito de taquilla y estoy segura de que será del gusto de una variedad de público. Y eso está bien. Imagino que aquellos demasiado jóvenes para haber visto sus anteriores películas, o aquellos menos familiarizados con el trabajo de Burton, no la encontrarán repetitiva y falta de alma.

Otros, como yo misma, esperarán con ilusión el momento en que el señor Burton recupere su burtonidad.

Escribe Lucía Solaz Frasquet 

 Título  Alicia en el País de las Maravillas
 Título original  Alice in Wonderland
 Director  Tim Burton
 País y año  Estados Unidos, 2010
 Duración  150 minutos
 Guión  Linda Woolverton
 Producción  Walt Disney Pictures, Zanuck Company, The, Tim Burton Productions, Team Todd, Tim Burton Animation Co.
 Distribución  Walt Disney Pictures
 Intérpretes  Mia Wasikowska, Johnny Depp, Anne Hathaway, Michael Sheen, Helena Bonham Carter
 Fecha estreno  11/09/2010
 Página web  http://adisney.go.com/disneypictures/aliceinwonderland/